La ho­ra de la sies­ta

Ser Padres (Chile) - - NEWS -

Su “ne­ga­cio­nis­mo”

El afán por ex­plo­rar­lo y to­car­lo to­do (por otra par­te tan sano y ne­ce­sa­rio) no es la úni­ca cir­cuns­tan­cia que ha­ce di­fí­cil el manejo de los ni­ños a es­ta edad, exis­te otro fac­tor, al que lla­ma­re­mos opo­si­cio­nis­mo o ne­ga­cio­nis­mo. En al­gún mo­men­to, en­tre el pri­mer y el se­gun­do año, el pe­que­ño em­pie­za a de­cir sus “no”; a ve­ces, pa­re­ce que se afe­rra a ellos, dis­pa­rán­do­los en cas­ca­da. ¿Que tie­ne que co­mer­se el pu­ré? Di­ce “no”. ¿Que ya le to­ca acos­tar­se? No. La pa­cien­cia es so­me­ti­da a una im­por­tan­te prue­ba.

Sin em­bar­go, ¿de qué nos sor­pren­de­mos? No­so­tros mis­mos, cuan­do le prohi­bi­mos ha­cer al­go, le es­ta­mos dan­do el mo­de­lo a imi­tar. Por el con­tra­rio, si le de­ci­mos “no” con ca­ri­ño y fir­me­za cuan­tas ve­ces sea ne­ce­sa­rio y sin ce­der a sus pe­ti­cio­nes, ¿por qué él, que es tan buen imi­ta­dor, no ha­bría de ha­cer lo mis­mo?

Aun­que no so­lo es cues­tión de imi­ta­ción. Aho­ra es­tá apren­dien­do a di­fe­ren­ciar­se de sus pa­dres y ser él mis­mo; y su pri­mer mo­do de de­mos­trar­lo es, pre­ci­sa­men­te, su opo­si­ción a no­so­tros. De tal mo­do, es­te opo­si­cio­nis­mo es na­tu­ral en su desa­rro­llo, por lo cual, se tra­ta de una eta­pa que pa­sa­rá. El ni­ño no se ha con­ver­ti­do en un pe­que­ño mons­truo.

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