Con­vic­ción de out­si­der

Pulso - - Opinion -

No­che his­tó­ri­ca. Ex­pli­ca­cio­nes van y vie­nen. Los pe­rio­dis­tas no lo pue­den creer. El mun­do expectante an­te el si­len­cio y desa­zón en la fies­ta pre­pa­ra­da por los de­mó­cra­tas. Las bol­sas asiá­ti­cas caen. El pe­so me­xi­cano se ha­ce tri­zas. Los es­ta­dos azu­les se em­pie­zan a te­ñir de ro­jo y el mun­do sim­ple­men­te no lo pue­de creer. Do­nald se con­vier­te en el hom­bre más po­de­ro­so del mun­do ele­gi­do en una vo­ta­ción con una ba­ja abs­ten­ción, que se­gu­ra­men­te se­rá mo­ti­vo de es­tu­dio. ¿Qué pa­só? Trump tu­vo el po­der de los po­de­res: la con­vic­ción. La con­vic­ción an­te un pue­blo sin con­vic­cio­nes, can­sa­do de la po­lí­ti­ca, tu­vo la ha­bi­li­dad de in­ter­pre­tar muy bien las ga­nas de vol­ver a creer en el eterno sue­ño ame­ri­cano con su slo­gan “Ma­ke Ame­ri­ca great again”. El out­si­der re­pu­bli­cano fue ca­paz de con­tras­tar su con­vic­ción de sal­va­dor con el mie­do más pro­fun­do y se­cre­to de sus elec­to­res: mie­do al te­rro­ris­mo, los emi­gran­tes, la de­lin­cuen­cia y la com­pe­ten­cia. Les ha­bló fuer­te y cla­ro, co­mo ne­ce­si­ta­mos que lo ha­gan cuan­do es­ta­mos asus­ta­dos, pe­ro a la vez les hi­zo ca­ri­ño con pro­me­sas de pro­tec­ción y se­gu­ri­dad. Y le re­sul­tó, pe­se a que no con­tó con los me­dios, ni con los nue­vos Ken­nedy, ni con los ros­tros de mo­da. Su es­tra­te­gia de ape­lar a lo más ín­ti­mo y pri­mi­ti­vo pu­do más. Ter­mi­nó con el es­ta­blish- ment, lo­gró un vo­to cru­za­do en­tre los más ri­cos con la pro­me­sa de los ba­jos im­pues­tos y los más ol­vi­da­dos con más Amé­ri­ca pa­ra ellos. Ter­mi­nó con las pre­dic­cio­nes y las pa­la­bras de bue­na crian­za. El mun­do y los mer­ca­dos es­tán en una ten­sa es­pe­ra de ver si cum­ple con su pro­me­sa de cam­bio o lo­gra ha­cer un Go­bierno de uni­dad. Cecilia Guz­mán

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