CE­PI­LLO DE PE­LO

Vanidades (Chile) - - Beauty Tips -

Aun­que no se sa­be con exac­ti­tud cuán­do fue crea­do el ce­pi­llo de pe­lo, los pri­me­ros re­gis­tros que se tie­nen de su uso son de ha­ce 5.000 años con los egip­cios. En es­ta ci­vi­li­za­ción se preo­cu­pa­ban mu­cho por la apa­rien­cia, por lo que pei­nar­se no so­lo era un re­qui­si­to es­té­ti­co, sino que de­mos­tra­ba que se per­te­ne­cía a una cla­se su­pe­rior y po­de­ro­sa. Tan­to así, que los ce­pi­llos más re­fi­na­dos te­nían in­crus­ta­cio­nes de pie­dras pre­cio­sas y lle­ga­ron a ser más pre­cia­dos que las jo­yas. In­clu­so los fa­rao­nes eran en­te­rra­dos con es­tos. Ya en la Edad Me­dia, los ce­pi­llos se em­pe­za­ron a ha­cer con me­tal, ma­de­ra o mar­fil e in­cor­po­ra­ban cer­das na­tu­ra­les co­mo pe­lo de ja­ba­lí o ca­me­llo. Lue­go, du­ran­te el Re­na­ci­mien­to y el Ba­rro­co, se co­men­zó a ha­cer una dis­tin­ción, las mu­je­res usa­ban ce­pi­llos; y los hom­bres, pei­ne­tas. Ade­más de la di­ver­si­dad de ma­te­ria­les que se han usa­do pa­ra su con­fec­ción, hoy exis­ten di­fe­ren­tes for­mas de ce­pi­llos, que va­rían se­gún el ti­po de ca­be­llo y ne­ce­si­dad. Al­gu­nos de es­tos son los pla­nos, ci­lín­dri­cos, ven­ti­la­dos, tér­mi­cos o el clá­si­co pei­ne o pei­ne­ta.

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