Ch­ris­top­her Carpentier

LE EN­CAN­TA EL CHO­CO­LA­TE, LOS PLA­TOS CAR­GA­DOS DE PICANTE Y LA BUE­NA ME­SA. TAM­BIÉN AMA VIA­JAR, VER SONREÍR A SU ES­PO­SA Y COM­PAR­TIR CON SUS CUATRO HI­JOS. ASÍ ES CH­RIS­TOP­HER CARPENTIER, EL CHEF CHI­LENO QUE TIE­NE SUSPIRANDO A LAS COLOMBIANAS.

Alo (Colombia) - - Contenido - CHRISCARPENTIER

{ D}Des­de ha­ce cer­ca de tres me­ses el pro­gra- ma de con­cur­so Mas­ter­chef Ce­le­brity es­tá al ai­re, tiem­po más que su­fi­cien­te pa­ra que las te­le­vi­den­tes se sien­tan fas­ci­na- das por la mi­ra­da es­cru­ta­do­ra, el acen­to y el se­xa­pil de Ch­ris­top­her Carpentier. Es más, po­dría de­cir­se que su par­ti­ci­pa­ción co­mo ju­ra­do es uno de los in­gre­dien­tes de éxi­to de es­ta edi­ción del rea­lity, tal co­mo su­ce­dió en su país de ori­gen, Chi­le.

A los 44 años, Carpentier es uno de los chefs la­ti­nos más re­co­no­ci­dos y ha cul­ti- va­do una exi­to­sa ca­rre­ra tan­to en la co­ci- na co­mo en la pan­ta­lla. Es due­ño del res- tau­ran­te El Ba­rrio, ubi­ca­do en la ca­pi­tal chi­le­na, así co­mo de la pro­duc­to­ra Oink, res­pon­sa­ble de pro­gra­mas co­mo C Co­ci­na, En­tre chefs y Ma­nos a la obra. Tam­bién es au­tor del li­bro de re­ce­tas El mal­di­to book y pre­sen­tó el pro­gra­ma Ch­ris Quick en el ca­nal Fox Li­fe, an­tes de de­bu­tar co­mo ju- ra­do en Mas­ter­chef Chi­le.

En una fría tar­de bo­go­ta­na, con­ver­sa- mos con el apues­to co­ci­ne­ro, quien es­pe- ra se­guir cau­ti­van­do a Co­lom­bia con su en­can­to y su pro­pues­ta de gas­tro­no­mía, pues no des­car­ta la po­si­bi­li­dad de abrir un res­tau­ran­te acá.

Más que ser el me­jor chef del mun­do, me in­tere­sa desafiar­me, ser yo mis­mo y es­tar con­ten­to con lo que ha­go”.

Has con­quis­ta­do a la au­dien­cia co­lom­bia­na de Mas­ter­che­fCe­le­brity du­ran­te tres me­ses. ¿Có­mo ha si­do tu ex­pe­rien­cia en el rea­lity?

Ha si­do una ex­pe­rien­cia en­ri­que­ce­do- ra, don­de he lo­gra­do co­no­cer un po­qui­to más de Co­lom­bia, de su gen­te, de su gas- tro­no­mía y de sus pai­sa­jes. Eso me lle­na de fe­li­ci­dad, por­que es­tar seis me­ses en un país y co­no­cer­lo co­mo lo­cal, no co­mo tu­ris­ta, es un pri­vi­le­gio. ¿Qué es lo que más te ha gus­ta­do de nues­tro país?

Me lla­ma la aten­ción su cul­tu­ra: su mú- si­ca, su bai­le, y que ca­da re­gión de­fien­de mu­cho sus tra­di­cio­nes. Ade­más, Bo­go­tá es­tá con­for­ma­do por co­lom­bia­nos, no so­lo bo­go­ta­nos, mien­tras que en Santiago –la ca­pi­tal de Chi­le–, ca­si to­dos so­mos de esa ciu­dad. Acá es muy ri­co por­que uno va a un lu­gar, em­pie­za a con­ver­sar y al­guien di­ce 'yo soy de Me­de­llín', otro di­ce 'yo soy de Ca­li'... eso es muy atrac­ti­vo. Tam­bién me gus­ta la aper­tu­ra que tie­nen to­dos, el ca­ri­ño, el ca­ris­ma, la bue­na on­da.

¿Y qué tal nues­tras mu­je­res?

He te­ni­do mu­cha em­pa­tía y afi­ni­dad con to­do el mun­do y en reali­dad es­te país tie­ne mu­je­res her­mo­sas. ¿Con qué par­ti­ci­pan­te de Mas­ter­chef has te­ni­do más afi­ni­dad?

Los ju­ra­dos no te­ne­mos mu­chas opor- tu­ni­da­des de com­par­tir con las ce­le­bri­da- des. Mas­ter­chef nos pi­de te­ner esa re­ser­va pa­ra que la vo­ta­ción sea real­men­te pa­ra los pla­tos y no pa­ra las per­so­nas. Sin em- bar­go, con Va­riel he he­cho una co­ne­xión por­que en el pro­gra­ma nos reí­mos mu­cho con es­to de 'pa­dre e hi­jo', y con Pe­ter tam- bién por­que siem­pre es­tá ha­cien­do bro- mas. He te­ni­do más con­tac­to con los que ya no es­tán en el pro­gra­ma, por ejem­plo, con Gio­vanny Aya­la. In­clu­so fui a ver­lo a un con­cier­to en Me­de­llín (...).

¿Có­mo ha si­do tu in­ter­ac­ción con los otros ju­ra­dos del pro­gra­ma?

Muy bue­na. Es­toy en cons­tan- te co­mu­ni­ca­ción con ellos y con Clau­dia, por­que des­de el día uno nues­tra re­la­ción fue muy flui­da. Es­to se trans­for­ma en una fa­mi­lia a ni­vel mun­dial. Uno se en­cuen­tra con chefs que tra­ba­jan en el pro- gra­ma en otras par­tes del mun­do y se sien­te co­mo si hi­cié­ra­mos par­te de una mis­ma fa­mi­lia. En un epi­so­dio del rea­lity, los par­ti­ci­pan­tes pre­pa­ra­ron pla­tos ins­pi­ra­dos en ellos mis­mos. ¿Qué in­gre­dien­tes ten­dría un pla­to ins­pi­ra­do en ti?

Mu­chos; mi es­ti­lo de co­ci­na es fu­sión. Pe­ro lo que más me in­tere­sa es que los pro­duc­tos sean de al­tí­si- ma ca­li­dad. Ha­ce un tiem­po fui a un res­tau­ran­te en Nue­va York que ser­vía una bro­che­ta muy sen­ci­lla y es de las co­sas más ri­cas que me he co­mi­do: el to­ma­te era es­pec­ta- cu­lar, te­nía sal de mar grue­sa, un acei­te de oli­va ex­tra vir­gen que era una ma­ra­vi­lla y un pan con masa ca­se­ra es­pec­ta­cu­lar. Así que uno pue­de ha­cer al­go su­per­sen­ci­llo y que los in­gre­dien­tes ha­blen por sí so­los. Me gus­ta­ría que mi pla­to fue- ra así y que tu­vie­ra el picante, la sa­zón, la ma­gia de La­ti­noa­mé­ri­ca. Si tu­vie­ras que in­ter­ve­nir un pla­to tí­pi­co co­lom­biano, ya sea aña­dien­do o qui­tan­do al­go, ¿qué ha­rías?

Se­ría una res­pon­sa­bi­li­dad tre­men­da, por­que aquí tie­nen una gas­tro­no­mía muy in­tere­san­te. Qui­zás lo que le pon­dría a cual­quier pla­to de acá, por mi gus­to, es el picante.

En Co­lom­bia, es­te es el mes pa­ra ce­le­brar el amor y la amis­tad. ¿Eres un hom­bre de mu­chos o po­cos ami­gos?

Ten­go muy bue­nos ami­gos, los co­rrec­tos. Sa­be­mos que en el amor te va bien, ya son diez años de ma­tri­mo­nio con Ale­jan­dra Va­lla­rino. ¿Cuál es tu plan fa­vo­ri­to a su la­do?

Cual­quie­ra que in­clu­ya ver­la sonreír.

¿Y con tus hi­jos?

Te­ne­mos cuatro hi­jos: Fran­co, de 16 años; Au­gus­ta, de 14; Em­ma, de 12, y Facundo, de 6. Con ellos dis­fru­to cual­quier co­sa, so­bre to­do ver­los fe­li­ces. Me gus­ta ha­cer de­por­te con el ma­yor (Fran­co), ver ani­ma- dos en te­le­vi­sión o sa­lir de pa­seo.

¿Te con­quis­tan por el pa­la­dar?

Hoy día me con­quis­ta más la gen­te bue- na, por­que pue­de ha­ber al­guien que me im­pre­sio­ne tre­men­da­men­te con un pla­to y sea una ma­la per­so­na, en­ton­ces no va a fun­cio­nar (...). Sien­do así, ¿qué es lo que más apre­cias en una per­so­na?

La hu­mil­dad es al­go que va­lo­ro y que cues­ta mu­cho desa­rro­llar. Creo que la gen­te hu­mil­de es muy evo­lu­cio­na­da y ha lo­gra- do ad­qui­rir mu­chas otras vir­tu­des pa­ra lle­gar a esa.

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