BUE­NOS DÍAS,

Que Pasa - - GUÍA DEL OCIO - [ Por Ale­jan­dra Cos­ta­mag­na ]

“En 1959 la tris­te­za to­da­vía ser­vía pa­ra al­go”, di­ce la mu­jer so­bre el es­ce­na­rio en pe­num­bras. Usa un mi­cró­fono y con sus pa­la­bras di­bu­ja el con­tex­to y el cli­ma afec­ti­vo del mon­ta­je tea­tral que ve­mos hoy, vein­ti­sie­te años más tar­de. La mu­jer es la ac­triz Car­mi­na Rie­go y la obra, Pa­re­ci­do a la fe­li­ci­dad, de Ale­jan­dro Sie­ve­king, que por es­tos días di­ri­ge Fran­cis­co Al­bor­noz. Es­cri­ta por el au­tor de La re­mo­lien­da y lle­va­da a es­ce­na en 1959 por un de­bu­tan­te Víc­tor Ja­ra co­mo pie­za de egre­so de la Es­cue­la de Tea­tro de la Uni­ver­si­dad de Chi­le, la obra fue pre­mia­da en el Con­cur­so Na­cio­nal de la Mu­ni­ci­pa­li­dad de San­tia­go y se trans­for­mó en un éxi­to in­me­dia­to. Con Bél­gi­ca Cas­tro y el mis­mo Sie­ve­king en el elen­co, el mon­ta­je es­tu­vo cin­co años en cartelera, via­jó por bue­na par­te de Amé­ri­ca La­ti­na y en 1964 fue trans­mi­ti­do por te­le­vi­sión. Y aun­que no sa­be­mos pa­ra qué dia­blos ser­vía en­ton­ces la tris­te­za, sí po­de­mos apos­tar a que el es­pí­ri­tu ju­ve­nil y con­tes­ta­ta­rio de la épo­ca abría ca­mi­nos a una vo­ra­ci­dad de en­tu­sias­mos en la vi­da co­ti­dia­na. Y eso se re­fle­ja­ba en es­ce­na: “¡ Es­toy abu­rri­da de las co­sas de­cen­tes y nor­ma­les! Quie­ro ser fe­liz, ma­má, ¡ de cual­quier mo­do!”, di­ce la vein­tea­ñe­ra Ol­ga ha­cia el co­mien­zo, cuan­do ha to­ma­do la de­ci­sión de mu­dar­se con el no­vio, con­tra la vo­lun­tad de su ma­dre y sin es­tar enamo­ra­da. Pa­re­ci­do a la fe­li­ci­dad es la his­to­ria de un trián­gu­lo amo­ro­so en­tre Ol­ga, el Grin­go y Víc­tor, tres jó­ve­nes pro- vin­cia­nos de cla­se me­dia que in­ten­tan ser con­se­cuen­tes con sus ideas y sus in­tui­cio­nes afec­ti­vas. En el mon­ta­je de Al­bor­noz la ma­dre de la mu­cha­cha ( Rie­go) no só­lo po­ne en tensión la vo­lun­tad de la hi­ja, sino que abre una grie­ta en el re­gis­tro rea­lis­ta y ac­ti­va una pro­pues­ta es­cé­ni­ca que reac­tua­li­za la obra. Los ac­to­res es­ta­rán siem­pre a la vis­ta, el ba­ño se­rá un si­llón ro­jo con una luz de neón en­cen­di­da, los mu­ros se cae­rán mien­tras los afectos se tri­zan. Y tal co­mo es­cu­cha­mos a la mu­jer del ini­cio fren­te al mi­cró­fono, ha­cia el fi­nal se­rá Ol­ga quien se ubi­que en la pe­num­bra y nos vuel­va a in­ter­pe­lar. Tris­te aho­ra, la mu­cha­cha, co­mo si su­pie­ra que en el fu­tu­ro la fe­li­ci­dad ha­brá des­apa­re­ci­do pa­ra siem­pre.

“Pa­re­ci­do a la fe­li­ci­dad”: has­ta el 3 de ju­lio en el Tea­tro Fi­nis Te­rrae.

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