LA CON­QUIS­TA DEL CIE­LO

Que Pasa - - NEGOCIOS - [ Por Ni­co­lás Alon­so // Ilus­tra­ción: Vi­cen­te Rei­na­mon­tes ]

Es­ta se­ma­na, el as­tró­no­mo Ri­car­do Fin­ger co­men­zó la pro­duc­ción de los 66 len­tes chi­le­nos que se ins­ta­la­rán en los ra­da­res de AL­MA. La Ban­da 1, que bus­ca­rá las par­tí­cu­las que die­ron ori­gen a la vi­da, es el pri­me­ro de una se­rie de ade­lan­tos que tam­bién in­clu­yen un re­cep­tor más lim­pio de la se­ñal es­pa­cial. Su ob­je­ti­vo es trans­for­mar a Chi­le, has­ta hoy un sim­ple in­qui­lino, en un ac­tor lí­der en el mer­ca­do de los ra­dio­te­les­co­pios.

Un pe­lo, ese es el lí­mi­te. Si el error fue­ra más gran­de que cin­cuen­ta mi­lé­si­mas de mi­lí­me­tro, que un pe­lo hu­mano, to­do ha­bría si­do en vano. Y ven­dría lo de siem­pre: pre­ci­sar los al­go­rit­mos, re­vi­sar los ins­tru­men­tos, en­con­trar un error en cálcu­los que po­drían ser in­fi­ni­tos, por­que fue­ron he­chos pa­ra per­ci­bir lo in­fi­ni­to. Un pe­lo es el lí­mi­te, y es­te len­te, que pa­re­ce un vul­gar dis­co de plás­ti­co blanco pe­ro pron­to se­rá uno de los ojos más pre­ci­sos que ja­más ha­yan mirado el uni­ver­so, es el pri­me­ro que lo ha lo­gra­do. Es­tá apo­ya­do so­bre una me­sa, co­mo un tras­to más en una ha­bi­ta­ción que, ex­cep­to por dos enor­mes má­qui­nas en el cen­tro, no pa­re­ce más que un ta­ller me­cá­ni­co. Hay sol­da­do­ras, ca­bles, una ra­dio vie­ja, res­tos de alu­mi­nio por to­das par­tes y otros pe­da­zos de plás­ti­co –po­li­eti­leno de al­ta den­si­dad– que pron­to se con­ver­ti­rán en len­tes. Se­rán 66 en to­tal, uno pa­ra ca­da ra­dio­te­les­co­pio de AL­MA, el cen­tro as­tro­nó­mi­co más po­de­ro­so cons- trui­do por el ser hu­mano, y el más gran­de gru­po de an­te­nas des­de don­de hoy in­te­rro­ga­mos al cie­lo. El as­tró­no­mo y doc­tor en In­ge­nie­ría Eléc­tri­ca Ri­car­do Fin­ger, de 38 años, ca­mi­na por en­tre las dos enor­mes má­qui­nas, un torno y una fre­sa­do­ra que aca­ban de ta­llar un se­gun­do dis­co, que lue­go de ocho años de de­sa­rro­llo tam­bién pa­sa­rá a ocu­par la Ban­da 1 de los te­les­co­pios de AL­MA. Des­de que en 2008 re­nun­ció a su pues­to en el equi­po de en­sam­bla­je de los 66 ra­da­res del gi­gan­tes­co com­ple­jo as­tro­nó­mi­co y se re­clu­yó aquí, en el La­bo­ra­to­rio de Ins­tru­men­ta­ción As­tro­nó­mi­ca de la Uni­ver­si­dad de Chi­le, su ob­je­ti­vo ha si­do ese: ser ca­paz de di­se­ñar len­tes pa­ra AL­MA, una proeza en un país que, has­ta hoy, só­lo ha­bía cons­trui­do las ru­tas ha­cia los ob­ser­va­to­rios. No só­lo los len­tes, tam­bién su res­pec­ti­vos horns, una pie­za de me­tal que ca­be en una mano y que trans­for­ma­rá los ecos del uni­ver­so en mo­vi­mien­tos de elec­tro­nes,

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