“Un nue­vo ca­so Al­fa no es im­po­si­ble, pe­ro es ex­tra­or­di­na­riam en­te más di­fí­cil”

¿El pro­nun­cia­mien­to del má­xi­mo tri­bu­nal ge­ne­ra más cer­te­zas al mer­ca­do?

Pulso - - Empresas&mercados - Una en­tre­vis­ta de LEO­NAR­DO CÁR­DE­NAS

EL FA­LLO de la Cor­te Su­pre­ma pu­so fin a uno de los ca­sos más re­le­van­tes del mer­ca­do ac­cio­na­rio en la úl­ti­ma dé­ca­da. Se tra­ta de la quie­bra de la co­rre­do­ra de bol­sa Al­fa que afec­ta­ra a la fa­mi­lia Con­tín, y que pu­so en en­tre­di­cho la ti­tu­la­ri­dad del do­mi­nio de ope­ra­cio­nes en ac­cio­nes si­mul­tá­neas.

El má­xi­mo tri­bu­nal re­cha­zó la de­man­da que in­ter­pu­sie­ra la so­cie­dad con­tro­la­do­ra de la co­rre­do­ra (Ac­son) que sos­te­nía que los tí­tu­los per­te­ne­cían a la quie­bra, al ser és­ta la com­pra­do­ra a pla­zo de las ac­cio­nes ob­je­to de la si­mul­tá­nea. Al­caíno Abo­ga­dos re­pre­sen­tó en es­te jui­cio a al­gu­nos de los corredores de bol­sa del país (La­rrai­nVial, BI­CE, Sco­tia, Pen­ta, Eu­roA­me­ri­ca y Tan­ner).

El fa­llo sen­tó jurisprudencia en ma­te­ria de ope­ra­cio­nes si­mul­tá­neas. La doc­tri­na con­fir­ma­da por la Cor­te Su­pre­ma, es­ta­ble­ce que el pro­pie­ta­rio de las ac­cio­nes en una ope­ra­ción si­mul­tá­nea vi­gen­te es el ven­de­dor a pla­zo, por apli­ca­ción de las nor­mas so­bre trans­fe­ren­cia de ac­cio­nes, es­ta­ble­ci­das en los ma­nua­les y re­gla­men­tos de las bol­sas de va­lo­res, la Ley de So­cie­da­des Anó­ni­mas, su re­gla­men­to, la Ley del De­pó­si­to Cen­tral de Va­lo­res (DCV) y las nor­mas ge­ne­ra­les del Có­di­go Ci­vil.

Pa­ra los abo­ga­dos Al­fre­do Al­caíno y Mar­ce­lo Gio­va­naz­zi, “no es im­po­si­ble, un nue­vo ca­so Al­fa, pe­ro es ex­tra­or­di­na­ria­men­te más di­fí­cil, da­das las re­cien­tes fa­cul­ta­des que se le han otor­ga­do a las Bol­sas que a la sa­zón no exis­tían”.

¿Cuán re­le­van­te re­sul­ta el fa­llo de la Cor­te Su­pre­ma pa­ra de­fi­nir qué es una ope­ra­ción si­mul­tá­nea pa­ra el mer­ca­do ac­cio­na­rio chi­leno?

(A)— Se tra­ta de un fa­llo muy re­le­van­te, por­que la Cor­te Su­pre­ma, en­ten­dien­do la im­por­tan­cia del con­flic­to es­ta­ble­ció en su sen­ten­cia la doc­tri­na y las nor­mas que ri­gen las ope­ra­cio­nes si­mul­tá­neas. El fa­llo de­jó ab­so­lu­ta­men­te en cla­ro que, cuan­do quie­bra una co­rre­do­ra, la pro­pie­dad de las ac­cio­nes es de los ven­de­do­res a pla­zo. Es­tos úl­ti­mos es­tán au­to­ri­za­dos pa­ra ven­der las ac­cio­nes ob­je­to de la ope­ra­ción si­mul­tá­nea, pa­gar­se del pre­cio adeu­da­do y si hay un re­ma­nen­te de­vol­vér­se­lo al com­pra­dor a pla­zo. Lo hi­zo muy bien por­que la Cor­te Su­pre­ma preo­cu­pa­da por el te­ma, qui­so de­jar es­ta­ble­ci­da es­ta doc­tri­na. (G)— La Cor­te Su­pre­ma en su fa­llo se preo­cu­pa de de­fi­nir, y ra­ti­fi­car los cri­te­rios del tri­bu­nal de pri­me­ra y se­gun­da ins­tan­cia, pa­ra de­fi­nir e iden­ti­fi­car una ope­ra­ción si­mul­tá­nea. La Cor­te pu­do ha­ber re­cha­za­do el re­cur­so de ca­sa­ción por un pro­ble­ma de for­ma, pe­ro co­mo era la pri­me­ra vez que se pro­du­cía el pro­ble­ma en Chi­le, la Cor­te tu­vo es­pe­cial preo­cu­pa­ción en de­fi­nir y de­ter­mi­nar có­mo ope­ran las ope­ra­cio­nes si­mul­tá­neas al am­pa­ro de la ley. En­ton­ces, el día de ma­ña­na cuan­do se pro­duz­ca un con­flic­to de si­mi­la­res ca­rac­te­rís­ti­cas, el fa­llo ac­tua­rá co­mo un fa­ro que alum­bra­rá la sa­na doc­tri­na. En su­ma, se es­tá en presencia de una sen­ten­cia só­li­da, re­fle­xi­va, se­ñe­ra y pa­ra­dig­má­ti­ca en es­ta ma­te­ria. (A)— El fa­llo ge­ne­ra cer­te­zas de­fi­ni­ti­vas, por­que lo que to­do el mun­do en­ten­día en el mer­ca­do es que las ac­cio­nes de las ope­ra­cio­nes si­mul­tá­neas per­te­ne­cían al co­rre­dor ven­de­dor a pla­zo y no al co­rre­dor com­pra­dor a pla­zo, mien­tras no pa­ga­ra el pre­cio. El fa­llo de la Su­pre­ma, pu­do ha­ber­se li­mi­ta­do a re­cha­zar el re­cur­so por for­ma, pe­ro se preo­cu­pó en es­ta­ble­cer las re­glas so­bre es­ta ma­te­ria. En eso la Cor­te en­ten­dió la na­tu­ra­le­za eco­nó­mi­ca que te­nía el con­flic­to.

¿El fa­llo de la Cor­te Su­pre­ma po­ne la lá­pi­da al ca­so Al­fa? ¿Que­da al­gu­na otra ins­tan­cia en tri­bunales?

(G)— Ter­mi­nó en la par­te ad­mi­nis­tra­ti­va, con la re­vo­ca­ción de la li­cen­cia de la co­rre­do­ra. Igual ter­mi­nó con las san­cio­nes que apli­ca­ra la Su­pe­rin­ten­den­cia de Va­lo­res y Se­gu­ros a Ale­jan­dro Con­tín y a uno o dos de sus hi­jos.

En la par­te pe­nal ter­mi­nó con la de­cla­ra­ción de la em­pre­sa Al­fa en quie­bra frau­du­len­ta. De­be ser uno de los úni­cos ca­sos en los que hay una con­de­na por quie­bra frau­du­len­ta. En la par­te ci­vil, ter­mi­nó con es­ta sen­ten­cia. Lo que si­gue aho­ra es la clau­su­ra de la quie­bra, por­que ese pro­ce­so se­guía pen­dien­te de es­te fa­llo. Aho­ra el sín­di­co po­drá ce­rrar es­te te­ma, ex­pli­can­do lo que se re­cu­pe­ró y lo que se per­dió. Los ban­cos son los prin­ci­pa­les per­ju­di­ca­dos.

¿Los ban­cos pue­den ha­cer al­go? ¿Cuál de ellos tu­vo un ma­yor im­pac­to con lo ocu­rri­do?

(A)— El BI­CE era un ban­co que te­nía lí­nea de cré­di­to con Al­fa, y le usa­ron to­da esa lí­nea. Y tam­bién su co­rre­do­ra te­nía ope­ra­cio­nes si­mul­tá­neas. En­ton­ces, en es­te as­pec­to al me­nos, el ban­co BI­CE evi­tó ser más per­ju­di­ca­do aún, por­que que­da­ron a fir­me las ope­ra­cio­nes si­mul­tá­neas. Pe­ro lo que per­dió por el uso de las lí­neas de cré­di­to que le usa­ron, no las va a re­cu­pe­rar por­que la co­rre­do­ra es in­sol­ven­te pa­ra pa­gar a los ban­cos. (G)— El BI­CE fue muy per­ju­di­ca­do por la quie­bra de Al­fa y de he­cho, fue quien pi­dió la quie­bra de la co­rre­do­ra.

¿Cuál fue la di­fe­ren­cia en­tre el ca­so Al­fa y el de la co­rre­do­ra de To­más Se­rrano, que tam­bién te­nía cus­to­dia­da ac­cio­nes y que hoy es­tá en la cár­cel?

(G)— Lo que hi­zo Se­rrano fue apro­piar­se de to­das las ac­cio­nes que los clien­tes te­nían en cus­to­dia, lue­go las enaje­nó e hi­zo in­ver­sio­nes a su nom­bre que lue­go las per­dió. A di­fe­ren­cia de Se­rrano, la fa­mi­lia con­tro­la­do­ra de Al­fa echó mano a las lí­neas de cré­di­tos que te­nían con los ban­cos y con esa pla­ta se preo­cu­pó de re­cu­pe­rar to­das las cus­to­dias de los clien­tes. Es de­cir, usan­do la pla­ta de los ban­cos com­pró las ac­cio­nes que te­nia en cus­to­dia y de las cua­les ha­bía dis­pues­to. En de­fi­ni­ti­va, re­cu­pe­ró el pa­tri­mo­nio de sus clien­tes, pa­ra que no lo me­tie­ran pre­so por el de­li­to de apro­pia­ción in­de­bi­da de cus­to­dia, lo cual cons­ti­tu­ye un de­li­to muy gra­ve. Tan­to así que, en un fa­llo re­cien­te se con­de­nó a pe­na de cár­cel efec­ti­va a To­más Se­rrano Pa­rot y a Jor­ge Fuen­za­li­da a 15 y 10 años, res­pec­ti­va­men­te. Es­tán en es­te mi­nu­to en la cár­cel

¿Hoy tal cual es­tá el mer­ca­do ac­cio­na­rio y sus re­gu­la­cio­nes pue­de ocu­rrir un nue­vo ca­so Al­fa?

(A)— Es im­po­si­ble hoy por dos ra­zo­nes. Hoy to­das las ac­cio­nes es­tán en el DCV, y ya no es­tán en cus­to­dia de los pro­pios corredores. Esa es una ra­zón que en ese tiem­po no exis­tía. Hoy to­dos los corredores tie­nen sus ac­cio­nes en el DCV. La se­gun­da ra­zón es que la SVS y las bol­sas de va­lo­res che­quean en for­ma pe­rió­di­ca que las ac­cio­nes es­tén res­pal­da­da en el DCV. De esa ma­ne­ra si se lle­ga­ra a pro­du­cir un fal­tan­te, se de­tec­ta­ría in­me­dia­ta­men­te. Es mu­cho más di­fí­cil ha­cer­lo por es­ta vía. Un nue­vo ca­so Al­fa no es im­po­si­ble, pe­ro es ex­tra­or­di­na­ria­men­te más di­fí­cil.

QUIE­BRA “BI­CE fue muy per­ju­di­ca­do por la quie­bra de Al­fa y, de he­cho, fue el que pi­dió la quie­bra de la co­rre­do­ra”.

CAM­BIO “En el mer­ca­do en­ten­dían que las ac­cio­nes de las ope­ra­cio­nes si­mul­tá­neas per­te­ne­cían al co­rre­dor ven­de­dor a pla­zo”.

RE­LE­VAN­CIA “El fa­llo de la Su­pre­ma, pu­do ha­ber­se li­mi­ta­do a re­cha­zar el re­cur­so por for­ma, pe­ro se preo­cu­pó en es­ta­ble­cer las re­glas”.

LA CLA­VE DE CONTIN “Re­cu­pe­ró el pa­tri­mo­nio de sus clien­tes, pa­ra que no lo me­tie­ran pre­so por el de­li­to de apro­pia­ción in­de­bi­da”.

Abo­ga­dos Al­fre­do Al­caíno (A) y Mar­ce­lo Gio­va­naz­zi (G)

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