FA­MO­SAS Y SUS PA­PÁS

Pa­pás y pa­dras­tros. Al­gu­nos, lis­tos pa­ra ir a la can­cha con sus hi­jas de la mano; otros, pa­ra dar con­se­jos o reír­se. Tie­nen en co­mún un le­ga­do de amor y en­se­ñan­za que no se bo­rra. En es­te Día del Pa­dre, cin­co gran­des mujeres les ha­cen un ho­me­na­je.

NuevaMujer - - ÍNDICE - Por Ro­cío Ve­ne­gas Al­caíno. @_ay­ro­cio

Cin­co gran­des mujeres le agra­de­cen a sus padres

KA­REN ARAYA, fut­bo­lis­ta y se­lec­cio­na­da na­cio­nal

“Cuan­do era pe­que­ña, mi pa­pá me lle­va­ba con él a la can­cha don­de ar­ma­ban pi­chan­gas con sus ami­gos. Me me­tía a ju­gar con él y, aunque to­dos le decían ‘Ber­nar­do, es muy chi­ca, tie­ne cua­tro años’, él les con­tes­ta­ba que a mí me gus­ta­ba, que quería ju­gar. Aunque qui­zás de­be­ría ha­ber es­pe­ra­do a que fue­ra un po­co más gran­de, siem­pre se lo voy a agra­de­cer. Qui­zás por él em­pe­cé a amar es­te de­por­te”, dice en­tre ri­sas.

“Él me en­se­ñó el amor y la pa­sión por el fút­bol, to­do lo que sé es gra­cias a lo que me en­se­ña­ba cuan­do chi­ca. Se lo agra­dez­co mu­cho, por­que des­de que su­pe que lo que más quería era ju­gar al fút­bol, con mi ma­má siem­pre me apo­ya­ron. Es­tán con­mi­go siem­pre. Me van a ver ju­gar, apor­tan con crí­ti­cas y me ayu­dan a me­jo­rar. Pa­ra mí son realmente im­por­tan­tes, pi­la­res fun­da­men­ta­les en mi vi­da”.

CHI­QUI AGUAYO, co­me­dian­te y ac­triz

“Ten­go dos pa­pás: uno bio­ló­gi­co, Hum­ber­to, y un pa­dras­tro, Carlos Jor­que­ra. A los dos los quie­ro por igual y sien­to que te­ne­mos una re­la­ción lin­da y cer­ca­na. A mi pa­pá, lo veía los fi­nes de semana y mi pa­dras­tro me crió, por­que vi­vía­mos en la mis­ma ca­sa. Am­bos me en­se­ña­ron muchas cosas, en­tre ellas, mi­rar la vi­da siem­pre de for­ma po­si­ti-

va, que­rien­do y va­lo­ran­do a la fa­mi­lia. También me dieron se­gu­ri­dad, acom­pa­ñán­do­me pa­ra cre­cer en li­ber­tad, res­pe­tán­do­me a mí, a mis de­ci­sio­nes, y siem­pre de­ján­do­me ser quien qui­se ser. Eso se los agra­dez­co mu­cho a los dos. También les agra­dez­co, es­pe­cial­men­te, por ha­ber es­ta­do cer­ca mío, dán­do­me se­gu­ri­dad y pro­tec­ción, es­pe­cial­men­te den­tro de la adolescencia, que es un pe­río­do don­de se ne­ce­si­ta mu­cho.

El sen­ti­do del hu­mor, que ha si­do cla­ve pa­ra mí, se lo agra­dez­co a mi pa­dras­tro, por­que creo que en gran par­te se lo de­bo a él”.

ANDREA ARÍSTEGUI, pe­rio­dis­ta y con­duc­to­ra de televisión

“El víncu­lo con mi pa­pá, Ale­jan­dro, ha si­do siem­pre es­tre­cho. Aún cuan­do en mi ni­ñez el via­ja­ba mu­cho por tra­ba­jo, siem­pre sen­tí su preo­cu­pa­ción y su ca­ri­ño. Creo que te­ne­mos una re­la­ción de ad­mi­ra­ción mu­tua. Me en­se­ñó un mon­tón de cosas. En tér­mi­nos de va­lo­res, me en­se­ñó de ho­nes­ti­dad, de rec­ti­tud, de dis­ci­pli­na, de esfuerzo. En tér­mi­nos de gus­tos, me en­se­ñó a amar la mú­si­ca, el co­no­ci­mien­to, la lec­tu­ra, la bús­que­da de la ver­dad.

En pri­mer lu­gar, le agra­dez­co la vi­da. También sus per­ma­nen­tes mues­tras de ca­ri­ño. Su apoyo in­con­di­cio­nal. Sus con­se­jos. Su ejem­plo”.

KA­ROL CARIOLA, dipu­tada del Par­ti­do Co­mu­nis­ta

“La gran lec­ción que re­ci­bí de mi pa­pá, Ri­chard Cariola –quien mu­rió de cán­cer ha­ce dos años–, es a amar pro­fun­da­men­te el mo­men­to que es­tás vi­vien­do. Dis­fru­tar­lo, vi­vir­lo a con­cho y, por so­bre to­do, a pen­sar siem­pre qué es lo peor que pue­de pa­sar. Cuan­do es­tás vi­vien­do mo­men­tos di­fí­ci­les, ver que al fi­nal no va­le la pe­na an­gus­tiar­se o su­frir por si­tua­cio­nes que se tien­den a so­bre­di­men­sio­nar. Por eso mis­mo, siem­pre me mo­ti­vó a ver el va­lor de lo realmente im­por­tan­te, des­pren­dién­do­me de lo su­per­fi­cial, lo ba­nal y ma­te­rial”.

MARÍA PAZ JORQUIERA, ac­triz y con­duc­to­ra de televisión

“Luis Patricio Jorquiera, mi pa­pá, me en­se­ñó va­lo­res. A res­pe­tar a las personas y el de­sin­te­rés por el di­ne­ro, a ver­lo en su jus­ta me­di­da, pa­ra lo que sir­ve. También el res­pe­to por la cul­tu­ra, por edu­car­se lo más po­si­ble, como dice la Doc­to­ra Po­lo al fi­nal del programa”, bro­mea.

“La re­la­ción con mi pa­pá es de mu­cho amor, pero, so­bre to­do, res­pe­to del uno al otro. Nos plan­tea­mos nuestros pun­tos de vis­ta con mu­cho res­pe­to. De ver­dad no re­cuer­do ninguna fal­ta de res­pe­to de mi pa­pá a cualquier per­so­na en el mun­do. Y con esa pa­la­bra me que­da­ría: res­pe­to. Él siem­pre cree que hay que es­cu­char a to­das las personas”.

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