Sis­te­ma electoral en EE. UU. y le­gi­ti­mi­dad del ga­na­dor

La Tribuna (Los Angeles, Chile) - - REDACCIÓN - Cons­tan­za Fer­nán­dez Dan­cea­nu Abo­ga­da y analista in­ter­na­cio­nal Di­rec­to­ra de Cien­cias Po­lí­ti­cas y Ges­tión Pú­bli­ca USS

El sis­te­ma electoral es­ta­dou­ni­den­se es com­ple­jo. La vo­ta­ción es in­di­rec­ta, es de­cir, ca­da ciu­da­dano vo­ta por un can­di­da­to, pe­ro la elec­ción se de­ci­de a tra­vés del Co­le­gio Electoral. Es­te or­ga­nis­mo es­tá con­for­ma­do por 538 elec­to­res que re­pre­sen­tan a to­dos los es­ta­dos y al Dis­tri­to Fe­de­ral, de acuer­do con el nú­me­ro de con­gre­sis­tas que tie­ne ca­da uno, lo que a su vez se de­ter­mi­na, en el ca­so de la Cá­ma­ra de Re­pre­sen­tan­tes, de acuer­do con el nú­me­ro de ha­bi­tan­tes de ca­da estado, y en el ca­so del Se­na­do, con dos se­na­do­res por estado, sin im­por­tar el nú­me­ro de ha­bi­tan­tes.

La re­gla es que los vo­tos de to­dos los elec­to­res de un estado van al can­di­da­to que ob­ten­ga más vo­tos en ese estado. Es­to tie­ne una con­se­cuen­cia cla­ra: pa­ra ga­nar la elec­ción se re­quie­re ga­nar en la ma­yor can­ti­dad de es­ta­dos, es­pe­cial­men­te en los más gran­des (que tie­nen más elec­to­res), aun­que sea por una di­fe­ren­cia mí­ni­ma. Ga­nar en al­guno con una gran di­fe­ren­cia de vo­tos es irre­le­van­te pa­ra el re­sul­ta­do fi­nal.

Es por ello que Do­nald Trump ven­ció a Hi­llary Clin­ton aun­que ella ha­ya ob­te­ni­do so­bre 400 mil vo­tos de ven­ta­ja, con un abru­ma­dor re­sul­ta­do de 290 con­tra 228 vo­tos elec­to­ra­les (de acuer­do con las ci­fras ofi­cia­les al día de hoy, con 20 vo­tos elec­to­ra­les dis­po­ni­bles aún). Clin­ton ga­nó só­lo en 20 es­ta­dos y en Was­hing­ton D.C., mien­tras que Trump se lle­vó 30 es­ta­dos.

El sis­te­ma ha si­do fuer­te­men­te cri­ti­ca­do y la po­si­bi­li­dad de en­men­dar­lo ha si­do dis­cu­ti­da en in­nu­me­ra­bles oca­sio­nes. Se plan­tea que fue es­ta­ble­ci­do de esa for­ma pa­ra equi­li­brar los in­tere­ses de los es­ta­dos, pa­ra que ten­ga re­pre­sen­ta­ti­vi­dad tan­to la vo­lun­tad lo­cal como la na­cio­nal.

Y aun­que só­lo en cin­co oca­sio­nes el sis­te­ma ha per­mi­ti­do ele­gir al can­di­da­to que ob­tu­vo un me­nor nú­me­ro de vo­tos di­rec­tos, jus­ti­fi­car la abis­mal di­fe­ren­cia en­tre que un estado entregue 55 elec­to­res y otro entregue so­lo tres es com­ple­jo.

Pe­ro más allá de los cues­tio­na­mien­tos so­bre lo de­mo­crá­ti­co/an­ti­de­mo­crá­ti­co del te­ma, un fac­tor im­por­tan­te a ana­li­zar es la par­ti­ci­pa­ción. Me­nos de un 60% de las per­so­nas ha­bi­li­ta­das pa­ra vo­tar con­cu­rrió a las ur­nas. Eso sig­ni­fi­ca que Trump ga­nó con me­nos del 30% de los vo­tos.

Cla­ra­men­te es­te fe­nó­meno tras­cien­de las fron­te­ras del país del nor­te, pe­ro in­quie­ta es­pe­cial­men­te con­si­de­ran­do la im­por­tan­cia po­lí­ti­ca, mi­li­tar y eco­nó­mi­ca que Es­ta­dos Uni­dos re­pre­sen­ta. Que un por­cen­ta­je tan pe­que­ño de la po­bla­ción sea la que eli­ja a quien no so­lo in­fluen­cia­rá, sino que en gran me­di­da de­ter­mi­na­rá la agen­da in­ter­na­cio­nal, de­be­ría preo­cu­par­nos.

Do­nald Trump ven­ció a Hi­llary Clin­ton aun­que ella ha­ya ob­te­ni­do so­bre 400 mil vo­tos de ven­ta­ja, con un abru­ma­dor re­sul­ta­do de 290 con­tra 228 vo­tos elec­to­ra­les (de acuer­do con las ci­fras ofi­cia­les al día de hoy, con 20 vo­tos elec­to­ra­les dis­po­ni­bles aún).

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