La pis­ci­na más rá­pi­da

Que Pasa - - POSTEOS - [ Por Fe­li­pe Hur­ta­do H. ]

Hay tres dis­ci­pli­nas que rap­tan la aten­ción en los Jue­gos Olím­pi­cos: la gimnasia, la natación y el atle­tis­mo. Cla­ro que en­tre ellas exis­te una sub­di­vi­sión, don­de lo que su­ce­de en la pis­ci­na y el re­kor­tán ge­ne­ran la ma­yor can­ti­dad de ar­tícu­los y ho­ras de te­le­vi­sión. La or­ga­ni­za­ción tam­bién lo en­tien­de así y les asig­na su espacio por se­pa­ra­do en el ca­len­da­rio: la pri­me­ra se­ma­na pa­ra el agua; la se­gun­da, pa­ra la pis­ta y cam­po. Las más gran­des his­to­rias de Río 2016 en sus pri­me­ros días han sa­li­do de la pi­le­ta, don­de la prin­ci­pal ha si­do la co­lec­ción sin fin de oros por par­te de Mi­chael Phelps, el de­por­tis­ta olím­pi­co más exi­to­so de to­dos los tiem­pos, que con ca­da cha­pu­zón de­mues­tra que su regreso, des­pués de que en Lon­dres 2012 anun­cia­ra su re­ti­ro, es­tá le­jos de ser un ca­pri­cho. Una de las que le si­gue es la es­ta­dou­ni­den­se Ka­tie Le­decky, quien le ha da­do sus­ten­to a las ex­pec­ta­ti­vas en torno a su fi­gu­ra. La for­ma en que ga­nó la fi­nal de los 400 li­bres, con ca­si cin­co se­gun­dos sobre la bri­tá­ni­ca Jaz­min Car­lin, es una de las ma­yo­res mues­tras de con­tun­den­cia que se han vis­to. La hún­ga­ra Ka­tin­ka Hoss­zú no se ha que­da­do atrás y en los 400 com­bi­na­dos mar­có una di­fe­ren­cia si­mi­lar con su es­col­ta, Ma­ya Di­Ra­do, de­mos­tran­do su dis­po­si­ción a pe­lear por el trono de la pis­ci­na. La sue­ca Sa­rah Sjös­tröm les si­gue las bra­za­das. En­tre las tres can­di­da­tas a ser la rei­na del Olym­pic Aqua­tics Sta­dium exis­te un de­no­mi­na­dor co­mún: to­das han ro­to mar­cas mun­dia­les en Bra­sil. Du­ran­te los pri­me­ros cua­tro días de com­pe­ten­cia ca­ye­ron seis ré­cords del mun­do y otros ocho olím­pi­cos. A los de ellas se agre­gan los dos pla­ne­ta­rios que que­bró el bri­tá­ni­co Adam Peaty en los 100 pe­cho y el de Aus­tra­lia en el 4x100 fe­me­nino. Los pro­nós­ti­cos creen po­si­ble que cai­gan más has­ta el sá­ba­do y así su­pe­rar los nue­ve pla­ne­ta­rios de Lon­dres 2012 ( los 25 de Bei­jing 2008, con los po­lé­mi­cos tra­jes, re­sul­tan im­po­si­bles de igua­lar). Se es­pe­ra­ba que así fue­ra. Y no tan só­lo por la ca­li­dad de los na­da­do­res. Aun­que el equi­pa­mien­to pue­de te­ner un pa­pel en la re­duc­ción de tiem­pos, lo que de­mues­tran los 133 re­gis­tra­dos en 2008, la ma­yo­ría de ellos gra­cias al po­liu­re­tano que ayu­da­ba a la flo­ta­ción y que lue­go se­ría prohi­bi­do, la ve­lo­ci­dad de la pis­ci­na ha ido ad­qui­rien­do un rol im­por­tan­te en es­ta mi­sión. Sue­na ra­ro, pe­ro no cual­quier al­ber­ca tie­ne las con­di­cio­nes pa­ra apor­tar­le dis­tin­ción a la ac­tua­ción de los de­por­tis­tas. Co­mo to­do es­ce­na­rio que as­pi­re a jor­na­das me­mo­ra­bles, la de Río 2016 cum­ple con es­pe­ci­fi­ca­cio­nes téc­ni­cas que le per­mi­ten ser con­si­de­ra­da rá­pi­da. Mu­chas de ellas si­guen un ca­mino ya tra­za­do, co­mo la pro­fun­di­dad uni­for­me de tres me­tros y los ca­na­les en los bor­des, que dis­mi­nu­yen el olea­je que se ge­ne­ra en com­pe­ten­cia. O que la tem­pe­ra­tu­ra de los 3,7 mi­llo­nes de li­tros ver­ti­dos en ella fluc­túe en­tre 25 y 28 gra­dos Cel­sius. Ni más fría pa­ra que los múscu­los no se aprie­ten; ni más cá­li­da, pa­ra evi­tar que se re­la­jen de­ma­sia­do. Más en par­ti­cu­lar, es­te di­se­ño pu­so acen­to en el con­cep­to de sus­ten­ta­bi­li­dad, de ahí que la es­truc­tu­ra nó­ma­de, que una vez finalizados los Jue­gos se­rá trans­for­ma­da en dos cen­tros acuá­ti­cos, cuen­te con 15 mil agu­je­ros es­tra­té­gi­ca­men­te ubi­ca­dos pa­ra for­mar un sis­te­ma de ven­ti­la­ción na­tu­ral su­ma­men­te es­tu­dia­do, pa­ra evi­tar que el ca­lor ex­terno mo­di­fi­que las con­di­cio­nes in­ter­nas. Igual­men­te ana­li­za­das fue­ron la ilu­mi­na­ción, la ubi­ca­ción de las tri­bu­nas, co­lo­ca­das a 10 me­tros del agua, y la acús­ti­ca, pa­ra con­se­guir un bu­lli­cio en­sor­de­ce­dor por par­te de 15 mil per­so­nas. No to­do es in­ge­nie­ría. Es muy pro­ba­ble, in­clu­so, que sea ape­nas una pe­que­ña por­ción del éxi­to. Mu­cho más im­por­tan­te es la mo­ti­va­ción dis­tin­ti­va que el es­ce­na­rio ge­ne­ra en­tre los com­pe­ti­do­res, al­go que Ka­tie Le­decky des­cri­bió así: “Son los Jue­gos Olím­pi­cos. To­dos quie­ren na­dar lo más rá­pi­do po­si­ble y se pre­pa­ran du­ran­te cua­tro años pa­ra ha­cer­lo”. La mi­sión de Río 2016 era en­tre­gar la se­de ideal. El res­to de­pen­día de ellos. Co­mo siem­pre.

CO­MO ERA DE ES­PE­RAR, LA PI­LE­TA DE RÍO 2016 HA VIS­TO CAER VA­RIAS MAR­CAS PLANETARIAS EN ES­TOS DÍAS. A LA IN­DIS­CU­TI­BLE CA­LI­DAD DE LOS NA­DA­DO­RES, SE SU­MA­RON LAS CON­DI­CIO­NES ES­PE­CIA­LES QUE DE­BE TE­NER UN ES­CE­NA­RIO OLÍM­PI­CO QUE SE PRE­CIE DE TAL.

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