LA MÁ­QUI­NA DEL TIEMPO

Que Pasa - - GUÍA DEL OCIO - [ Por Gonzalo Maier]

Pa­sa­ban los años y los ru­mo­res se­guían cre­cien­do: que al pa­re­cer sa­ca­rían un nue­vo dis­co, que ya no to­ca­rían más, que a ve­ces en la vi­da bas­ta y so­bra un álbum, y na­da más que un álbum. La es­cue­ta dis­co­gra­fía de The Ava­lan­ches — Sin­ce I Left You (2000)— es­tu­vo lle­na de aplau­sos y ce­le­bra­cio­nes cuan­do el Y2K —¿al­guien lo re­cuer­da?— re­cién de­ja­ba de ser un fan­tas­ma, Eduar­do Frei le en­tre­ga­ba la ban­da pre­si­den­cial a Ri­car­do La­gos y esos dos avio­nes to­da­vía no cho­ca­ban con­tra las To­rres Ge­me­las. Otro mun­do, por de­cir­lo en dos pa­la­bras. En esa épo­ca, la ban­da aus­tra­lia­na lo­gró una fa­ma ale­gre y du­ra­de­ra gracias a mez­clas her­mo­sas y a can­cio­nes he­chas con pe­da­zos de otras can­cio­nes. Cla­ro que tras 16 años y una pi­la de ru­mo­res, aho­ra los mú­si­cos de­trás de The Ava­lan­ches vuel­ven co­mo los per­so­na­jes de esas pe­lí­cu­las que re­vi­ven cuan­do to­dos los da­ban por muertos. Y lo ha­cen con tan­ta gra­cia que la mis­mí­si­ma can­ción que abre Wild­flo­wer, el nue­vo dis­co, ya con­fir­ma que su sello si­gue in­tac­to y, por eso, cuan­do los mu­cha­chos de Mel­bour­ne di­cen que es­tu­vie­ron 11 años pre­pa­ran­do el álbum, uno pien­sa que no es cier­to, que aquí no ha pa­sa­do el tiempo, que en reali­dad aca­ba­mos de via­jar al pa­sa­do y, por ar­te de ma­gia, otra vez somos jó­ve­nes.

“Wild­flo­wer”, de The Ava­lan­ches.

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