PRE­FIE­RE ES­CRI­BIR

Des­pués de un año y cua­tro me­ses de de­jar la di­rec­ción de TVN, de­bu­ta co­mo es­cri­to­ra con su no­ve­la, Fu­gi­ti­va, que apa­re­ce es­te mes. En es­ta en­tre­vis­ta, ha­bla de su li­bro y por pri­me­ra vez se re­fie­re a su sa­li­da del canal es­ta­tal, un ca­pí­tu­lo que re­su­me en

Paula - - Entrevista - Por Va­len­ti­na Ro­drí­guez Pee­de / Fo­to­gra­fía: Ca­ro­li­na Vargas

“SI NO FUE­RA POR MI NO­VE­LA, POR­QUE MUERO DE GA­NAS DE QUE LA LEAN, NO TE DA­RÍA ES­TA EN­TRE­VIS­TA”, DI­CE DE EN­TRA­DA Y SIN RO­DEOS CAR­MEN GLORIA LÓ­PEZ MOU­RE. Ha pa­sa­do un año y cua­tro me­ses des­de que re­nun­ció a la di­rec­ción eje­cu­ti­va de TVN en me­dio de una de las ma­yo­res cri­sis que ha atra­ve­sa­do el canal es­ta­tal y des­de en­ton­ces no ha­bía da­do nin­gu­na en­tre­vis­ta. Es­ta, se po­dría de­cir, es co­mo su “sa­li­da del cló­set” a los me­dios. El año y me­dio que li­de­ró TVN sigue sien­do un te­ma que le gus­ta­ría evi­tar. “Un ca­pí­tu­lo du­ro que lo re­su­mo en dos emo­cio­nes: frus­tra­ción y do­lor”, di­ce sen­ta­da en el es­cri­to­rio de su casa don­de vi­ve con su ma­ri­do, Raúl Al­caíno, y sus hi­jas. Es en es­ta pie­za del pri­mer pi­so de su casa, la que usa co­mo es­cri­to­rio, don­de ha es­ta­do to­do es­te tiem­po que no se le ha vis­to. Es­cri­bien­do. Sin pa­rar. “La room of one’s own” co­mo la lla­ma ci­tan­do a Vir­gi­nia Wolf, don­de se en­fren­ta to­dos los días a su Ma­cBook y a una ven­ta­na que da a su jar­dín. Las cua­tro paredes don­de de­ci­dió cam­biar de piel, re­na­cer y vol­ver a la que, di­ce, es su ver­da­de­ra pa­sión: la es­cri­tu­ra.

Des­pués de una re­la­ción de lar­ga da­ta con la te­le­vi­sión, de ha­ber cir­cu­la­do por los más im­por­tan­tes car­gos eje­cu­ti­vos de TVN y Canal 13, de par­ti­ci­par en la creación de pro­gra­mas co­mo 31 Mi­nu­tos, Hé­roes, Los 80; de ase­so­rar los guio­nes de Al­go ha­brán he­cho, Los ar­chi­vos del car­de­nal y El re­em­pla­zan­te; de es­cri­bir la se­rie Si­tia­dos; Car­men Gloria Ló­pez, la pri­me­ra mu­jer en li­de­rar el canal de to­dos los chi­le­nos, hi­zo a los me­dios y a la pe­rio­dis­ta a un la­do, cam­bió he­chos por fic­ción y hoy, es­tá a días de de­bu­tar co­mo es­cri­to­ra con su pri­me­ra no­ve­la: Fu­gi­ti­va (Al­fa­gua­ra). La his­to­ria de una ado­les­cen­te cria­da por sus abue­los que, al per­der­los, se que­da sin fa­mi­lia por lo que de­ci­de es­ca­par ate­rra­da de que la me­tan a un ho­gar del Se­na­me. Una es­pe­cie de road mo­vie de his­to­rias de mu­je­res en­la­za­das por la pro­ta­go­nis­ta. “En el fon­do es el via­je de ini­cia­ción que ha­ce­mos to­dos de dis­tin­tas ma­ne­ras en la ado­les­cen­cia. Es el tra­yec­to de una ni­ña pa­ra con­ver­tir­se en mu­jer”, di­ce la au­to­ra.

La his­to­ria de Ca­mi­la, la pro­ta­go­nis­ta de es­ta no­ve­la, sur­ge a raíz de una pre­gun­ta con­cre­ta: “Ma­má, ¿cuán­ta gen­te se tie­ne que mo­rir pa­ra que yo me que­de so­la?”, la sor­pren­dió su hi­ja ma­yor cuan­do te­nía 5 años. Esa in­te­rro­gan­te que­dó en su ca­be­za. “Me di cuen­ta de que era una pri­vi­le­gia­da por la fa­mi­lia enor­me que ten­go y por la tre­men­da red de apo­yo de mi al­re­de­dor. Pe­ro ima­gi­né la pe­sa­di­lla que se­ría perder a tus pa­pás cuan­do no tie­nes a na­die más. Esa sen­sa­ción de or­fan­dad me que­dó aden­tro y le di vi­da en es­te li­bro”.

¿Vas re­ve­lan­do tus mie­dos de an­tes y de hoy en la no­ve­la?

Sí, me ali­men­to mu­cho de mis fan­tas­mas pa­ra es­cri­bir, en el li­bro hay mu­chos de ellos. La so­le­dad ab­so­lu­ta, el des­am­pa­ro, los avio­nes, el abu­so. Bueno, so­bre to­do, la or­fan­dad. Aun­que cuan­do me con­ver­tí en ma­má, al mie­do de que se me mu­rie­ran mis pa­pás, se su­mó el te­rror a mo­rir­me yo y de­jar a mis hi­jas so­las.

En la his­to­ria hay un abu­sa­dor, un vio­la­dor, hom­bres que de­jan bas­tan­te que desear mien­tras las mu­je­res bri­llan. ¿Tie­nes una mi­ra­da crí­ti­ca so­bre lo mas­cu­lino?

Es­toy ro­dea­da de hom­bres bue­nos, fuer­tes y apo­ya­do­res. Ten­go pa­pi­tis agu­da y mi ma­ri­do es mi cóm­pli­ce. Sien­to ple­na ad­mi­ra­ción por mi pa­dre, mis hermanos, tíos y por mis abue­los a quie­nes, ade­más, de­di­co el li­bro. Aun­que sí, me he to­pa­do con va­rios pas­te­les, tu­ve una atrac­ción especial por ellos.

Por­que en la su­ma y res­ta los hom­bres sa­len pa­ra atrás en tu li­bro.

Creo que el li­bro re­fle­ja la per­cep­ción que ten­go de que en es­te país, en ge­ne­ral, las mu­je­res son más fuer­tes emo­cio­nal­men­te que los hom­bres. La ma­yo­ría de los cu­ra­di­tos o va­gos de las es­qui­nas son hom­bres ¿y dón­de es­tán las mu­je­res de esos se­ño­res? En la casa, la­van­do, co­ci­nan­do, crian­do a los ca­bros chi­cos. En Chile creo que las mu­je­res no tie­nen per­mi­so pa­ra echar­se a mo­rir y los hom­bres sí.

¿Se evi­den­cia tu fe­mi­nis­mo en Fu­gi­ti­va?

Sí, en to­do lo que ha­go. Ha si­do mi lu­cha en to­dos mis pro­yec­tos por­que la te­le es muy ma­chis­ta, pe­ro tam­bién la li­te­ra­tu­ra, la pu­bli­ci­dad, el ci­ne, to­do lo que nos ha ali­men­ta­do

“El li­bro re­fle­ja la per­cep­ción que ten­go de que en es­te país, en ge­ne­ral, las mu­je­res son más fuer­tes emo­cio­nal­men­te que los hom­bres”.

la ca­be­za. Es­tá ins­ta­la­do cul­tu­ral­men­te a tra­vés del gé­ne­ro de la fic­ción que la mu­jer es la dé­bil, la ton­ta, la que me­te la pa­ta, la que ne­ce­si­ta ser res­ca­ta­da. Las mu­je­res se ven po­co en las obras de fic­ción y no pre­ci­sa­men­te las que llevan ade­lan­te la ac­ción prin­ci­pal. Pe­ro ojo, mi fe­mi­nis­mo no tie­ne que ver con que los hom­bres son ma­los y las mu­je­res son bue­nas. Fe­mi­nis­mo es igual­dad de gé­ne­ro.

La es­ce­na de abu­so, el que ha­ya un vio­la­dor, ¿son otros de tus fan­tas­mas?

To­das ca­mi­na­mos por un ca­lle­jón os­cu­ro con esos fan­tas­mas en la ca­be­za. De mi ju­ven­tud ten­go mu­cho re­cuer­do del aco­so ca­lle­je­ro. El clá­si­co al que es­ta­mos ex­pues­tas a diario: har­to ma­no­seo en la mi­cro, que te pun­teen en el Me­tro, que te des­vis­ten con la mi­ra­da, qué se yo. Esos fan­tas­mas del abu­so, los aca­rrea­mos to­das las mu­je­res. So­lo por ser mu­je­res.

¿Te ba­sas­te en el re­la­to de al­guien pa­ra re­la­tar la es­ce­na de abu­so?

Mu­je­res cer­ca­nas me re­la­ta­ron ese mo­men­to. Pe­ro la no­ve­la no se tra­ta de eso, ni si­quie­ra es una tragedia. Par­te de la sen­sa­ción de or­fan­dad que en es­te ca­so es con­cre­ta, pe­ro que pa­ra

mu­chos ado­les­cen­tes es si­co­ló­gi­ca: el sen­tir que aun­que es­tés ro­dea­do es­tás so­lo. La no­ve­la no es so­bre el abu­so es so­bre la re­si­lien­cia y lo amo­ro­so que es el mun­do a pe­sar de to­do. Creo que Fu­gi­ti­va cap­tu­ra mi vi­sión po­si­ti­va de la vi­da que, a pe­sar de los do­lo­res, del des­am­pa­ro ab­so­lu­to, siem­pre hay amor y co­mu­ni­dad y que las mu­je­res son cla­ves en eso.

En un par de días tu li­bro es­ta­rá en las li­bre­rías, ¿qué sien­tes?

Es­toy muy con­ten­ta, fe­liz, sa­tis­fe­cha. Es­toy or­gu­llo­sa, an­sio­sa, un po­co ner­vio­sa, pe­ro es­toy con­ten­ta por­que pu­de ter­mi­nar mi pri­me­ra no­ve­la.

¿Ner­vio­sa por la crí­ti­ca?

Sí, ob­vio que sí. Aun­que me­nos de lo que pen­sé. De­ci­dí, que una ma­la crí­ti­ca no va a lo­grar qui­tar­me la sa­tis­fac­ción de ha­ber con­se­gui­do el sue­ño de es­cri­bir mi pri­mer li­bro.

¿Te sien­tes más vul­ne­ra­ble des­pués del pa­so por TVN, tie­nes mie­do a ex­po­ner­te otra vez des­pués de ha­ber des­apa­re­ci­do de los me­dios, de ha­ber ce­rra­do tus re­des so­cia­les?

Sí, mie­dos hay. Pe­ro no me sien­to más vul­ne­ra­ble. Es­to es un pro­duc­to mío que no tie­ne la com­ple­ji­dad que tu­vo to­do lo de TVN. Lo en­fren­to, igual, con cier­to trau­ma, lo re­co­noz­co. Por­que el te­ma de la ex­po­si­ción, y del tratamiento que se me hi­zo cuan­do es­tu­ve en TVN, fue du­rí­si­mo. Pe­ro es­toy en otro lu­gar aho­ra. En 2008, cuan­do Car­men Gloria era di­rec­to­ra de Pro­gra­ma­ción de Canal 13, re­nun­ció y se pro­me­tió nun­ca más te­ner na­da que ver con ro­les re­la­cio­na­dos a la ad­mi­nis­tra­ción de re­cur­sos hu­ma­nos. “Pa­ra mí es de­ma­sia­do du­ro des­pe­dir gen­te, cum­plir los sue­ños de al­gu­nas per­so­nas as­cen­dién­do­los y des­truir los de otros des­pi­dién­do­los. En­ton­ces, de­ci­dí que no que­ría más ese ti­po de pe­gas”, cuen­ta. De 2009 a 2014, fue su pri­me­ra vez fue­ra de los me­dios: se me­tió al ta­ller li­te­ra­rio de Pa­blo Si­mo­net­ti, ase­so­ró guio­nes, es­cri­bió la se­rie Si­tia­dos y en 2013 co­men­zó a es­cri­bir Fu­gi­ti­va. Pe­ro mien­tras es­cri­bía, y en me­dio de las gra­ba­cio­nes de Si­tia­dos, lle­gó la ofer­ta de TVN pa­ra que se con­vir­tie­ra en la pri­me­ra mu­jer en li­de­rar el canal pú­bli­co. Acep­tó y al mes de es­tar en el car­go, la cri­sis de au­dien­cia es­ta­lló y las ci­fras se fue­ron a pi­que. Ló­pez sus­pen­dió el au­to cor­po­ra­ti­vo que te­nía a dis­po­si­ción, cor­tó di­ver­sos be­ne­fi­cios de los eje­cu­ti­vos. Y, an­tes de des­pe­dir a na­die, se ba­jó el suel­do y le pi­dió a to­do el equi­po eje­cu­ti­vo que lo hi­cie­ra. Fi­nal­men­te tu­vo que des­pe­dir a 300 per­so­nas, y su­frió un des­gas­te personal que la hi­zo dar un pa­so al cos­ta­do. En fe­bre­ro de 2016 se ha­ce efec­ti­va su re­nun­cia.

¿Por qué acep­tas­te ese car­go?

Me he pre­gun­ta­do mu­cho por qué di­je que sí. Creo que fue por­que en to­da mi ca­rre­ra ha­bía re­cla­ma­do por que se hi­cie­ran co­sas me­jo­res, mis pro­yec­tos nun­ca fue­ron de mu­cho ra­ting: 31 Mi­nu­tos, Hé­roes, Los 80, Re­co­mien­do Chile, Bi­cen­te­na­rio pe­ro eran pro­yec­tos que apor­ta­ron. Y pen­sé: “Me es­tán in­vi- tan­do a in­fluir de ver­dad en ha­cer te­le­vi­sión de ca­li­dad en el canal pú­bli­co, ¿y yo voy a de­cir que no cuan­do de ver­dad pue­do apor­tar?”. Esa pre­gun­ta me pe­só mu­cho. Se­gun­do, to­da mi vi­da he pe­lea­do por la par­ti­ci­pa­ción de las mu­je­res en los car­gos de po­der. Siem­pre he ale­ga­do de por qué en es­te país to­dos los di­rec­to­rios son clu­bes de Toby y de por qué los com­pa­ñe­ros de li­gas es­tán en los al­tos man­dos. Vi­vía pre­gun­tan­do: “¿dón­de es­ta­ban las mu­je­res y sus ideas?”. Y di­je: “no pue­do ser tan ca­ra de pa­lo, de que­jar­me y aho­ra que me po­nen la opor­tu­ni­dad, no to­mar­la”.

Te creís­te ca­paz de ha­cer un cam­bio.

Sí. Creí que íba­mos a trans­for­mar TVN en un canal dis­tin­to al res­to, que uno di­je­ra ¿por qué exis­te TVN? Por­que ha­ce to­das es­tas co­sas que na­die más ha­ce.

¿Cuan­do en­tras­te ya ha­bía co­men­za­do la cri­sis?

Hay tres co­sas que gol­pean fuer­te a TVN. Pri­me­ro, la sa­li­da de to­do el equi­po eje­cu­ti­vo, le­van­ta­do por Luk­sic al 13; se­gun­do, la muer­te de Fe­li­pe Ca­mi­roa­ga que gol­pea al ma­ti­nal que era uno de los bas­tio­nes del canal; y el ter­cer gol­pe de gra­cia, He­ller y su lle­ga­da a Me­ga, con to­dos sus re­cur­sos que le­van­tan, no so­lo a la Que­na Ren­co­ret, sino que a 70 per­so­nas de del área dra­má­ti­ca, se va la se­cre­ta­ria, los ma­qui­lla­do­res, los ac­to­res, los mon­ta­jis­tas, to­dos. Eso pa­só me­ses an­tes de mi lle­ga­da. Lle­gué a un canal pú­bli­co que ha­bía si­do des­man­te­la­do por los gru­pos eco­nó­mi­cos que ha­bían en­tra­do a los ca­na­les pri­va­dos. Eso es lo que ha­bía pa­sa­do.

¿No pre­vis­te lo que se ve­nía?

Los tres me­ses que ha­bía es­ta­do en otra di­men­sión gra­ban­do Si­tia­dos me ju­ga­ron una ma­la pa­sa­da. Cuan­do en­tré, tu­ve la sen­sa­ción de que me ha­bían con­tra­ta­do pa­ra pin­tar el canal, y que en el pri­mer bro­cha­zo se de­rrum­ba­ron las paredes. Al

mes de mi lle­ga­da, se aca­ba­ron las te­le­se­ries de la Que­na, las del área que se ha­bía for­ma­do no fun­cio­na­ron, el ra­ting del ho­ra­rio cla­ve ba­jó de 20 pun­tos a 3 y los in­gre­sos en la mis­ma pro­por­ción. En­ton­ces en vez de con­cen­trar­me en ha­cer te­le­vi­sion pú­bli­ca tu­ve que in­ten­tar ha­cer una es­tra­te­gia de di­fe­ren­cia­ción, mien­tras ha­cía­mos un gran ajus­te de cos­tos: des­pe­dir cien­tos de per­so­nas, mu­chos de ellos mis ami­gos. Echar pa­ra atrás pro­yec­tos re­le­van­tes. Fue muy du­ro to­do.

¿Có­mo lo en­fren­tas­te?

Con res­pon­sa­bi­li­dad. Lo que me de­ja tran­qui­la es que hi­ci­mos las co­sas que ha­bía que ha­cer, aun­que me in­co­mo­da­ra, aun­que me sig­ni­fi­ca­ra ga­nar enemi­gos. Mu­chas de esas co­sas es­ta­ban pen­dien­tes ha­ce ra­to. Pu­se to­do de mí. Y mi pe­ca­do fue no sa­car ra­ting.

¿Ese es tu mea cul­pa?

Sí.

¿Te arre­pien­tes de ha­ber acep­ta­do o no po­días de­cir que no?

Al­gu­nos días sí, otros días no. Creo que era muy di­fí­cil de­cir que no.

¿Te trai­cio­nó el “de­ber ser”?

Los días en que me arre­pien­to creo que me trai­cio­nó mi en­tu­sias­mo por ha­cer bue­na te­le, y el creer, tal vez por cul­pa de mi ego o so­ber­bia, que po­día cam­biar las co­sas.

¿Qué fue lo más di­fí­cil?

Por le­jos los des­pi­dos. Eso me des­ar­mó.

Su­pe que te en­con­tra­ron cán­cer en es­te pe­rio­do. ¿Crees que tu­vo que ver con es­to?

No sé. No po­dría res­pon­der­te eso.

¿Por qué te cues­ta tan­to ha­blar pú­bli­ca­men­te del te­ma?

Por­que fal­ta tiem­po pa­ra po­der ha­cer aná­li­sis más pro­fun­dos.

¿Por qué de­ci­des re­nun­ciar?

Por­que de ver­dad sen­tía que el canal ne­ce­si­ta­ba otra ca­be­za en ese mi­nu­to, que la mía no te­nía la ener­gía que re­que­ría la eta­pa que ve­nía, que to­do el ajus­te de personal me ha­bía qui­ta­do fuer­zas pa­ra em­pu­jar lo crea­ti­vo, pa­ra cum­plir con mi rol ins­pi­ra­dor. Ya no me sen­tía ca­paz de an­dar por los pa­si­llos di­cién­do­le a mi gen­te: “¡Va­mos. Se pue­de, si­ga­mos ade­lan­te!”.

¿No era pa­ra ti el car­go?

Creo que no era pa­ra mí el mo­men­to. No creo que era el car­go, era el mo­men­to.

¿Sien­tes que a cual­quie­ra que hu­bie­ra es­ta­do en tu lu­gar le ha­bría pa­sa­do exac­ta­men­te lo mis­mo?

Sí, de to­das ma­ne­ras.

¿Te hi­cis­te la pre­gun­ta ma­chis­ta que mu­chos se ha­cen de que tal vez no te la pu­dis­te y es un car­go pa­ra hom­bres?

Es in­só­li­to que en 2017 nos ha­ga­mos si­quie­ra esa pre­gun­ta. ¡Im­pre­sen­ta­ble! Y que ten­ga que res­pon­der so­bre mi ges­tión des­de mi gé­ne­ro. To­dos los ca­na­les de TV abier­ta han per­di­do plata. En 2015, to­dos lo hi­cie­ron me­nos Me­ga. Yo era la úni­ca mu­jer di­rec­to­ra eje­cu­ti­va. Al­gu­nos ve­nían per­dien­do plata des­de an­tes, el 13 per­dió co­mo 20 mil mi­llo­nes en 2014: ¿le vas a ha­cer es­ta pre­gun­ta al di­rec­tor eje­cu­ti­vo de en­ton­ces o al due­ño de ese canal?

Te die­ron du­ro en las re­des so­cia­les…

Me do­lió más el bull­ying que se le hi­zo a TVN, ver que al­gu­nos le te­nían tan po­co ca­ri­ño a un canal que es tan im­por­tan­te pa­ra es­te país.

¿Tan im­por­tan­te?

De ver­dad creo que si TVN de­ja de exis­tir, el des­equi­li­brio me­diá­ti­co de Chile no se­ría to­le­ra­ble a lar­go pla­zo. ¿Quién va a ser el especial de Pen­ta, el de Ca­val, el Mi­li­co­ga­te? ¿Qué canal se va a preo­cu­par de crear con­te­ni­do na­cio­nal pa­ra los ni­ños? ¿Y los no­ti­cie­ros re­gio­na­les? TVN es cla­ve. Si un día ho­rri­ble, que es­pe­ro que nun­ca lle­gue, no te­ne­mos a TVN, ahí nos va­mos a dar cuen­ta de lo im­por­tan­te que era.

¿Qué so­lu­ción le ves tú?

Tie­ne que exis­tir un mo­de­lo don­de TVN no ten­ga que te­ner

“Cuan­do en­tré, tu­ve la sen­sa­ción de que me ha­bían con­tra­ta­do pa­ra pin­tar el canal, y que en el pri­mer bro­cha­zo se de­rrum­ba­ron las paredes”.

25 pun­tos de ra­ting pa­ra so­bre­vi­vir, por­que es muy di­fí­cil ob­te­ner­los con los con­te­ni­dos que de­be­ría es­tar ha­cien­do. Hay gen­te que di­ce que con 10 pun­tos no eres un canal re­le­van­te. ¡Por fa­vor! un canal de te­le­vi­sión que sa­ca eso es más re­le­van­te que to­dos los dia­rios del país jun­tos. O sea, si con pro­gra­mas de ca­li­dad sa­cas 5 pun­tos, ha­ces la pren­sa es­cri­ta com­ple­ta en tér­mi­nos de in­fluen­cia.

O sea TVN no de­be­ría me­dir­se por ra­ting.

El mo­de­lo de TVN se hi­zo en los 90. El es­ce­na­rio cam­bió, el mo­de­lo ne­ce­si­ta ser dis­cu­ti­do. Y lo pri­me­ro que de­be­mos dis­cu­tir es qué ne­ce­si­ta­mos que ha­ga un canal pú­bli­co que no ha­cen los de­más. Cuan­do las te­le­se­ries tur­cas rin­dan más que na­da ¿qué canal cons­trui­rá iden­ti­dad?, ¿qué canal nos di­rá lo que he­mos si­do?, ¿qué canal cu­bri­rá los avan­ces de la cien­cia chi­le­na?, ¿qué canal de­nun­cia­rá las fa­llas del go­bierno, las co­lu­sio­nes de los gru­pos de in­te­rés?

¿No hay vuel­ta atrás a la te­le­vi­sión?

No. No hay vuel­ta. A los guio­nes sí, me gus­ta­ría vol­ver a es­cri­bir una se­rie en al­gún mo­men­to. Pe­ro tra­ba­jar den­tro de la te­le­vi­sión, co­mo eje­cu­ti­va, es­pe­ro que nun­ca más. Me gus­ta lo que es­toy ha­cien­do aho­ra: es­cri­bir.

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