LI­MA GO­LO­SA

Que Pasa - - GUÍA DEL OCIO - [ Por Yenny Cá­ce­res ]

Co­mer nun­ca fue tan co­ol. Los chefs son las nuevas es­tre­llas de rock. Net­flix les de­di­ca do­cu­men­ta­les y el hom­bre tras el nue­vo res­tau­ran­te nú­me­ro 1 del mun­do, el ita­liano Mas­si­mo Bot­tu­ra del Os­te­ria Fran­ces­ca­na, fue uno de los pro­ta­go­nis­tas de la pri­me­ra tem­po­ra­da de Chef ’s Ta­ble. Hoy, los chefs ha­blan co­mo si fue­ran cien­tí­fi­cos o ar­tis­tas. Ha­blan de bio­di­ver­si­dad, de in­no­va­ción, de pro­duc­tos en­dé­mi­cos, y todo sue­na a ve­ces ex­tre­ma­da­men­te re­bus­ca­do y ago­ta­dor. Hoy, se­gu­ro, al­guien es­tá ha­cien­do un do­cu­men­tal con Mit­suha­ru Tsu­mu­ra. De pa­dres ja­po­ne­ses, Mi­cha, co­mo le di­cen en Pe­rú, fue una de las gran­des sor­pre­sas de la lis­ta de los 50 me­jo­res res­tau­ran­tes del mun­do, que se co­no­ció ha­ce po­cos días y que ela­bo­ra la re­vis­ta Res­tau­rant. Mi­cha y su res­tau­ran­te Mai­do se pe­ga­ron un sal­to acro­bá­ti­co, del 44 al lu­gar 13. Que­dó co­mo el se­gun­do de Pe­rú, des­pla­zan­do al im­pe­rio Acu­rio y su Astrid y Gas­tón, que ca­yó del pues­to 14 al 30. Bas­tan­te más atrás que el cuar­to lu­gar de Vir­gi­lio Mar­tí­nez y el Cen­tral, es cier­to, pe­ro si co­mer hoy es una ex­pe­rien­cia, co­mo re­pi­ten los chefs, el ga­na­dor, en esa tie­rra ben­di­ta y go­lo­sa que es Li­ma, es otro. El Cen­tral po­drá es­tar cuar­to, pe­ro co­mo ex­pe­rien­cia, si vas co­mo un sim­ple mor­tal/su­da­ca y no co­mo in­vi­ta­do o tu­ris­ta grin­go/eu­ro­peo, el Mai­do es mu­cho más de­mo­crá­ti­co. Por­que si pa­gas ca­si 300 dó­la­res por una ce­na pa­ra dos, lo mí­ni­mo que es­pe­ras es que te pon­gan con vis­ta a la co­ci­na. Una de las pro­me­sas del Cen­tral es eso, un gran vi­drio pa­ra que los co­men­sa­les vean con sus pro­pios ojos a Vir­gi­lio, la es­tre­lla, un ti­po con pin­ta de ac­tor, un Gael Gar­cía Ber­nal de la gas­tro­no­mía, en ac­ción. Cuan­do con­si­gues eso só­lo des­pués de ha­ber re­cla­ma­do, es que al­go no an­da tan bien. Fren­te a la frial­dad del Cen­tral, el Mai­do fue una sal­va­ción nik­kei. No só­lo por­que es mu­cho más ba­ra­to o por­que cuan­do lle­gas los mo­zos te dan la bien­ve­ni­da ale­gres, al gri­to de “¡ mai­do!”, una for­ma de de­cir bien­ve­ni­dos en Ja­pón. O por su en­vol­ven­te de­co­ra­ción, con esas cuer­das que cuel­gan del te­cho co­mo los qui­pus in­cai­cos y que crean una at­mós­fe­ra má­gi­ca. Mi­cha ha lle­va­do a la co­ci­na nik­kei, a esa mez­cla en­tre la gas­tro­no­mía pe­rua­na y ja­po­ne­sa, a un ni­vel su­pe­rior, don­de la ex­plo­ra­ción de nue­vos sa­bo­res va siem­pre de la mano del go­zo. Y así, Mai­do, más allá de las ex­plo­ra­cio­nes y de los ran­kings, ofre­ce esa res­pues­ta tan bá­si­ca que to­dos que­re­mos es­cu­char cuan­do ha­bla­mos de co­mi­da. ¿Y es ri­co? Sí, es muy ri­co.

Res­tau­ran­te Mai­do, en Li­ma. www.mai­do.pe

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