TRUMP

La Tribuna (Los Angeles, Chile) - - OPINIÓN -

Se­ñor Di­rec­tor: Lo ca­li­fi­can co­mo un egó­la­tra sin fil­tro y fur­ti­vo. - Sí, ¡¿ y qué?! -. Con­tes­ta; sa­be que al fi­nal del día los res­pon­sa­bles de la ley y el or­den co­men co­mo to­dos; se aba­ni­ca. La jus­ti­cia, mu­cho más re­le­van­te que la ley, en es­te per­so­na­je bri­lla aún más por su to­tal au­sen­cia. Sus ideas so­cia­les, eco­nó­mi­cas, va­ló­ri­cas y de to­do ti­po son co­mo sus cor­ba­tas: aprie­tan un po­co, se aflo­jan, se cam­bian, son pu­ra fa­cha y duer­me sin ellas; in­mu­ta­ble, im­per­té­rri­to. Sus atri­bu­tos: se pei­na, ha­bla de co­rri­do, pin­to­res­co y canchero. Ser un mul­ti­mi­llo­na­rio es en el fon­do un de­mé­ri­to de aca­pa­ra­mien­to que com­par­te con otros po­cos y que am­bi­cio­nan mu­chos dé­bi­les de es­pí­ri­tu y permea­bles a la pu­bli­ci­dad en­ga­ño­sa. En re­su­men; es una ca­la­mi­dad de pú­bli­co co­no­ci­mien­to. Una lás­ti­ma por él.

La cues­tión de fon­do es que él tram­pe­ro Trump es el ideal de la ma­yo­ría de los es­ta­dou­ni­den­ses, si no fue­se así, otra ga­lli­na ca­carea­ría en la Ca­sa Blan­ca; no me­jor, dis­tin­ta­men­te tor­ci­da. Pe­ro ahí es­tá el tram­pe­ro; de al­gún cui­da­do pa­ra los que no so­mos “ame­ri­ca­nos”, aun cuan­do vi­va­mos y mu­ra­mos en Amé­ri­ca, aun cuan­do ten­ga­mos san­gre abo­ri­gen; pa­ra los elec­to­res de Trump so­mos sim­ple­men­te una sub­es­pe­cie: los su­da­cas, los in­fra nue­vo mu­ro; si­tial que com­par­ti­mos con mu­sul­ma­nes, asiá­ti­cos, afri­ca­nos y otros. Per­so­nal­men­te lo agra­dez­co.

¿Qué ha­ce­mos? - Es­pe­ra­mos que ha­ga su mu­ri­to y pin­tar unos mu­ra­les, ob­vio. Lue­go nos re­co­no­ce­mos y res­pe­ta­mos co­mo co­rres­pon­de. Y que ellos se co­ci­nen in­tra­mu­ros. Vic­to Fiee­ro

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