Sin Ma­qui­lla­je

con Ber­nar­di­ta Sil­va

Mamá y Bebé - - Insta Baby - Por Na­ta­lia He­rre­ra Gon­zá­lez

Ma­má de dos ni­ños y ma­qui­lla­do­ra full ti­me, es­ta mu­jer ha­ce ma­ra­vi­llas pa­ra di­vi­dir sus días en­tre su fa­mi­lia y su tra­ba­jo. Aquí Ber­ni pu­do ha­cer un stop en su aje­trea­da agen­da pa­ra con­tar­nos un po­co más so­bre su día a día.

De­di­ca­da al ma­qui­lla­je re­la­cio­na­do con la in­dus­tria de la mo­da, Ber­nar­di­ta se ha des­ta­ca­do por realiYar tra­ba­jos úni­cos con gran­des mar­cas y editoriales del país. Hoy a sus 38 años nos cuen­ta có­mo ha si­do el pro­ce­so de ser ma­dre de Luca y Bruno (6 y 4 años res­pec­ti­va­men­te) y có­mo ha lo­gra­do es­tar pre­sen­te en la cria­nYa de sus hi­jos a pe­sar de te­ner un tra­ba­jo sin ho­ra­rios.

Con­ver­sa­mos sin ma­qui­lla­je con @Ber­niSil­va pa­ra sa­ber un po­co más so­bre su vi­da y de có­mo lo ha­ce pa­ra ser una ma­má que tra­ba­ja 24/7 pe­ro que es­tá muy pre­sen­te con sus hi­jos, so­bre to­do des­de que se se­pa­ró. Hoy vi­ve ese pro­ce­so jun­to a sus ni­ños, quie­nes le han brin­da­do un apo­yo fun­da­men­tal.

¿Cuán­do y por­qué de­ci­dis­te in­cur­sio­nar en el mun­do del ma­qui­lla­je?

Lle­gue a él por ca­sua­li­dad... Soy au­to­di­dac­ta e hi­ce un par de cur­sos, pe­ro la ver­dad es que nun­ca fui de pin­tar­me y no me atraía la be­lleYa. Mi pa­sión iba más por la mo­da y lo ar­tís­ti­co. Es­ta­ba full me­ti­da en el mun­do del ar­te y un ve­rano co­no­cí a Cons­ta­nYa Mar­tí­neY, una gran ma­qui­lla­do­ra que hoy vi­ve en SuiYa y que si­gue sien­do una maes­tra pa­ra mí. Ella me in­vi­tó a asis­tir­la y a pe­sar de que era un mun­do des­co­no­ci­do acep­té… Des­de esa pri­me­ra veY ya lle­vo 13 años en el rubro.

¿Có­mo fue el pro­ce­so de con­ver­tir­te en ma­má?

Fui ma­má por pri­me­ra veY a los 31 años, fue un pro­ce­so su­per­na­tu­ral, muy bus­ca­do y eterno… ¡Luca na­ció de 41 se­ma­nas! El par­to ha si­do lo más her­mo­so que he ex­pe­ri­men­ta­do en la vi­da.

¿En qué se di­fe­ren­ció ca­da em­ba­ra­zo?

El pri­me­ro me dio más ner­vios por­que iba a lo des­co­no­ci­do; mien­tras que con el se­gun­do to­do flu­yó más fá­cil, a pe­sar de que es­tu­ve un mes en ca­ma por pla­cen­ta pre­via. Sen­tir el mie­do de per­der a tu gua­gua fue una eta­pa com­pli­ca­da. Hoy mi­ro a Bruno y no sé qué ha­bría he­cho si se hu­bie­ra ido an­tes de na­cer.

¿Có­mo de­fi­ni­rías a ca­da uno de tus hi­jos?

Luca sú­per ac­ti­vo y cu­rio­so; nun­ca ha ju­ga­do con juguetes, a él le gus­ta ha­cer ma­que­tas, leer y ver do­cu­men­ta­les. Es muy in­te­li­gen­te y sen­si­ble, es co­mo un al­ma vie­ja, preo­cu­pa­do de to­dos quie­nes lo ro­dea­mos. Y tam­bién es un gran de­por­tis­ta, le en­can­ta sur­fear. Por su par­te, Bruno es un crea­ti­vo in­trín­se­co, le gus­tan los idio­mas, la mú­si­ca (The Beatles, Queen y Da­vid Bo­wie es­tán en­tre sus fa­vo­ri­tos), la da­nYa y el tea­tro. El ar­te co­rre por sus ve­nas... es muy per­fec­cio­nis­ta y ul­tra ca­ri­ño­so al mis­mo tiem­po.

¿Es di­fí­cil com­pa­ti­bi­li­zar tu tra­ba­jo con la ma­ter­ni­dad?

La ver­dad que sí, un po­co... Mis ho­ra­rios son lar­gos y mis res­pon­sa­bi­li­da­des son mu­chas. Es­toy se­pa­ra­da ha­ce 1 año, por lo que soy el to­do en mi ca­sa y eso se ha­ce un po­co cues­ta arri­ba, pe­ro se con­si­gue. Ten­go una red de apo­yo ma­ra­vi­llo­sa (mi fa­mi­lia es lo má­xi­mo), una na­na que es una ma­má más pa­ra mis ni­ños y unos hi­jos con quie­nes pue­do con­ver­sar y ex­pli­car­les có­mo es mi tra­ba­jo, y lo en­tien­den. No tran­so las no­ches sin lec­tu­ra o al­gu­na pe­lí­cu­la con ellos y me­nos los fi­nes de se­ma­na de ha­cer co­sas jun­tos… Son esas ins­tan­cias en don­de lo­gro po­ner­me al día con ellos y equi­li­brar el tiem­po en que no es­toy.

¿Có­mo te de­fi­nes co­mo ma­má?

¡Ab­so­lu­ta­men­te lo­ca! En nues­tra ca­sa nos des­per­ta­mos con mú­si­ca y bai­les, con mu­chos be­sos y abra­zos. Pe­ro tam­bién sú­per exi­gen­te, so­bre to­do a la ho­ra de ha­blar de res­pe­to y to­le­ran­cia con lo que nos ro­dea.

¿Eres una ma­má pre­sen­te o cul­po­sa?

Ni lo uno ni lo otro. Nun­ca he si­do cul­po­sa. A pe­sar de tra­ba­jar mu­cho, ellos sa­ben que es la ma­má que les to­có y me quie­ren y ad­mi­ran por eso, siem­pre lo hablamos. Por lo mis­mo, no pue­do de­cir que es­toy to­do lo pre­sen­te que me gus­ta­ría, pe­ro siem­pre es­toy al tan­to de to­do, so­lu­cio­nan­do sus ne­ce­si­da­des y, por su­pues­to, siem­pre es­tá la ins­tan­cia de con­ver­sar de nues­tros días, de lo ma­lo y lo bueno y de acon­se­jar­nos.

¿Có­mo lle­gas­te a ser tan re­co­no­ci­da en el mun­do del ma­qui­lla­je?

Creo que uno nun­ca lle­ga a ese pun­to... y tam­po­co me sien­to tan re­co­no­ci­da. Creo que a la gen­te que le gus­ta mi tra­ba­jo y que quie­re tra­ba­jar con­mi­go es una con­se­cuen­cia de amar lo que ha­ces, de no pa­rar nun­ca, de se­guir es­tu­dian­do, de ob­ser­var, de ad­mi­rar siem­pre, de con­ti­nuar emo­cio­nán­do­te con ca­da fo­to o tra­ba­jo que ha­ces, de sa­ber es­tar aba­jo y arri­ba con hu­mil­dad, de res­pe­tar y de tam­bién ayu­dar a las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes.

¿Qué es pa­ra ti tu tra­ba­jo?

Par­te de mi al­ma. Es par­te de lo que me ha­ce vi­brar en la vi­da.

¿Cuá­les son los sue­ños que tie­nes a fu­tu­ro tan­to en lo pro­fe­sio­nal co­mo en lo fa­mi­liar?

En lo fa­mi­liar via­jar mu­cho con mis ca­cho­rros y mos­trar­les el mun­do, que co­noz­can gen­te, dis­tin­tas cul­tu­ras, etc. En lo pro­fe­sio­nal, se­guir es­tu­dian­do y apren­dien­do, y to­mar nue­vos desafíos que ten­gan que ver con la be­lle­za, pe­ro no ne­ce­sa­ria­men­te ma­qui­llan­do. Se vie­nen co­sas bue­nas y desafíos im­por­tan­tes…

¿Có­mo te gus­ta­ría que te re­cor­da­rán tus hi­jos cuan­do sean gran­des?

Co­mo una mu­jer que les mos­tró el mun­do y los ta­len­tos de es­te, que les dio he­rra­mien­tas in­fa­li­bles pa­ra lo­grar lo que quie­ran ser y ha­cer pa­ra ser fe­li­ces y res­pe­tar al pró­ji­mo; co­mo esa per­so­na que les en­se­ñó a vi­brar con ca­da co­sa, que lo­gró que ellos se sen­si­bi­li­za­ran tan­to con las co­sas pe­que­ñas co­mo con las enor­mes. Y tam­bién co­mo quien les en­se­ñó que de­cir te amo to­dos los días ha­ce que tu vi­da sea lo más cer­ca­na a la per­fec­ción.

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