4 de­por­tes, cua­tro lecciones de vi­da

Ser Padres (Chile) - - NEWS -

Pa­ra un ni­ño, to­dos los de­seos pue­den ser rea­li­za­dos y to­do es sus­cep­ti­ble de ser trans­for­ma­do se­gún su pro­pio es­ta­do de áni­mo (el mis­mo mu­ñe­co pue­de ser bueno o ma­lo, to­do de­pen­de de qué quie­ra él). Sin em­bar­go, la reali­dad es li­mi­ta­da, eso lo sa­be­mos bien los adul­tos: no siem­pre se pue­de ha­cer lo que uno quie­re, es­ta­mos su­je­tos a unas le­yes fí­si­cas, po­lí­ti­cas y so­cia­les con unas con­se­cuen­cias que el ni­ño no siem­pre com­pren­de.

A los tres años, los ni­ños to­da­vía no di­fe­ren­cian bien en­tre su pen­sa­mien­to y lo que su­ce­de fue­ra. Tam­po­co dis­tin­guen en­tre lo que ven en la te­le o en los cuen­tos y la vi­da real, lo que a ve­ces les ge­ne­ra con­flic­tos: ¿Hay duen­des vi­vien­do en el re­fri­ge­ra­dor de la ca­sa? ¿El Sol se en­cien­de con ce­ri­llos? ¿El agua na­ce de la lla­ve? El he­cho de que se le com­pli­que dis­cer­nir la fan­ta­sía y la reali­dad se de­be, prin­ci­pal­men­te, a que en es­ta eta­pa co­mien­za a “sa­lir del cas­ca­rón”: es­tá ha­cien­do una tran­si­ción del ni­ño que se guia­ba por su mun­do in­te­rior (“quie­ro es­to por­que así lo de­seo”) al ni­ño que co­mien­za a guiar­se por re­fe­ren­tes ex­ter­nos (“no pue­do te­ner es­to aho­ra y no to­do es co­mo yo qui­sie­ra”).

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