Me­di­das con­tra la re­sis­ten­cia

Hay al­gu­nas si­tua­cio­nes que oca­sio­nan la sies­ta se vuel­va mo­ti­vo de pe­lea en­tre los pa­pás y su hi­jo. Te mos­tra­mos cuá­les son las más ha­bi­tua­les y có­mo so­lu­cio­nar­las.

Ser Padres (Chile) - - CONSULTORIO -

SE NIE­GA A IR A LA CU­NA O LA CA­MA

Los ex­per­tos ase­gu­ran que es el lu­gar más in­di­ca­do pa­ra la sies­ta, pe­ro al­gu­nos ni­ños tien­den a ha­cer un be­rrin­che enor­me por­que no quie­ren dor­mir ahí, aso­cian la ca­ma con el sue­ño noc­turno y el tér­mino del jue­go.

¿Qué ha­cer? Se pue­de re­cu­rrir pro­vi­sio­nal­men­te a una col­cho­ne­ta, co­mo las que usan en las guar­de­rías, has­ta que el ni­ño en­tien­da que la sies­ta es di­fe­ren­te al sue­ño noc­turno, por lo que el día no aca­ba.

LA VI­DA ES UNA FIES­TA

Y cla­ro, los ni­ños no quie­ren per­dér­se­la, por na­da. Por ello, mu­chos se nie­gan a que­dar­se so­li­tos en su ha­bi­ta­ción mien­tras los ma­yo­res ha­cen otras co­sas (di­ver­ti­das); ni se di­ga cuan­do los abue­los es­tán de vi­si­ta en ca­sa.

¿Qué ha­cer? Lo más im­por­tan­te es man­te­ner­se fir­me con el pe­que­ño y con las vi­si­tas: ¡es ho­ra de la sies­ta! La au­to­ri­dad son los pa­dres, ellos de­fi­nen las re­glas y los lí­mi­tes que su pe­que­ño ha de asi­mi­lar. Ellos tie­nen la úl­ti­ma pa­la­bra.

EN LA ESCUELA SÍ; EN CA­SA, NO

Otros ni­ños duer­men de ma­ra­vi­lla en la escuela, pe­ro en ca­sa no hay ma­ne­ra de que se acues­ten ni un mo­men­to. ¿Qué ha­cer? Des­de los pri­me­ros me­ses de vi­da, los pa­pás de­ben es­ta­ble­cer una ru­ti­na dia­ria pa­ra los hi­jos, con pau­tas de co­mi­da y sue­ño, si­guien­do siem­pre el mis­mo or­den y sin cam­biar la ac­ti­tud fir­me, pues ce­der a su ne­ga­ti­va en es­tos ca­sos, les de­mues­tra que ellos tie­nen la ba­tu­ta, in­clu­so en lo im­por­tan­te.

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