AL DES­NU­DO

Que Pasa - - GUÍA DEL OCIO -

los rit­mos pau­sa­dos; la ele­gan­cia del piano reem­pla­za las gui­ta­rras ro­can­ro­le­ras, y su voz, más dul­ce, se ale­ja del su­su­rro y del can­to afla­men­ca­do de an­ta­ño. “Cae la piel ro­ta, de­jan­do al des­cu­bier­to la otra”, can­ta en “Res­pi­rar”, y eso ha­ce en las le­tras y en la mú­si­ca: Be­be se des­nu­da. — Hay un cam­bio, pe­ro va­mos, tam­po­co me he ido a la mú­si­ca clá­si­ca — di­ce en­tre ri­sas—. Ca­da dis­co re­fle­ja una eta­pa dis­tin­ta de mi vi­da. Me ape­te­cía mu­cho es­te cam­bio, por­que que­ría ha­cer me­lo­días abier­tas; que­ría can­tar al ai­re, con la bo­ca bien abier­ta, con ga­nas. Y pa­ra eso el piano era un ele­men­to ma­ra­vi­llo­so que te­nía re­ser­va­do. Cuan­do Car­los (Jean) in­ten­ta­ba me­ter al­gún piano en los otros dis­cos, yo le de­cía “es­pe­ra, va­mos a de­jar­lo pa­ra cuan­do sea ma­yor”. Creo que ya lle­gó el mo­men­to y sa­lió de ma­ne­ra muy na­tu­ral.

—¿Có­mo de­fi­ni­rías el es­ta­do de áni­mo de

Cam­bio de piel? — Hay can­cio­nes mu­cho más ale­gres, co­mo “Que llue­va” o “Más que a mi vi­da”, las que tie­nen que ver con la ale­gría de ha­ber si­do ma­má y con las ga­nas de ha­cer can­cio­nes que a mi hi­ja le gus­ten y ten­ga ga­nas de can­tar. Cuan­do eres ma­dre to­mas una pers­pec­ti­va di­fe­ren­te de las co­sas, re­la­ti­vi­zas. Y en es­tos 4 años que se­pa­ran los úl­ti­mos dis­cos ce­rré eta­pas a ni­vel per­so­nal y pro­fe­sio­nal. Y pues la edad, la ma­du­rez, van ha­cien­do que tem­ples tu for­ma de de­cir las co­sas. Te to­mas to­do de otra ma­ne­ra,

con un po­co más de so­sie­go.

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