Im­pacts on Patag­o­nia

Im­pacto so­bre la Patag­o­nia

Patagon Journal - - FRONT PAGE - Text and photos by JONATHAN BYERS

Look­ing out across a glacial lake in a rocky val­ley be­low Cerro Fitz Roy in Los Glacia­res Na­tional Park, I had with me a black and white pho­to­graph taken 80 years ear­lier at this very same spot by the Ital­ian priest and moun­taineer, Al­berto de Agostini. In the photo by Agostini, a mas­sive glacier filled the val­ley floor. The scene in front of me a cen­tury later was starkly dif­fer­ent, with sev­eral kilo­me­ters of ice in the val­ley com­pletely gone.

When we hear the term “cli­mate change,” we pic­ture graphs of car­bon diox­ide lev­els, or images of smoke­stacks or for­est fires, yet ac­tu­ally see­ing the long-term im­pacts of cli­mate change is of­ten dif­fi­cult. But in Patag­o­nia, the changes tak­ing place be­cause of cli­mate change can be­come vis­i­ble where mil­len­nia-old ice is melt­ing faster than ever be­fore. As a pho­tog­ra­pher, I found that look­ing back in time through his­toric pho­to­graphs re­vealed the tremen­dous scale of change.

Glaciers un­der­foot

Any climber who has spent more than a few years ex­plor­ing moun­tains has tales of “how it used to be.” Places where you used to be able to just walk out onto the ice, for ex­am­ple, of­ten now in­volve per­ilous cross­ings of un­sta­ble moraines. There are climbs that in the past had been ex­tremely dif­fi­cult but to­day are com­monly done be­cause of less rime ice for­ma­tion. And some climbs that used to be on per­fect ice now are rarely found in safe con­di­tions.

On the most ba­sic level the ad­vance or re­treat of a glacier is like a fi­nan­cial bud­get. If you add more than you take away, it grows. If you re­move more than you add, it gets smaller. In the case of glaciers this bal­ance is de­pen­dent on pre­cip­i­ta­tion and tem­per­a­ture. But even that doesn’t be­come clear un­til you walk across it with your feet.

In Fe­bru­ary 2015, a friend and I had a chance to hike the in­cred­i­ble cir­cuit across the ice cap be­hind Cerro Torre in Los Glacia­res Na­tional Park in Santa Cruz Prov­ince, Ar­gentina. Head­ing out of the town of El Chal­ten fol­low­ing the Rio Elec­trico val­ley through old lenga forests it at first felt like a sta­ble and un­chang­ing land­scape. But once out of the for­est and onto sandy and rocky flats I started to see the so-called “pot­holes”

En en­ero de 2011, me situé en la el­e­vada cresta de una mon­taña azo­tada por el viento en el Parque Na­cional Los Glacia­res, en la Patag­o­nia ar­gentina. Desde allí podía ver un lago glacial de un azul como el cielo, rodeado de un valle ro­coso, y, justo encima, el monte Fitz Roy. Cogí una foto en blanco y ne­gro tomada en el mismo si­tio, pero 80 años atrás, por el sac­er­dote, fotó­grafo y senderista, Al­berto de Agostini. En la im­a­gen, un glaciar in­menso llen­aba el valle. Me quedé ahí parado, di­rigiendo mi vista de la foto al valle, y del valle a la foto, lle­gando a la con­clusión que en menos de un siglo, var­ios kilómet­ros de hielo han de­sa­pare­cido por com­pleto.

Cuando es­cuchamos el tér­mino “Cam­bio Climático” imag­i­namos grá­fi­cos de nive- les de dióx­ido de car­bono, chime­neas de humo o in­cen­dios fore­stales. Aún así, se nos hace com­pli­cado ver los im­pactos de esto a largo plazo. Los cam­bios que es­tán te­niendo lu­gar en la Patag­o­nia se vuel­ven in­creíble­mente vis­i­bles cuando pla­cas de hielo mile­nar­ias se der­riten más rápido que nunca. Como fotó­grafo me he dado cuenta, mi­rando a través de imá­genes an­tiguas, de la mag­ni­tud del cam­bio.

Glacia­res en retro­ceso

Cualquier es­cal­ador que haya pasado unos cuan­tos años ex­plo­rando las mon­tañas tiene his­to­rias so­bre “cómo eran antes”. Cam­i­natas por encima del hielo, ahora se han con­ver­tido en trav­es­ías peli­grosas so­bre mor­re­nas in­esta­bles. Com­pli­cadas vías de es­cal­ada, ahora se suben fá­cil­mente de­bido al bajo nivel de es­car­cha. Y as­cen­sos donde se en­con­traba el hielo per­fecto, rara­mente se en­cuen­tran en buen es­tado hoy en día.

El avance o retro­ceso de un glaciar es, al fi­nal, como un pre­supuesto fi­nanciero. Si añades más de lo que sacas, crece. Si le sacas más de lo que añades, em­pe­queñece. En el caso de los glacia­res este bal­ance depende de las pre­cip­ita­ciones y la tem­per­atura. Aún así, no se ve claro hasta que uno no lo ob­serva con sus pro­pios ojos.

En febrero de 2015 tuve la opor­tu­nidad de recor­rer el in­creíble cir­cuito que atraviesa el cas­quete glaciar que se en­cuen­tra de­trás del cerro Torre, ubi­cado en el mismo parque donde está el Fitz Roy. Saliendo del pue­blo, sigu­iendo el valle del río Eléc­trico lleno de

in the sand -- places where the last glacier ice has re­cently melted un­der the sand leav­ing holes filled with wa­ter. Even ten years ago the as­cent of Paso Mar­coni was an easy walk up a glacier to the pass but now it in­volves steep scram­bling up a rocky cliff, or cross­ing un­der­neath a pre­car­i­ous ice­fall that reg­u­larly drops huge blocks of ice in the path of your as­cent. We chose to scram­ble up the rocks. What was most sur­pris­ing though is what we found when we got to the pass.

Paso Mar­coni ac­cesses high onto the South­ern Patag­o­nian Ice Field on the up­per parts of the Viedma Glacier. We brought snow­shoes ex­pect­ing to hike across the soft snow that had ac­cu­mu­lated dur­ing the past win­ter. In­stead, we found bare ice criss­crossed by crevasses as far as the eye could see. When we talk about glaciers dis­ap­pear­ing, we of­ten talk of re­treat, where the ter­mi­nus of the glacier moves up the val­ley that con­tains it, but that is only one part of what is go­ing on. Ac­tu­ally, the glacier, or in this case, the en­tire South­ern Patag­o­nian Ice Field, is melt­ing across its en­tire sur­face, mak­ing it de­flate like a bal­loon. This ver­ti­cal ice loss, while of­ten less no­tice­able, is re­ally a far larger amount of ice melt­ing be­cause it is spread over a much larger area.

We spent the next two days jump­ing over crevasses, or walk­ing me­an­der­ing paths around the ends of the ones that were too big to jump. As we walked past the sides of the moun­tains, we could see the lines of loose rock show­ing how much higher the glaciers had once been. We were walk­ing on ice that was hun­dreds of years old and yet where we were then stand­ing would have been un­der hun­dreds of me­ters of frozen wa­ter just twenty years ago.

Wa­ter over­head

All of that wa­ter stored in the glaciers for thou­sands of years as ice even­tu­ally flows down to the ocean. While the vast ma­jor­ity of the world’s fresh wa­ter is trapped in po­lar ice caps in Green­land and Antarc­tica, sci­en­tists rec­og­nize that the ar­eas that will have the most ef­fect on sea level over the next 50 to 100 years are the alpine glaciers such as the Alps, An­des, and the Hi­malayas. Ac­cord­ing to the In­ter­gov­ern­men­tal Panel on Cli­mate Change (IPCC), alpine glaciers cur­rently ac­count for about 83 per­cent of glacier melt world­wide be­cause they are in ar­eas where warm­ing is hap­pen­ing most rapidly and glaciers are melt­ing the quick­est.

“See­ing the long-term im­pacts of cli­mate change is of­ten dif­fi­cult. But in Patag­o­nia, the changes tak­ing place can be­come vis­i­ble where mil­len­nia-old ice is melt­ing faster than ever be­fore.” “Se nos hace com­pli­cado ver los im­pactos de cam­bio cli­matico a largo plazo. Pero los que es­tán te­niendo lu­gar en la Patag­o­nia son vis­i­bles cuando pla­cas de hielo mile­nar­ias se der­riten más rápido que nunca”.

bosques de lenga, parecía que el paisaje era es­table. Se no­taba in­mutable al paso del tiempo. Ráp­i­da­mente salí de ahí, lle­gando a una su­per­fi­cie arenosa y ro­cosa, y em­pecé a re­cono­cer las mar­mi­tas, donde el hielo del glaciar se ha der­retido bajo la arena, de­jando un agu­jero rel­leno de agua. Hace diez años, la as­cen­sión al Paso Mar­coni era una cam­i­nata fá­cil por el glaciar. Ahora, im­plica trepar por un acan­ti­lado ro­coso bien emp­inado, o cruzar bajo una pre­caria cas­cada de hielo que a ve­ces suelta pe­sa­dos blo­ques en el camino. Op­ta­mos por trepar la roca. Pero lo más sor­pren­dente es lo que nos en­con­tramos cuando lleg­amos al paso.

El Paso Mar­coni da ac­ceso al Campo de Hielo Sur por la parte su­pe­rior del glaciar Viedma. Llevábamos con nosotros ra­que­tas, es­perando cam­i­nar por encima de la nieve blanda que se habría acu­mu­lado a lo largo del pasado in­vierno. En cam­bio, hasta donde la vista nos al­can­z­aba, sólo en­con­tramos pla­cas de hielo y gri­etas. Cuando hablamos de la de­sapari­ción de los glacia­res, lo hace­mos en tér­mi­nos de re­gre­sión de és­tos. Pero es sólo una de las caras. En re­al­i­dad, el Campo de Hielo Patagónico Sur se está der­ri­tiendo en su to­tal­i­dad, desh­inchán­dose como un globo. Esta pér­dida de hielo en ver­ti­cal, a ve­ces no tan per­cep­ti­ble, cor­re­sponde a mucha más can­ti­dad de hielo der­retido porque su su­per­fi­cie es más ex­tensa.

Pasamos los sigu­ientes dos días sorte­ando gri­etas, o bus­cando caminos sin­u­osos que rodearan los hue­cos que eran de­masi­ado an­chos para saltar. A nue­stro paso, mi­rando las laderas de las mon­tañas, se podían ver las líneas de roca suelta mostrando hasta dónde habían cu­bierto un día los glacia­res. Pen­samos que es­tábamos an­dando encima de hielo que se había for­mado hace mu­chos sig­los, y que en el punto por donde cam­inábamos, hace 20 años es­taba cu­bierto por cien­tos de met­ros de agua helada.

So­bre­carga de agua

Toda el agua que se al­ma­cena en los glacia­res en forma de hielo du­rante miles de años, ter­mina fluyendo ha­cia el océano. Aunque la gran may­oría de agua dulce del mundo se con­cen­tra en los cas­quetes po­lares de Groen­lan­dia y la An­tár­tida, los cien­tí­fi­cos cal­cu­lan que las áreas que van a tener un mayor efecto en la subida del nivel del mar en los próx­i­mos 50-100 años van a ser los glacia­res alpinos: los Alpes, los An­des y el Hi­malaya. Según el Grupo In­ter­gu­ber­na­men­tal de Ex­per­tos so­bre el Cam­bio Climático (IPCC, por sus si­glas en inglés), el 83 por ciento de der­re­timiento de glacia­res se ha pro­ducido en este tipo de glacia­res. Esto se debe a que los glacia­res alpinos se en­cuen­tran en zonas donde el ca­len­tamiento se está pro­duciendo de forma más ráp­ida y el hielo se der­rite a mayor ve­loci­dad.

De­spués de dos días y 25 kilómet­ros de saltar gri­etas, fue un alivio volver a pisar ro­cas y grav­illa por de­bajo del Paso del Viento. Cuando em­pezamos a as­cen­der a éste, pudi­mos ver más allá del campo de hielo, y en to­das las di­rec­ciones sólo había hielo y gri­etas. Un re­ciente es­tu­dio afirma que los glacia­res del sur de los An­des cubren aprox­i­mada­mente una área de 29 mil 400 kilómet­ros cuadra­dos. Cada año se

After two days and 25 km of crevasse jump­ing, it was a re­lief to step back onto rocks and gravel be­low Paso Viento. As we be­gan the climb up the pass we could start see­ing far­ther out across the ice cap, and in ev­ery di­rec­tion was ex­posed ice and crevasses. Ac­cord­ing to a re­cent study, glaciers in the south­ern An­des cover an area of ap­prox­i­mately 29,400 km2 . Of that to­tal ice mass, they are los­ing ap­prox­i­mately 29,000,000,000 tons (29 gi­ga­tons) of ice per year. Imag­ine a block of ice 1 kilo­me­ter wide, 1 kilo­me­ter tall, and 1 kilo­me­ter across. That is 1 gi­ga­ton. Now put 29 of those to­gether and imag­ine all that wa­ter flow­ing out to the ocean.

De­scend­ing down from Paso Viento we pass a spot over­look­ing the Quer­vain and Túnel Glaciers, where Al­fredo Köl­liker of the 1916 So­ciedad Ale­man ex­pe­di­tion took a photo of his group’s camp. Ninety-nine years later when I find the lo­ca­tion of his photo, I can see the small flat spots where they pitched their can­vas tents, feel the wind com­ing off the glacier, and through the his­toric photo, see how the glacier that al­most filled up the whole val­ley is now a few hun­dred me­ters thin­ner and has re­treated up the val­ley leav­ing a blue lake be­hind.

Later, as I walked back to­ward El Chal­ten, I thought about when Köl­liker or de Agostini were here there were no trails, there was no na­tional park, and there was no El Chal­ten with its res­tau­rants, huge diesel gen­er­a­tors, and in­creas­ingly crowded hos­tels. With­out the abil­ity to know what the land­scape looked like in the past, mod­ern vis­i­tors have no way to un­der­stand how much it has changed. Pam­pas be­come towns and roads, rocky val­leys and lakes are the new nor­mal, plants and an­i­mals move in, but the land­scape and ocean record of what has dis­ap­peared from view is there if you know where to look. es­tán per­di­endo más o menos 29 gi­ga­toneladas (29 mil mil­lones de toneladas) de hielo. Es de­cir, imag­ine un bloque de hielo de un kilómetro de an­cho, uno de alto y uno de pro­fun­di­dad. Eso es una gi­ga­tonelada. Ahora ponga 29 de és­tas jun­tas e imagí­nese toda esa agua lle­gando a los océanos.

Descen­di­endo desde Paso del Viento pasamos por un punto donde se ven los glacia­res Quer­vain y Túnel. En 1916, Al­fredo Köl­liker, en me­dio de una ex­pe­di­ción de la So­ciedad Cien­tí­fica Ale­m­ana, tomó una foto de su grupo de acam­pada en este lu­gar. Noventa y nueve años más tarde, de­spués de en­con­trar el si­tio donde se tomó la im­a­gen, puedo ver pe­queñas plani­cies donde se plan­taron sus carpas de lona, y sen­tir el viento prove­niente del glaciar. A través de la histórica foto es posi­ble ver cómo el glaciar, que en su mo­mento ocu­paba casi todo el valle, es ahora unos cen­tenares de met­ros más es­tre­cho y se ha re­traído de­jando atrás un lago azul.

Cada vez que en­cuen­tro el lu­gar donde se tomaron al­guna de esas fo­tos históri­cas, pienso en cómo el mundo ha cam­bi­ado, o está cam­biando. Mien­tras re­greso a El Chaltén, de­se­ando tomarme una cerveza y comer unas em­panadas, pienso que cuando Köl­liker o de Agostini es­ta­ban aquí, no había senderos, ni parque na­cional. No es­taba este afamado pue­blo argentino con sus res­tau­rantes, ni los in­men­sos gen­er­adores de diésel, ni los hostales cada vez más llenos. Sin la ha­bil­i­dad de saber cómo era el paisaje en el pasado, los vis­i­tantes de hoy en día no tienen man­era de com­pren­der cuánto ha cam­bi­ado. La pampa se ha con­ver­tido en ciu­dades y car­reteras; los valles ro­cosos y sus la­gos en la nueva nor­mal­i­dad. Las plan­tas y los an­i­males se han de­splazado, pero el paisaje y el océano guardan los reg­istros de todo lo que ha de­sa­pare­cido a la vista, si sabes desde donde mi­rar.

Club Andino Bar­iloche, 1950 Fitz Roy from Cerro Solo / Fitz Roy desde Cerro Solo Mar­cus Loane, 2009 Colin Ha­ley, 2012 1950 Glacier sur­face / Su­per­fi­cie del glaciar

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