Hi­llary ver­sus Clin­ton

Que Pasa - - POSTEOS - [ Por Sebastián Ri­vas, des­de Chica­go ]

DES­DE EL MAR­TES PA­SA­DO, CON LA AME­NA­ZA REAL DE BER­NIE SAN­DERS YA TER­MI­NA­DA, HI­LLARY CLIN­TON SE DE­BE­RÁ CON­CEN­TRAR EN LA ELEC­CIÓN GE­NE­RAL. AL FREN­TE TEN­DRÁ UN RI­VAL MÁS TE­MI­BLE QUE DO­NALD TRUMP: ELLA MIS­MA Y LA IMA­GEN QUE HA­CE QUE BUE­NA PAR­TE DE LOS ES­TA­DOU­NI­DEN­SES LA MI­REN CON RE­CE­LO, PE­SE A MÁS DE DOS DÉ­CA­DAS DE TRA­YEC­TO­RIA.

Era la no­che de un día frío y nevado en un es­ta­do en que sa­bía que iba a per­der, pe­ro Hi­llary Clin­ton no que­ría de­jar la par­te de aba­jo del es­ce­na­rio. En Man­ches­ter, New Ham­ps­hi­re, una ciu­dad de 100 mil ha­bi­tan­tes que en pleno fe­bre­ro se vol­vía por mo­men­tos im­po­si­ble de tran­si­tar, la ex pri­me­ra da­ma sa­lu­da­ba una por una a más de 300 per­so­nas que se agol­pa­ban en las pe­que­ñas ba­rre­ras que las se­pa­ra­ban de la can­di­da­ta, que se reía al in­ten­tar es­ti­rar­se pa­ra dar la mano a la gen­te de la ga­le­ría. Las en­cues­tas y la ló­gi­ca in­di­ca­ban en ese mo­men­to lo que ocu­rri­ría unos días des­pués: que su ri­val, Ber­nie San­ders, le ga­na­ría por 20 pun­tos por­cen­tua­les. A ella no pa­re­cía im­por­tar­le. Lo que en otros lu­ga­res y ca­sos po­dría ser una anéc­do­ta de de­di­ca­ción e in­te­rés por los vo­tan­tes, en el ca­so de Hi­llary se lee a tra­vés del cris­tal con el que se le ha me­di­do des­de ha­ce ca­si 25 años: una po­lí­ti­ca pro­fe­sio­nal, que vi­ve, sue­ña y tra­ba­ja pa­ra ser la pre­si­den­ta de Es­ta­dos Uni­dos y que en el

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