CON­TRA EL CUER­PO

JU­LIO PE­RAL­TA HI­ZO NO­TI­CIA AL AL­CAN­ZAR LOS CUAR­TOS DE FI­NAL DE RO­LAND GA­RROS EN DO­BLES. UN JU­GA­DOR QUE ES­TU­VO RE­TI­RA­DO, QUE TU­VO QUE GA­NAR­LE A LAS LE­SIO­NES Y QUE HOY, CON 35 AÑOS, VI­VE EL ME­JOR MO­MEN­TO DE UNA CA­RRE­RA DE PE­LÍ­CU­LA.

Que Pasa - - PERFIL - Por Ja­vier Ro­drí­guez

Es­ta es una his­to­ria de amor. Va­le la pe­na acla­rar­lo an­tes de de­cir cual­quier otra co­sa. Una his­to­ria que par­te en Pa­ra­ma­ri­bo, la ca­pi­tal de ese ín­fi­mo pun­to en el ma­pa que es Su­ri­nam. Aquí es don­de, en 1981, na­ció el eco­no­mis­ta, en­tre­na­dor y te­nis­ta Ju­lio Pe­ral­ta. El hi­jo me­nor del ma­tri­mo­nio en­tre Ju­lio y Es­pe­ran­za, quie­nes lle­va­ban más de 9 años en es­te país que li­mi­ta con la selva ama­zó­ni­ca. Ju­lio pa­dre era el cón­sul de Chi­le en un lu­gar don­de to­do era ver­de. Ju­lio hi­jo re­cuer­da que era co­mo vi­vir en un zoo­ló­gi­co. Bus­can­do qué ha­cer, el di­plo­má­ti­co dio con un club de­por­ti­vo don­de em­pe­zó a ju­gar te­nis y lue­go ins­cri­bió a sus dos hi­jos ma­yo­res, los her­ma­nos del hoy nú­me­ro 35 del mun­do en el ran­king ATP de do­bles, quien, con diez años me­nos, los per­se­guía con una ra­que­ta ca­si de su mis­mo por­te. Em­pe­zó a ju­gar. Y le pe­ga­ba bien. Le ga­na­ba a to­dos los del club. Pron­to no te­nía com­pe­ten­cia en el pe­que­ño país que lo vio na­cer. Via­jan­do por el Ca­ri­be se dio cuen­ta de que nun­ca más que­ría aban­do­nar ese rec­tán­gu­lo que tan fe­liz lo ha­cía; con 10 años ya sa­bía que

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