“Me le­van­to ca­da ma­ña­na ale­gre por­que me sien­to con fuer­za y desafia­re­mos la me­di­ci­na to­dos los días”

Es­te vier­nes le en­tre­ga­rán el pre­mio Car­los Ca­sa­nue­va, el más im­por­tan­te que otor­ga la UC a sus pro­fe­so­res, ¿có­mo re­ci­be es­te re­co­no­ci­mien­to? De he­cho si­gue yen­do a San Joa­quín, lo he­mos vis­to par­ti­ci­pan­do en al­gu­nas con­fe­ren­cias.

Pulso - - Economia & Dinero -

—Con mu­cha hu­mil­dad, la ver­dad es que no lo es­pe­ra­ba. Yo ya me he sen­ti­do pre­mia­do to­da es­ta vi­da uni­ver­si­ta­ria, por­que es­tar en un lu­gar don­de uno ha­ce lo que le gus­ta y ade­más tra­ba­ja con los ami­gos, es muy agra­da­ble. Es­te es un pre­mio que no es­pe­ra­ba y que agra­dez­co in­fi­ni­ta­men­te. Yo he tra­ba­ja­do en po­cas par­tes en mi vi­da y siem­pre me he sen­ti­do muy gra­to. Ten­go los me­jo­res re­cuer­dos de mi vi­da en el Ban­co Cen­tral, que fue muy in­ten­sa, y tam­bién de mi ac­tual pa­so por la UC. En ese sen­ti­do, que me pre­mien, es un do­ble re­ga­lo pa­ra mí.

Us­ted es­ta­ba tra­ba­jan­do en un li­bro de economía mo­ne­ta­ria, ¿en qué va eso?

—Si­go tra­ba­jan­do en él muy en­tre­te­ni­do. La ver­dad es que cuan­do uno se in­vo­lu­cra en un texto se da cuen­ta que son in­ter­mi­na­bles y que pue­de pa­sar­se to­da la vi­da si no se le da cor­te en al­gún mo­men­to. Lo que he re­suel­to es te­ner una ver­sión pre­li­mi­nar de aquí a unos po­cos me­ses más, ver­sión que es­pe­ro dis­tri­buir en­tre al­gu­nos pro­fe­so­res de economía mo­ne­ta­ria y si las con­di­cio­nes se dan y los co­men­ta­rios son fa­vo­ra­bles, avan­za­ré to­do lo que pue­da des­pués.

¿A qué apun­ta el li­bro?

—Creo que los te­mas mo­ne­ta­rios en la dis­cu­sión y a ve­ces en al­gu­nos lu­ga­res en la do­cen­cia, son de­ja­dos de la­do por dis­cu­sión de te­mas ma­cro. Por ejem­plo, cuan­do se quie­re ex­pli­car la cri­sis de Leh­man Brot­hers se ape­la a un mon­tón de co­sas, pe­ro se sos­la­ya que al fi­nal ahí lo que hu­bo fue un gran des­cui- do de los deberes mo­ne­ta­rios de la Re­ser­va Fe­de­ral. Pien­so que vol­ver a la dis­cu­sión de los te­mas mo­ne­ta­rios, ex­pli­car có­mo fun­cio­nan las eco­no­mías mo­ne­ta­rias, có­mo son di­ná­mi­cas, có­mo de pron­to el con­cep­to di­ne­ro pue­de ser al­go tan cam­bian­te, son co­sas que un alumno de­be co­no­cer en detalle y en for­ma fa­mi­liar, y es­te li­bro apun­ta a res­ca­tar esa tra­di­ción que es­tá ín­ti­ma­men­te li­ga­da con la es­cue­la de Chica­go ade­más.

Pa­re­cie­ra que ha op­ta­do por en­fren­tar su en­fer­me­dad ale­ján­do­se lo me­nos po­si­ble de los te­mas que lo apa­sio­nan y de su tra­ba­jo.

—Ab­so­lu­ta­men­te, yo ten­go mu­cha ener­gía y mu­chas ga­nas de ha­cer co­sas, y mien­tras pue­da ha­cer­las las voy a ha­cer. Pro­ba­ble­men­te hay que cam­biar el mix de al­gu­nas co­sas. Hoy día no me sien­to con fuer­za pa­ra ha­cer cla­ses, pe­ro sí es­toy ha­cien­do es­te texto que es­pe­ro sea útil pa­ra los alum­nos en el fu­tu­ro. Y si Dios per­mi­te que ha­ga cla­ses, bueno, ha­bla­re­mos de eso. —Sí, efec­ti­va­men­te. El áni­mo es­tá siem­pre muy bien.

Y en es­te mi­nu­to, ¿qué es lo que más va­lo­ra?

—Lo de siem­pre: te­ner una vi­da in­te­rior se­re­na, tran­qui­la y en paz con Dios.

¿Es muy re­li­gio­so?

—Sí, eso no ha cam­bia­do en mí. Por eso lo to­mo con tan­ta calma y al mis­mo tiem­po con tan­to op­ti­mis­mo. Se­rá lo que Dios quie­ra y yo me le­van­to ca­da ma­ña­na ale­gre por­que me sien­to con fuer­za y desafia­re­mos la me­di­ci­na to­dos los días.

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