Ru­ti­na pa­ra afir­mar la piel suel­ta en la par­te ba­ja del ab­do­men

Exis­ten ejer­ci­cios en­fo­ca­dos en desa­rro­llar los múscu­los en la par­te ba­ja de tu ab­do­men, lo que le da­rá a la piel una apa­rien­cia fir­me.

La Tribuna (Los Angeles, Chile) - - BIENESTAR -

La piel suel­ta en la par­te ba­ja del ab­do­men no es un pro­ble­ma mé­di­co se­rio, pe­ro pue­de ser des­alen­ta­dor. Es­to usual­men­te su­ce­de cuan­do pier­des mu­cho pe­so rá­pi­da­men­te o al te­ner un be­bé. Si tie­nes piel suel­ta en es­ta área y no quie­res atra­ve­sar una arries­ga­da ci­ru­gía, exis­ten ejer­ci­cios en­fo­ca­dos en desa­rro­llar los múscu­los en la par­te ba­ja de tu ab­do­men, lo que le da­rá a la piel una apa­rien­cia fir­me.

ejer­ci­cios COL­GAN­DO

Exis­ten múl­ti­ples ejer­ci­cios pa­ra los ab­do­mi­na­les ba­jos que se rea­li­zan es­tan­do col­ga­da en una ba­rra ( pull-up bar). Pa­ra ha­cer un le­van­ta­mien­to es­tán­dar de ro­di­llas, aga­rra la ba­rra con las ma­nos a la dis­tan­cia en­tre tus hom­bros, lle­va a las ro­di­llas has­ta tu pe­cho y bá­ja­las de nue­vo. Pa­ra ha­cer una pro­gre­sión, man­tén a tus pier­nas rec­tas al ele­var­las e in­ten­ta ni­ve­lar­las con el sue­lo. Pa­ra au­men­tar aún más la di­fi­cul­tad, haz ele­va­cio­nes de ti­je­ra en las que al­ter­nas a tus pier­nas en un mo­vi­mien­to de ti­je­ra. Al ha­cer to­dos es­tos ejer­ci­cios de­bes man­te­ner quie­ta la par­te su­pe­rior de tu cuer­po. Pa­ra au­men­tar la re­sis­ten­cia, usa un par de pe­sas en los to­bi­llos.

Des­li­za­mien­tos

Los des­li­za­mien­tos ejer­ci­tan a la par­te su­pe­rior e in­fe­rior e tu ab­do­men con la ayuda de una toa­lla y una su­per­fi­cie res­ba­lo­sa. Des­pués de co­lo­car tus ma­nos en el sue­lo a la dis­tan­cia en­tre tus hom­bros, co­lo­ca tus pies en una toa­lla y le­van­ta tu ca­de­ra pa­ra en­de­re­zar tu es­pal­da. Des­li­za la toa­lla en el pi­so a me­di­da que le­van­tas a tu ca­de­ra en el ai­re y mue­ves tus pies ha­cia tu ca­be­za. Ex­tien­de tus pier­nas ha­cia atrás y re­pi­te. Pa­ra au­men­tar el desafío e in­ten­si­dad en tu es­tó­ma­go, al­ter­na usan­do un pie a la vez. Ase­gú­ra­te de man­te­ner rec­tos a tus bra­zos, es­pal­da y pier­nas du­ran­te to­do el ejer­ci­cio.

DE­DOS A Pies

Es­te ejer­ci­cio se en­fo­ca en la par­te su­pe­rior e in­fe­rior del ab­do­men y se rea­li­za es­tan­do re­cos­ta­da so­bre tu es­pal­da. Des­pués de ele­var tus pier­nas y ni­ve­lar tus pies con el te­cho, sube tus bra­zos fren­te a tu cuer­po has­ta que es­tén pa­ra­le­los a tus mus­los. Le­van­ta tu tor­so e in­ten­ta to­car los de­dos de tus pies. Al ha­cer­lo, ten­sa tus ab­do­mi­na­les con fuer­za, ba­ja len­ta­men­te y re­pi­te. Co­mo una va­ria­ción, al­ter­na ba­jar una pier­na al sue­lo a me­di­da que ba­jas tus hom­bros. Pa­ra au­men­tar la re­sis­ten­cia en es­te ejer­ci­cio, usa pe­sas de to­bi­llos y sos­tén una pe­lo­ta de ejer­ci­cio en tus ma­nos.

CÍRCU­LOS CON PIER­NAS

Los círcu­los con pier­nas son ejer­ci­cios de Pi­la­tes que se rea­li­zan es­tan­do re­cos­ta­da so­bre tu es­pal­da. Con los bra­zos a los la­dos y las pier­nas fren­te a ti, ele­va am­bas pier­nas y di­bu­ja círcu­los ima­gi­na­rios en el ai­re en el sen­ti­do del re­loj. Des­pués de ha­cer una se­rie de re­pe­ti­cio­nes, cam­bia de di­rec­ción. De nue­vo, si quie­res au­men­tar la re­sis­ten­cia, usa pe­sas en los to­bi­llos. Si sien­tes pre­sión en la par­te ba­ja de tu es­pal­da, co­lo­ca tus ma­nos de­ba­jo de tu co­la.

Ba­jar de pe­so y ver los re­sul­ta­dos del gran es­fuer­zo que has he­cho, es uno de los me­jo­res mo­ti­va­do­res que hay.

Se­ma­na tras se­ma­na hi­cis­te ejer­ci­cio, me­jo­ras­te tu nu­tri­ción, agre­gas­te al­gu­nos há­bi­tos sa­lu­da­bles a tu vi­da y por fin vis­te los re­sul­ta­dos.

Por un la­do la ro­pa te que­da mu­chí­si­mo más suel­ta, tie­nes ener­gía de so­bra y te sien­tes mu­cho me­jor con­ti­go mis­mo, pe­ro no­tas que aho­ra tie­nes piel flá­ci­da que te cuel­ga de al­gu­nas par­tes de tu cuer­po.

¿POR QUÉ la Piel Se Po­ne FLÁ­CI­DA DES­PUÉS De BA­JAR De Pe­so?

Lo que pri­me­ro de­bes en­ten­der, es que la piel es pro­ba­ble­men­te el ór­gano que más se es­ti­ra en to­do nues­tro or­ga­nis­mo. A me­di­da que cre­ce­mos, to­da la piel se va ha­cien­do más elás­ti­ca al mis­mo tiem­po que se ve re­ge­ne­ran­do, pro­ce­so que se ve afec­ta­do por la for­ma en que tra­ta­mos nues­tra piel y en ge­ne­ral nues­tro or­ga­nis­mo.

Cuan­do per­de­mos pe­so, y es­pe­cial­men­te cuan­do per­de­mos pe­so rá­pi­da­men­te, le da­mos muy poco tiem­po a nues­tra piel pa­ra que se adap­te a la nue­va for­ma que aho­ra tie­ne tu cuer­po, lo que re­sul­ta en esa piel “de so­bra” que tie­nes aho­ra.

Ade­más, si per­dis­te pe­so me­dian­te una die­ta res­tric­ti­va don­de no le dis­te un buen ba­lan­ce de nu­trien­tes a tu cuer­po y/o no lo hi­dra­tas­te bien, el re­sul­ta­do pue­de ser una piel más flá­ci­da de lo que es­pe­ra­bas.

AGRE­GA PRO­TEÍ­NA MAGRA A TU DIE­TA

Al ase­gu­rar­te de con­su­mir fuen­tes ma­gras de pro­teí­na to­dos los días (es­pe­cial­men­te si ha­ces ejer­ci­cio) le es­tás ayu­dan­do a tu cuer­po a crear te­ji­do mus­cu­lar, el cual te ayu­da­rá a ver­te más to­ni­fi­ca­do(a) al for­ta­le­cer los te­ji­dos in­ter­nos de tu piel.

Ade­más, al con­su­mir co­mi­das ri­cas en pro­teí­na co­mo pa­vo, sal­món, hue­vos y le­gum­bres, le da­rás a tu cuer­po su bue­na ra­ción de co­lá­geno y elas­ti­na, 2 com­po­nen­tes que man­ten­drán tu piel fuer­te y elás­ti­ca. Tam­bién ase­gú­ra­te de dar­le a tu cuer­po una bue­na do­sis de pro­teí­na des­pués de tu en­tre­na­mien­to de fuer­za ya que lo que das a tu cuer­po en los mi­nu­tos si­guien­tes a en­tre­nar, in­flui­rán mu­cho en có­mo tus te­ji­dos se re­pon­drán.

A ve­ces lo más fá­cil y más prác­ti­co es to­mar­te un ba­ti­do de pro­teí­nas, só­lo te to­ma un par de mi­nu­tos pre­pa­rar­lo y te ase­gu­ras de no só­lo con­su­mir una bue­na fuen­te de pro­teí­na sino una bue­na fuen­te de car­bohi­dra­tos, am­bos te ayu­da­rán a re­cu­pe­rar­te más rá­pi­da­men­te y a dar­te ener­gía.

¿ Cuán­ta pro­teí­na de­bes co­mer? Muy fá­cil. Si eres mu­jer, haz lo po­si­ble por con­su­mir una por­ción de pro­teí­na por co­mi­da. Si eres hom­bre, 2 por­cio­nes. Una por­ción de pro­teí­na equi­va­le a la pal­ma de tu mano. Más sen­ci­llo no po­dría ser.

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