DE­CÁ­LO­GO DEL BUEN PA­PÁ

Que los hom­bres no pueden criar so­los a sus hijos o que la in­tui­ción es­tá re­ser­va­da pa­ra las mujeres son al­gu­nos de los mi­tos que ro­dean la pa­ter­ni­dad. Con­ver­sa­mos con Fran­cis­co Aguayo, si­có­lo­go e investigador en pa­ter­ni­dad, pa­ra ter­mi­nar con es­te­reo­ti­pos

NuevaMujer - - PORTADA - Por Ro­cío Ve­ne­gas Al­caíno. @_ay­ro­cio

Hasta ha­ce al­gu­nas dé­ca­das, la crian­za era un te­rri­to­rio ma­yo­ri­ta­ria­men­te fe­me­nino. Mien­tras ellas pa­rían, los hom­bres es­pe­ra­ban afuera, cal­man­do los ner­vios con un ci­ga­rro. Lue­go ce­le­bra­ban la lle­ga­da del re­cién na­ci­do be­bien­do más de la cuen­ta jun­to a sus ami­gos, vol­vían a tra­ba­jar y se ha­cían car­go de pro­veer eco­nó­mi­ca­men­te. Otros, sim­ple­men­te no apa­re­cían. En 1995, cuan­do el Mi­nis­te­rio de Sa­lud propuso que den­tro de los hos­pi­ta­les los padres pu­die­ran asis­tir a los par­tos, esa reali­dad cam­bió. Unos años an­tes, en la dé­ca­da de los 80, di­cha prác­ti­ca ha­bía comenzado en las clínicas pri­va­das. ¿Qué pa­sa hoy? Un 80% de las mujeres chi­le­nas es­tá acom­pa­ña­da en ese mo­men­to, y aque­llas imágenes se sien­ten muy le­ja­nas. En la calle, en la televisión y en la pu­bli­ci­dad vemos hom­bres arras­tran­do co­ches, car­gan­do gua­guas y ju­gan­do con ellas; mien­tras, por otro la­do, bom­bar­dean con imágenes de súper mujeres que triun­fan en la es­fe­ra la­bo­ral, cui­dan a sus hijos y man­tie­nen un ho­gar ra­dian­te.

Los va­ro­nes tie­nen ca­pa­ci­da­des pa­ra cui­dar tanto como las mujeres. Padres bio­ló­gi­cos, pa­dras­tros, abue­los, tíos o her­ma­nos, también pueden lim­piar, la­var la ro­pa o co­ci­nar. No obs­tan­te, el 54% de los hom­bres son­dea­dos en la En­cues­ta In­ter­na­cio­nal de Mas­cu­li­ni­da­des y Equi­dad de Gé­ne­ro (Images), pu­bli­ca­da el 2011, cree que “el rol más im­por­tan­te de la mu­jer es cui­dar de su ho­gar y co­ci­nar pa­ra su fa­mi­lia”.

Más allá de las ideas re­gre­si­vas, el mun­do es­tá cam­bian­do. Por esto, con la ayu­da de Fran­cis­co Aguayo, ela­bo­ra­mos un de­cá­lo­go pa­ra una pa­ter­ni­dad ac­ti­va y res­pon­sa­ble. La trans­for­ma­ción co­mien­za en ca­sa.

SIEM­PRE PRE­SEN­TE

“Muchos hom­bres es­pe­ran el na­ci­mien­to, o, in­clu­so, a que el hijo apren­da a hablar pa­ra es­ta­ble­cer un víncu­lo”, ex­pli­ca el si­có­lo­go. La evi­den­cia cien­tí­fi­ca in­di­ca que mien­tras más tem­prano se com­pro­me­ta el pa­dre con el pro­ce­so de crian­za, más fuerte es el víncu­lo que se es­ta­ble­ce. Por eso, aunque no sea el hom­bre el que vea su cuer­po cam­biar a me­di­da que avan­za el em­ba­ra­zo, sí hay es­pa­cio pa­ra in­vo­lu­crar­se. ¿Có­mo se ha­ce eso? Te­nien­do pre­sen­te la fe­cha de los con­tro­les, asis­tien­do a ellos, acom­pa­ñan­do a las eco­gra­fías y es­tan­do al tanto de to­do lo que ocu­rre.

DIS­FRU­TAR

Se­gún la en­cues­ta Images, el 87,5% de los pro­ge­ni­to­res cree que su ma­yor responsabilidad es pro­veer eco­nó­mi­ca­men­te a su fa­mi­lia. Si bien es fun­da­men­tal cum­plir con esa responsabilidad, es im­por­tan­te acer­car­se al pro­ce­so con dis­po­si­ción a aprender y dis­fru­tar. “No es fácil, hay que tras­no­char y tra­ba­jar, pero es muy re­le­van­te que los hom­bres se abran y apren­dan a dis­fru­tar­la”, acla­ra Aguayo.

PAR­TI­CI­PAR E IN­VO­LU­CRAR­SE

Los re­sul­ta­dos arro­ja­dos por la mis­ma en­cues­ta mues­tran que la percepción mas­cu­li­na de una pa­ter­ni­dad ac­ti­va es, prin­ci­pal­men­te, pro­veer y ju­gar. Sin em­bar­go, también se re­la­cio­na con es­tar al día e in­vo­lu­cra­do con los pro­ce­sos que se vi­ven, par­ti­ci­pan­do de to­das las ta­reas do­més­ti­cas y de cuidado.

Por lo an­te­rior, se en­tien­de que lle­var a los niños al par­que o dar­les al­muer­zo oca­sio­nal­men­te no es se­ñal de una pa­ter­ni­dad ac­ti­va. La co­ne­xión emo­cio­nal y fí­si­ca también es im­por­tan­te y sólo se pro­du­ce cuan­do el tiem­po en­tre­ga­do a la ta­rea es de ca­li­dad. Aguayo re­co­mien­da siem­pre su­mar­se a la si­tua­ción en la que el hijo se en­cuen­tre, ya sea ti­rán­do­se al sue­lo pa­ra ju­gar y com­par­tir, pres­tar­le aten­ción a sus ne­ce­si­da­des más allá de lo que ex­pre­sen ver­bal­men­te y con­tar­les cuen­tos a la ho­ra de dor­mir, en­tre otras ta­reas que si­guen sien­do rea­li­za­das prin­ci­pal­men­te por las mujeres.

DILE NO AL EX­CE­SO DE TRA­BA­JO

Los chi­le­nos y chi­le­nas trabajan en pro­me­dio 200 ho­ras más que el res­to de los paí­ses de la Or­ga­ni­za­ción pa­ra la Coope­ra­ción y De­sa­rro­llo Eco­nó­mi­co (OCDE). Ser tra­ba­jó­li­co se na­tu­ra­li­za e, in­clu­so, se per­ci­be como un va­lor, vin­cu­lán­do­lo a la pro­duc­ti­vi­dad o el esfuerzo. De acuer­do a un es­tu­dio rea­li­za­do por el Mi­nis­te­rio de Sa­lud el 2012, la prin­ci­pal barrera men­cio­na­da por los va­ro­nes, pa­ra tener una pa­ter­ni­dad ac­ti­va, es el con­tex­to la­bo­ral ad­ver­so, con jor­na­das muy lar­gas, fal­ta de per­mi­sos, etc.

OJO CON LAS PAN­TA­LLAS

Le pa­sa a los padres mi­llen­nial y a los no tanto. Si an­tes era la televisión, aho­ra se su­man los ce­lu­la­res, las ta­blets y los compu­tado­res. Es cla­ve que el tiem­po com­par­ti­do con los hijos sea de ca­li­dad, por eso la re­co­men­da­ción es des­co­nec­tar­se de las redes sociales y, en vez de su­mar li­kes con fo­tos de la gua­gua ju­gan­do, su­mar­se al jue­go y co­nec­tar­se con lo que les ocu­rre en su vi­da.

“TA­REAS DE HOM­BRE”

En una cul­tu­ra ma­chis­ta, es na­tu­ral que to­dos car­guen con una cuo­ta de esa re­gre­si­va con­cep­ción del mun­do. En la crian­za y el cuidado, to­das las ta­reas pueden ser com­par­ti­das. Apo­yan­do esa idea, el 2015 surgió en Es­pa­ña el hash­tag #YoNoA­yu­do, que apun­ta­ba a mos­trar que tener una pa­ter­ni­dad ac­ti­va no es ni so­li­da­ri­dad ni ayu­da, es cum­plir un de­ber.

DES­TRUIR ES­TE­REO­TI­POS

Tener un pa­dre pre­sen­te y ac­ti­vo en to­das las ta­reas que im­pli­ca la crian­za y el ho­gar con­tri­bu­ye a que los niños crez­can con una vi­sión del mun­do más abier­ta, lo cual re­per­cu­te en que ten­gan un ejem­plo cer­cano de mas­cu­li­ni­dad li­bre de ma­chis­mo. En ese as­pec­to, Aguayo acon­se­ja in­vo­lu­crar a la ni­ñez des­de siem­pre en las ta­reas de cuidado, ya sea ex­pli­cán­do­le que tie­nen que cui­dar y que­rer a sus mas­co­tas, o tras­la­dan­do esa figura a ju­gue­tes.

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