The Power of Vol­ca­noes

EL PODER DE LOS VOL­CANES

Patagon Journal - - FRONT PAGE - By CAR­LOS GU­TIÉR­REZ

“Mi ter­ri­to­rio de besos y vol­canes,” my ter­ri­tory of kisses and vol­canos, wrote the leg­endary Chilean poet Pablo Neruda of his coun­try. In­deed, vol­ca­noes are wo­ven into the fab­ric of Chilean life. With about 2,000 vol­ca­noes, 500 of them po­ten­tially ac­tive, and 36 cur­rently ac­tive, it's the sec­ond- most vol­canic coun­try in the world af­ter In­done­sia.

South­ern Chile has been the scene of sev­eral ma­jor erup­tions in re­cent years. In May 2008, the Chaiten vol­cano in Palena province had been dor­mant for 9,500 years un­der its ob­sid­ian dome when it erupted spec­tac­u­larly and with­out warn­ing, spew­ing ash 20km (12 miles) into the air and forc­ing the lo­cal pop­u­la­tion to flee. Farm­land, live­stock and build­ings were caked in ash. Three years later, Cordón Caulle vol­cano near Puye­hue erupted and sent ash bil­low­ing over the bor­der into Ar­gen­tine's Lake Dis­trict as far away as Bar­iloche.

“Mi ter­ri­to­rio de besos y vol­canes”, es­cribió el leg­en­dario poeta chileno Pablo Neruda y, de he­cho, los vol­canes es­tán teji­dos en la trama de la vida en Chile. Son cerca de 2.000 y 500 de el­los po­ten­cial­mente ac­tivos -36 en la actualidad-, lo que lo con­vierte en el se­gundo país más vol­cánico del mundo de­spués de In­done­sia.

El sur de Chile ha sido el es­ce­nario de varias erup­ciones de en­ver­gadura en los úl­ti­mos años. Luego de haber dormido por 9.500 años bajo su cúpula de ob­sid­i­ana, en el 2008, el vol­cán Chaitén, en la provin­cia de Palena, des­pertó sin pre­vio aviso con una es­pec­tac­u­lar erup­ción, ar­ro­jando cenizas a 20 km en el cielo y obli­gando a sus habi­tantes a huir de su tierra. Ter­renos, ganado y con­struc­ciones quedaron sepul­ta­dos bajo las cenizas. Tres años de­spués el vol­cán Cordón del Caulle, cerca de Puye­hue, tam­bién en­tró en erup­ción y en­vió una on­du­lante pluma de cenizas más allá de la fron­tera del Dis­trito de los La­gos de Ar­gentina, al­can­zando la ci­u­dad de Bar­iloche.

Cal­buco vol­cano erupted this past April just out­side of Puerto Varas, fir­ing a gi­gan­tic ash cloud into the sky that wit­nesses will never for­get. The power of vol­ca­noes is as­tound­ing to watch, and can of­ten cause se­ri­ous dam­age. But com­mu­ni­ties here have quickly bounced back. Just weeks af­ter the Cal­buco erup­tion, res­i­dents in Ense­nada, the town hard­est hit by ash, were al­ready back in their homes beat­ing back the dam­age and restor­ing nor­malcy. Chile is a ter­ri­tory of kisses and vol­ca­noes….and re­silience.

Justo en las afueras de Puerto Varas, el vol­cán Cal­buco hizo lo suyo en abril pasado y dis­paró ha­cia un cielo al borde del atarde­cer una gi­gan­tesca nube de cenizas que sus es­pec­ta­dores difí­cil­mente po­drán olvi­dar. Es asom­broso ver el poder de los vol­canes, el que con fre­cuen­cia puede provo­car graves daños. Pero aquí las co­mu­nidades se han po­dido re­cu­perar ráp­i­da­mente. Ape­nas unas se­m­anas de­spués de la erup­ción del Cal­buco, los res­i­dentes de Ense­nada, la ci­u­dad más du­ra­mente afec­tada por las cenizas, es­ta­ban de re­greso en sus casas ha­ciendo frente a los daños para volver a la nor­mal­i­dad. Chile es un ter­ri­to­rio de besos y vol­canes… y re­silien­cia.

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