El nue­vo Con­gre­so nor­te­ame­ri­cano

Que Pasa - - POSTEOS -

[Se­bas­tián So­to Ve­las­co, Li­ber­tad y Desa­rro­llo]

Aun­que no fue el te­rre­mo­to que sig­ni­fi­có el re­sul­ta­do pre­si­den­cial, la elec­ción par­la­men­ta­ria en Es­ta­dos Uni­dos tam­bién fue una sor­pre­sa. En el Se­na­do, un ter­cio de sus in­te­gran­tes de­bían re­no­var­se y ca­si to­dos apos­ta­ban que la ma­yo­ría vol­ve­ría a ma­nos de los de­mó­cra­tas. El New York Ti­mes les da­ba un 52% de pro­ba­bi­li­da­des y el Huf­fing­ton Post, mos­tran­do po­ca sin­to­nía con la reali­dad, un 93%. Na­da de eso ocu­rrió. Los re­pu­bli­ca­nos ten­drán 52 se­na­do­res si la se­gun­da vuel­ta en Loui­sia­na ter­mi­na fa­vo­re­cien­do a su can­di­da­to, co­mo es pro­ba­ble. Así, po­drán ra­ti­fi­car sin con­tra­tiem­pos los mi­nis­tros, em­ba­ja­do­res y de­más fun­cio­na­rios que de­ba de­sig­nar Trump. De pa­so, se­gui­rán eli­gien­do jue-

ces y, tal vez lo más sen­ti­do, al su­ce­sor de Sca­lia en la Cor­te Su­pre­ma. En­tre los ga­na­do­res, uno de los más ce­le­bra­dos fue Mar­co Rubio, se­na­dor re­elec­to por Flo­ri­da. Tras una só­li­da victoria, don­de ob­tu­vo más vo­tos que el pro­pio Trump, Rubio ha vuel­to a la pri­me­ra lí­nea y no de­be ex­tra­ñar que vol­va­mos a oír de él cuan­do se ha­ble de pre­si­den­cia­bles. Y pa­ra los de­mó­cra­tas, la elec­ción de Cat­he­ri­ne Cor­tez Mas­to por Ne­va­da no so­lo tra­jo la tran­qui­li­dad del re­sul­ta­do en uno de los es­ta­dos que se anun­cia­ban más in­cier­tos, sino que tam­bién el sim­bo­lis­mo de ser ella la pri­me­ra se­na­do­ra de ori­gen la­tino que lle­ga al Se­na­do. En la Cá­ma­ra hu­bo me­nos sor­pre­sas y los re­pu­bli­ca­nos man­tu­vie­ron su só­li­da ven­ta- ja. Lo re­le­van­te ahí era el día des­pués. El lí­der de la ma­yo­ría, Paul Ryan, se en­fren­tó más de una vez a Trump du­ran­te la cam­pa­ña. Lo cri­ti­có por sus co­men­ta­rios ra­cis­tas y más tar­de, tras la fil­tra­ción de las po­lé­mi­cas gra­ba­cio­nes de Trump y su tra­to a las mu­je­res, Ryan anun­ció pú­bli­ca­men­te que se en­fo­ca­ría en las elec­cio­nes le­gis­la­ti­vas y se ol­vi­da­ría de las pre­si­den­cia­les. Por eso es que el Pre­si­den­te elec­to lo de­fi­nió co­mo un “lí­der débil e in­efi­caz”. Pe­ro tras la victoria las co­sas han cam­bia­do. No obs­tan­te mu­chos re­pu­bli­ca­nos, aso­cia­dos en el Free­dom cau­cus, que­rían de­sig­nar un nue­vo lí­der más pró­xi­mo a Trump, el prag­ma­tis­mo de la po­lí­ti­ca lle­vó a que el mar­tes vol­vie­ran a ele­gir a Ryan co­mo su lí­der. Y es que los 100 pri­me­ros días son claves pa­ra lle­var ade­lan­te la agen­da del Eje­cu­ti­vo y la má­xi­ma es en­fo­car­se en ello. Lo que vie­ne en el Ca­pi­to­lio es to­da­vía in­cier­to. Trump no ma­ne­ja los pa­si­llos del Con­gre­so pe­ro, en es­tos días ha ido configurando un trío que los co­no­cen bien y que se­rían los en­car­ga­dos de li­de­rar a los re­pu­bli­ca­nos: Pen­ce, el vice pre­si­den­te, McConnell y Ryan, lí­de­res del Se­na­do y de la Cá­ma­ra. Es pro­ba­ble que a ellos les co­rres­pon­da dar con­te­ni­do a las “cu­ñas” de Trump ta­les co­mo el re­em­pla­zo del Oba­ma­ca­re o el anun­cia­do pro­gra­ma de in­fra­es­truc­tu­ra. Con to­do, la pre­gun­ta to­da­vía sin res­pues­ta es có­mo se­rá en el tiem­po la re­la­ción de la ma­yo­ría re­pu­bli­ca­na con su pre­si­den­te. Mu­chos re­pu­bli­ca­nos han si­do du­ros crí­ti­cos de Trump, a quien ca­li­fi­can co­mo un po­pu­lis­ta ale­ja­do de los prin­ci­pios. Pe­ro otros tan­tos ven en él una ca­pa­ci­dad de co­nec­tar con el elec­to­ra­do y ha­cer car­ne eso que ya pre­di­ca­ba Ni­xon: re­pre­sen­tar a la América si­len­cio­sa. Es­ta ten­sión re­su­ci­ta uno de los te­mo­res más pro­fun­dos del Partido Re­pu­bli­cano, al de­cir de Mic­kleth­wait y Wool­drid­ge. En su li­bro, Una Na­ción Con­ser­va­do­ra, es­cri­bie­ron ha­ce ya años que uno de los ma­yo­res desafíos del GOP era sa­ber li­diar con el fan­tas­ma de la in­to­le­ran­cia y el ex­tre­mis­mo que aflo­ra­ba de vez en cuan­do en la de­re­cha ame­ri­ca­na. To­do in­di­ca que ha lle­ga­do ese mo­men­to y que pron­to sa­bre­mos si apren­die­ron la lec­ción.

LO QUE VIE­NE EN EL CA­PI­TO­LIO ES TO­DA­VÍA IN­CIER­TO. TRUMP NO CO­NO­CE LOS PA­SI­LLOS DEL CON­GRE­SO PE­RO, EN ES­TOS DÍAS, HA IDO CONFIGURANDO UN TRÍO QUE LOS CO­NO­CEN BIEN: PEN­CE, EL VICE PRE­SI­DEN­TE, MCCONNELL Y RYAN, LÍ­DE­RES DEL SE­NA­DO Y DE LA CÁ­MA­RA.

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