GRA­CIAS AL CO­LOR IN­DE­FI­NI­DO DE SUS OJOS...

Ser Padres (Chile) - - DESDE LA CUNA -

Pue­de adap­tar­se al lu­gar en el que na­ce. Aun­que la to­na­li­dad de nues­tros ojos vie­ne de­ter­mi­na­da por la ge­né­ti­ca, se ha des­cu­bier­to que el me­dio am­bien­te pue­de in­fluir en la ac­tua­li­za­ción o no de cier­tos ge­nes. Tras el na­ci­mien­to, la ex­po­si­ción al sol ac­ti­va la pro­duc­ción de me­la­ni­na (en­car­ga­da de dar co­lor) en el iris, de for­ma que el he­cho de na­cer en un lu­gar con más o me­nos luz so­lar pue­de in­fluir en el co­lor fi­nal de los ojos. De al­gu­na ma­ne­ra los ojos os­cu­ros pro­te­gen de la luz. Por eso los ha­bi­tan­tes de paí­ses con ex­ce­so de ca­lor tie­nen ma­yo­ri­ta­ria­men­te los ojos os­cu­ros mien­tras que en los paí­ses más fríos pre­va­le­cen los cla­ros.

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