POR­TA­DA

Da­niel Sam­per: ocho no son su­fi­cien­tes

4 Patas - - CONTENIDO - TEX­TO: LAU­RA OROZ­CO C.

EN LA CA­SA DEL PE­RIO­DIS­TA Y YOUTUBER DA­NIEL SAM­PER OSPINA VI­VEN MÁS ANI­MA­LES QUE PER­SO­NAS. DOS PE­RROS, DOS GA­TOS Y CUA­TRO CACATÚAS HA­CEN QUE SU HO­GAR SEA CÁ­LI­DO Y DI­VER­TI­DO. Y QUIE­REN MÁS.

Ha­ce unos me­ses, la co­ci­na de Da­niel Sam­per se pa­re­cía más a la fran­ja de Ga­za que al rin­cón ho­ga­re­ño y tran­qui­lo que se su­po­nía de­bía ser. Los pe­rros per­se­guían a los ga­tos, los ga­tos a las cacatúas y las cacatúas al res­to de la fa­mi­lia. Se­gún sus pro­pias pa­la­bras, la re­la­ción en­tre ra­zas era una lo­cu­ra. Hoy, sin em­bar­go, la paz ha vuel­to a rei­nar y to­das las mas­co­tas sa­ben lle­var­se en­tre sí. En ple­na eta­pa del pos­con­flic­to, las ocho son un gran ejem­plo de que, aún en me­dio de las di­fe­ren­cias, se pue­de con­vi­vir en ar­mo­nía.

¿Siem­pre te han gus­ta­do los ani­ma­les?

Sí, en mi ca­sa los ado­ra­mos, sean del par­ti­do que sea, co­mo sue­lo de­cir yo. Des­de que ten­go me­mo­ria he­mos te­ni­do pe­rros. Cuan­do me ca­sé, sa­bía que iba a se­guir sien­do así, por­que lo hi­ce con una mu­jer a la que tam­bién le gus­tan mu­cho las mas­co­tas y que, in­clu­so, su­frió co­mo yo por no te­ner tan­tas co­mo hu­bie­ra que­ri­do.

¿Ocho son su­fi­cien­tes?

Has­ta ha­ce po­co te­nía­mos dos pe­rros shih tzu: Can­tin­flas y su es­po­sa, Cha­be­la, que en­tre otras co­sas di­cen que es de las po­cas ra­zas que no suel­ta pe­lo (da­to cla­ve por­que que­re­mos que en la ca­sa el úni­co ani­mal que suel­te pe­lo sea yo). La­men­ta­ble­men­te, a Cha­be­la la ma­tó un ca­rro en la fin­ca y aún es­ta­mos de lu­to.

Des­pués se su­mó Stan­ley, que era un pe­rro de la cua­dra, un ca­lle­je­ro que por lo que se ve po­dría te­ner al­gún pa­ren­tes­co con un chow chow, pe­ro en reali­dad es muy crio­llo; desa­rro­lló una en­fer­me­dad au­to­in­mu­ne que exi­gía al­gu­nos cui­da­dos, así que se em­pe­zó a aco­mo­dar en es­ta ca­sa… y pues ya se ins­ta­ló del to­do. Fi­nal­men­te, aun­que nun­ca ha­bía­mos te­ni­do ga­tos de­ci­di­mos ha­cer­lo y nos ha ido muy bien. Nos die­ron a Gar­field en un cen­tro de adop­ción y en­con­tra­mos a No­ve­na en la ca­lle: es­ta­ba he­ri­da, te­nía co­mo tres se­ma­nas de na­ci­da y, bueno, co­mo mis hi­jas ado­ran a los ani­ma­les, la res­ca­ta­ron y lle­ga­ron con ella. La lle­va­mos al ve­te­ri­na­rio, se cu­ró y ya vi­ve con no­so­tros. Ade­más, te­ne­mos cua­tro cacatúas: en reali­dad eran dos, pe­ro se re­pro­du­je­ron. Vi­ven con la jau­la abier­ta, se la pa­san ca­mi­nan­do por la co­ci­na y por mi es­tu­dio. A ve­ces es­cri­ben las co­lum­nas.

¿Por qué esos nom­bres?

No­ve­na es la úni­ca mas­co­ta a la que me han de­ja­do po­ner­le nom­bre y se lla­ma así en ho­nor a la no­ve­na es­tre­lla de San­ta Fe, por­que lle­gó por la mis­ma épo­ca en la que el glo­rio­so se co­ro­nó. Can­tin­flas, por el amor que le tie­ne mi es­po­sa a Mé­xi­co. Gar­field lo eli­gie­ron mis hi­jas, su­pon­go yo que por­que se pa­re­ce al per­so­na­je

y por­que co­me to­do el día.

¿Cuál es el rol de las mas­co­tas en una ca­sa?

Yo creo que son muy bue­nos pro­fe­so­res y tie­nen mu­chas vir­tu­des que los hu­ma­nos he­mos

ido per­dien­do. En esa me­di­da, si uno quie­re que sus hi­jos sean me­jo­res per­so­nas es bueno que crez­can ro­dea­dos de mas­co­tas. Creo que el amor que uno sien­te por un ani­mal y que él sien­te por uno es muy pe­da­gó­gi­co.

¿Y qué es lo que te han en­se­ña­do?

La leal­tad a prue­ba de ba­las de los pe­rros; tie­nen un sen­ti­do de sa­cri­fi­cio por los de­más que es di­fí­cil de en­con­trar en los hu­ma­nos. Y el sen­ti­mien­to de gra­ti­tud de los ani­ma­les, en ge­ne­ral, es im­pre­sio­nan­te. Por ejem­plo, Stan­ley, que es el pe­rro de la ca­lle, ha­ce lo que sea por mí. Has­ta me acom­pa­ña a ver los par­ti­dos de San­ta fe.

¿Có­mo des­cri­bi­rías a ca­da uno? ¿Tie­nen di­fe­ren­tes per­so­na­li­da­des?

El más ca­ri­ño­so y pa­ter­nal es Can­tin­flas. Siem­pre es­tá en la ju­ga­da, adop­ta a cual­quier ani­mal que lle­gue. El guar­dián es Stan­ley, que de he­cho duer­me en la puerta, y siem­pre es­tá aler­ta; es co­mo el es­col­ta Ahumada que to­dos so­ña­mos te­ner —el de Var­gas Lle­ras—, pe­ro, eso sí, yo no lo mal­tra­to. La más ner­vio­sa y agres­te es No­ve­na, por­que ha­ce ape­nas dos

“No­ve­na es la úni­ca mas­co­ta a la que me han de­ja­do po­ner­le nom­bre y se lla­ma así en ho­nor a la no­ve­na es­tre­lla de San­ta Fe”.

me­ses vi­vía en la ca­lle y es una su­per­vi­vien­te, por lo que es des­con­fia­da. Gar­field es el más au­tén­ti­co, vi­ve muy a su rit­mo y a sus an­chas, es muy lo­cho y pe­re­zo­so, pe­ro es muy ca­ri­ño­so a su ma­ne­ra: cuan­do se le da la ga­na. Y es­tas (las cacatúas) son muy in­de­pen­dien­tes, vi­ven con la jau­la abier­ta y tie­nen unas ru­ti­nas en las que sa­len, ca­mi­nan, van has­ta mi es­tu­dio e in­clu­so, a ve­ces ha­cen ni­do de­trás de al­gu­nos li­bros. Yo pro­cu­ro que uti­li­cen li­bros en los que pue­dan em­po­llar sin nin­gún pro­ble­ma, que no sean los poe­mas de Roy Ba­rre­ras, por ejem­plo.

¿Tie­nes un fa­vo­ri­to?

No sé si al­guno sea mi fa­vo­ri­to, pe­ro yo sí soy el fa­vo­ri­to de Stan­ley, que mues­tra es­pe­cial gra­ti­tud con­mi­go. Es el úni­co. El res­to pre­fie­re a mi es­po­sa.

Al­gu­na vez, en una de tus co­lum­nas, es­cri­bis­te que los pe­rros se ter­mi­nan pa­re­cien­do a sus due­ños y vi­ce­ver­sa. ¿En qué te pa­re­ces a los tu­yos? Stan­ley se es­tá que­dan­do cal­vo y eso es por ha­cer­me un ho­me­na­je a mí. El res­to no se pa­re­ce y más bien oja­lá yo me pu­die­ra lle­gar a pa­re­cer a ellos. Son pe­rros muy que­ri­dos, de muy buen co­ra­zón.

¿Te con­si­de­ras un hom­bre de pe­rros o de ga­tos?

No creo que se tra­te de es­co­ger. Ca­da uno es, a su mo­do, muy bue­na mas­co­ta. Ob­via­men­te, los ga­tos no son tan me­lo­sos co­mo los pe­rros, son más in­tere­sa­dos y más in­de­pen­dien­tes. De gol­pe soy un po­qui­to más de pe­rros: son más bo­bos, uno les pue­de ti­rar un pa­lo mil ve­ces y mil ve­ces lo traen, y en esa me­di­da soy más pe­rro que ga­to. Al­guien de­cía que le gus­ta­ría te­ner la li­ber­tad que tie­nen los ga­tos, y tie­ne ra­zón. Sal­vo que se tra­te de Enil­ce Ló­pez, alias ‘La ga­ta’.

¿Qué tan­to de su cui­da­do es tu res­pon­sa­bi­li­dad? Yo los sa­có a pa­sear. Ge­ne­ral­men­te, el que lim­pia­ba cuan­do ha­cían al­go den­tro de la ca­sa era yo, pe­ro en reali­dad to­dos ayu­da­mos. Nos gus­ta te­ner mu­chos ani­ma­les, así que es la úni­ca ma­ne­ra. Ade­más, pen­sa­mos te­ner pron­to una mas­co­ta nue­va. Es­ta­mos de lu­to por la muer­te de Cha­be­la, pe­ro den­tro de un tiem­po que­re­mos traer otro shih tzu. Es­tá­ba­mos es­pe­ran­do que pa­sa­ran un par de me­ses pa­ra que a las ni­ñas les que­de cla­ro que los pe­rros no son re­em­pla­za­bles: sim­ple­men­te em­pie­za una nue­va his­to­ria con otro.

Gar­field, Stan­ley y No­ve­na son adop­ta­dos. ¿Qué con­cep­tos tie­nes de la com­pra y de la adop­ción de ani­ma­les?

Es­toy de acuer­do con am­bas co­sas, pe­ro no soy un fun­da­men­ta­lis­ta co­mo esos que se po­nen fu­rio­sos cuan­do las per­so­nas com­pran en lu­gar de adop­tar. Ca­da pe­rro tie­ne una his­to­ria sen­ti­men­tal de­trás, sea o no sea adop­ta­do. Soy par­ti­da­rio de apren­der de los ani­ma­les, sim­ple­men­te.

Si tu­vie­ras que ha­cer un vi­deo pa­ra tu ca­nal de You­tu­be con tus mas­co­tas, ¿qué se te ocu­rri­ría? Pues ya sa­len mu­cho y sue­len aso­mar­se en cá­ma­ra. De he­cho, cuan­do lle­gó No­ve­na di­je que me caía de per­las por­que pa­ra triun­far en Ins­ta­gram es cla­ve: uno, te­ner su­da­de­ras pa­ra po­sar en ellas; dos, to­mar­le fo­tos a los so­bra­dos del pla­to (no en­tien­do por qué); tres, ha­cer ca­ra de pa­to y, cua­tro, muy im­por­tan­te, te­ner un ga­to tierno. Y cla­ro, sí as­pi­ro a ha­cer al­gún vi­deo con las mas­co­tas. To­da­vía no sé con cuál, pe­ro se pue­den ha­cer mu­chas ana­lo­gías po­lí­ti­cas, so­bre to­do en es­tos tiem­pos en los que uno ve ca­sos co­mo el de Otto Bu­la, cu­ya mor­di­da es más gran­de que la de cual­quier pe­rro.

SI LE PI­DEN iden­ti­fi­car­se con al­gu­na de las dos es­pe­cies, Da­niel Sam­per eli­ge a los pe­rros. Se­gún él, son más agra­de­ci­dos y un po­co in­ge­nuos.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Colombia

© PressReader. All rights reserved.