MIL IDEAS

Ca­jo­nes lle­nos de ma­te­ria­les, li­bros, hi­los, te­las, co­lec­cio­nes va­rias: cu­cha­ras, tim­bres, mos­ta­ci­llas. Cin­co hi­jos dan­do vuel­tas, los ami­gos, los pe­rros y los mil pro­yec­tos que Mau­reen Chad­wick em­pie­za, ter­mi­na o de­ja a me­dias. Su li­bro No des pun­ta­da si

Paula - - Hecho A Mano - Por Ale­jan­dra Apa­bla­za / Fo­to­gra­fía: Ale­jan­dro Ara­ya

“Cuan­do lle­gue la ins­pi­ra­ción que te pi­lle tra­ba­jan­do”, es la fra­se de Pa­blo Pi­cas­so que la di­se­ña­do­ra Mau­reen Chad­wick hi­zo su­ya. De ahí que no pa­ra. Lo que to­ca lo em­be­lle­ce con tan­ta fa­ci­li­dad que no se da cuen­ta de có­mo lo ha­ce. Su ca­sa es­tá llena de te­so­ros que en­cuen­tra ca­mi­nan­do por el Per­sa Bío-bío y que a na­die le pa­re­ce­rían dig­nos de com­prar. Pe­ro que ella trans­for­ma y arre­gla ar­man­do es­pa­cios aco­ge­do­res, lle­nos de co­lor y crea­ti­vi­dad. En los años 80 fun­dó con una ami­ga, la van­guar­dis­ta tien­da Baux, una de las pri­me­ras bou­ti­ques de la ga­le­ría Drugs­to­re. Hi­zo ce­rá­mi­ca gres en el ta­ller Hua­ra Hua­ra; se fue a In­gla­te­rra, en don­de di­bu­jó mu­cho. Vol­vió ha­ce unos años y aho­ra bor­da y es­tu­dia car­pin­te­ría, sal­tan­do de la agu­ja al mar­ti­llo.

Sa­bes ha­cer muchas co­sas, ¿por qué te has in­tere­sa­do en apren­der tan­tos ofi­cios?

Tal vez tie­ne que ver con que me gus­ta in­ter­ve­nir las co­sas o des­con­tex­tua­li­zar­las. Me gus­ta dar­le un to­que per­so­nal a to­do. Si veo al­go que me gus­te en el per­sa me ima­gino có­mo y dón­de pue­do usar­lo, lo pinto o lo trans­for­mo un po­co pa­ra que se vea bo­ni­to. Bo­ni­to pa­ra mí, por­que no creo en eso del buen gus­to. El buen gus­to es al­go sub­je­ti­vo. Un es­pa­cio pue­de te­ner cier­ta ar­mo­nía y ver­se bien, pe­ro es po­si­ble que otra per­so­na lo en­cuen­tre ho­rri­ble.

¿Có­mo es al­go bo­ni­to pa­ra ti?

Me gus­tan las co­sas an­ti­guas y he­chas a mano. Voy mi­ran­do e ima­gi­nan­do es­pa­cios, tex­tu­ras o co­lo­res. Pro­ban­do has­ta que me con­ven­za. Me han pe­di­do que de­co­re ca­sas, pe­ro yo di­go que no. Im­po­si­ble. Tar­da­ría me­ses en dar con la ma­ni­lla per­fec­ta pa­ra una puer­ta y la de­ja­ría sin na­da has­ta en­con­trar­la.

¿Tie­nes mu­chos pro­yec­tos in­con­clu­sos?

Mi­les. Ten­go ca­jo­nes y ca­jo­nes con co­sas que no he ter­mi­na­do. Cuan­do em­pie­zo una idea nue­va, se me atra­vie­sa otra y así. Tra­to de ir ter­mi­nan­do lo que em­pie­zo con la vo­lun­tad de or­de­nar­me un po­co. Pe­ro soy de­ma­sia­do in­quie­ta. Si voy a ver a una ami­ga ter­mino po­dán­do­le el ár­bol o cam­bian­do el ma­ce­te­ro de lu­gar.

¿Te gus­ta el jar­dín tam­bién?

Sí, me en­can­ta to­do lo que ten­ga que ver con las ma­nos. Tam­bién co­cino. Mi ma­má es así. Yo creo que es­tas co­sas se imi­tan.

¿Y has se­gui­do ha­cien­do ro­pa?

Sí, pe­ro so­lo a mis cer­ca­nos. Una vez hi­ce un ves­ti­do de ma­dri­na. Era sen­ci­llo de ter­cio­pe­lo ro­jo, lar­go y con su­fi­cien­te rue­do co­mo pa­ra que se vie­ra bo­ni­to al bai­lar. Ella se veía es­pec­ta­cu­lar. Lo ha­go pa­ra que no se me ol­vi­de que al­gu­na vez tu­ve una tien­da de ro­pa.

¿Por qué es­tás apren­dien­do car­pin­te­ría?

Em­pe­cé ha­ce po­co por­que in­ten­té ha­cer una cu­cha­ra de ma­de­ra y me cor­té la mano. Ahí me di cuen­ta de que ne­ce­si­ta­ba apren­der a uti­li­zar las he­rra­mien­tas. Ha si­do muy ri­co apren­der, ade­más, voy con mi hi­jo ma­yor.

¿Có­mo te acer­cas­te al bor­da­do?

Cuan­do vol­ví de In­gla­te­rra sen­tí que mis di­bu­jos es­ta­ban muy es­tan­ca­dos en sus cro­que­ras. Yo di­bu­jo li­bre­men­te, no ten­go el len­gua­je de la ilus­tra­ción. Me da­ba vuel­tas qué po­día ha­cer con ellos. Has­ta que se me ocu­rrió em­pe­zar a bor­dar­los. Me me­tí al ta­ller Ro­co­có con la Ca­ro­li­na Gana, ella es se­ca, sa­be to­das las téc­ni­cas y es­ti­los.

El bor­da­do es una téc­ni­ca que se tra­ba­ja con cui­da­do, len­ta­men­te. Con tan­ta ener­gía, ¿có­mo te sien­tes en el re­po­so del bor­da­do?

Es ex­qui­si­to. Me cal­ma. Es to­tal­men­te te­ra­péu­ti­co. Lo lle­vo en la car­te­ra y si me to­ca es­pe­rar en al­gún la­do lo sa­co y bor­do. Cla­ro que tra­to de te­ner un buen ra­to pa­ra bor­dar. No creo en eso del bor­da­do ex­prés o esos ta­lle­res de un par de ho­ras. Me pa­re­ce que hay cier­ta li­vian­dad en có­mo se en­fo­can. El bor­da­do re­quie­re de con­cen­tra­ción y téc­ni­ca. Yo ne­ce­si­to un par de ho­ras por lo me­nos pa­ra em­pe­zar a bor­dar al­go. Re­cién ahí sien­to que el te­ma flu­ye.

¿Qué opi­nión tie­nes de la can­ti­dad de ta­lle­res de ma­nua­li­da­des que se ofre­cen hoy?

Creo que hay de to­do y me pa­re­ce súper bueno que se va­lo­re más el apren­der ofi­cios. Ha­ce unos 15 años, na­die ha­cía ta­lle­res, no ha­bía una ma­ne­ra de en­se­ñar. Uno iba a mi­rar có­mo tra­ba­ja­ba la bor­da­do­ra o el ar­tis­ta. Pe­ro tam­bién me pre­gun­to cuán­to real­men­te sa­ben de la téc­ni­ca los que ha­cen las cla­ses. Si real­men­te la han es­tu­dia­do o fue­ron a un ta­ller de fin de se­ma­na y al si­guien­te ya es­tán ha­cien­do las cla­ses.

La pri­me­ra edi­ción del li­bro No des pun­ta­da sin hi­lo, fue un éxi­to, ¿có­mo vie­ne la se­gun­da edi­ción?

Qui­si­mos in­cluir más bor­da­dos: a los que ya ha­bían, les su­mé 17. En al­gu­nos, las imá­ge­nes son más li­te­ra­les, pe­ro a otros tu­ve que dar­les va­rias vuel­tas por­que eran más com­ple­jos de in­ter­pre­tar. Que­dé fe­liz con el re­sul­ta­do. En es­ta edi­ción la ta­pa es­tá im­pre­sa en te­la. Pa­re­ce co­mo si es­tu­vie­ra bor­da­da de ver­dad.

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