Es­ce­nas de la His­to­ria

Gol­pe de Es­ta­do en Chi­le.

Muy Interesante (Chile) - - SUMARIO -

Fue el cor­sa­rio más cé­le­bre de su épo­ca, azo­te de los in­tere­ses es­pa­ño­les en el Atlán­ti­co y hom­bre de con­fian­za de Isa­bel I, rei­na de In­gla­te­rra. Falleció en Pa­na­má en 1596 y –ata­via­do en su ar­ma­du­ra, y de­po­si­ta­do su cuerpo en el in­te­rior de un ataúd– fue arro­ja­do al mar, si­guien­do el ri­tual tra­di­cio­nal en­tre ma­ri­nos, en al­gún lu­gar en las cer­ca­nías de Por­to­be­lo. Francis Dra­ke se con­vir­tió en las dé­ca­das su­ce­si­vas en un personaje le­gen­da­rio, y mu­chos ar­queó­lo­gos submarinos y ca­za­te­so­ros afi­cio­na­dos han, sin éxi­to has­ta la fecha, ex­plo­ra­do las aguas del Ca­ri­be en bus­ca de los res­tos mor­ta­les del pirata más icó­ni­co de la his­to­ria mo­der­na. Por el mo­men­to to­dos los in­ten­tos de lo­ca­li­zar su cuerpo han si­do en vano.

Nun­ca, con to­do, co­mo en 2011, cuan­do pa­re­ció tan cer­ca la po­si­bi­li­dad de acla­rar el mis­te­rio de una vez por to­das cuan­do una ex­pe­di­ción es­ta­dou­ni­den­se fi­nan­cia­da por el me­diá­ti­co em­pre­sa­rio Pat Cro­ce dio con los res­tos del nau­fra­gio de lo que apa­ren­te­men­te eran dos na­ves del pro­pio Dra­ke. Es­to ani­mó al equi­po de Cro­ce a re­do­blar es­fuer­zos en bus­ca del cuerpo de Dra­ke, gas­tan­do en el em­pe­ño enor­mes can­ti­da­des de di­ne­ro. Fi­nal­men­te, una vez más, los ca­za­te­so­ros tu­vie­ron que ren­dir­se sin ha­ber en­con­tra­do evi­den­cias só­li­das que in­di­ca­ran el pa­ra­de­ro del ca­dá­ver del cor­sa­rio. Así, los res­tos mor­ta­les de Francis Dra­ke per­ma­ne­cen aún hoy en al­gún lu­gar del fon­do del mar en aguas ca­ri­be­ñas.

ÍCONO. Es­ta­tua del cor­sa­rio in­glés Francis Dra­ke, le­yen­da del mar Ca­ri­be.

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