Evocación, el po­der del VW Beetle

Una nue­va ge­ne­ra­ción de es­te mo­de­lo vuel­ve la mi­ra­da a los orí­ge­nes de es­te mo­de­lo clá­si­co au­to­mo­triz.

El Colombiano - - TENDENCIAS MOTORES - Por JO­SÉ ALE­JAN­DRO PÉ­REZ M.

Un ho­me­na­je. Un gui­ño al pa­sa­do con la ló­gi­ca y ne­ce­sa­ria in­cor­po­ra­ción de ele­men­tos tec­no­ló­gi­cos pa­ra su desa­rro­llo di­ná­mi­co y la se­gu­ri­dad de sus ocu­pan­tes. Un mo­de­lo que trans­por­ta a los orí­ge­nes de un mo­de­lo clá­si­co y mí­ti­co. Y pa­ra mu­chos la re­cu­pe­ra­ción de un ca­mino que se es­ta­ba per­dien­do con su ge­ne­ra­ción an­te­rior.

El Volks­wa­gen Beetle se re­no­vó y la sen­sa­ción que de­ja en­tre quie­nes han si­do apa­sio­na­dos por el mo­de­lo, que vio su pri­me­ra luz a fi­na­les de la dé­ca- da de los 30, y que ha lo­gra­do más de 21 mi­llo­nes de uni­da­des ven­di­das, es de un ca­rro que re­to­ma la esen­cia que ins­pi­ró su di­se­ño ha­ce ya ca­si 80 años.

Juan Pablo Ra­mí­rez es uno de esos co­no­ce­do­res pro­fun­dos del Es­ca­ra­ba­jo. Hoy tie­ne un mo­de­lo 66 y ha se­gui­do con jui­cio la his­to­ria del ca­rro.

Re­co­no­ce que la ge­ne­ra­ción an­te­rior, si bien le pa­re­ció bo­ni­to, no le “mo­vía” el pi­so, no lo ani­ma­ba. Pe­ro es­ta evo­lu­ción sí le ha lla­ma­do po­de­ro­sa­men­te la aten­ción.

De­ta­lles

EL CO­LOM­BIANO lo acom­pa- ñó a co­no­cer­lo en la ex­hi­bi­ción del ca­rro que tie­nen los con­ce­sio­na­rios Automotora y Ger­ma­nia Mo­tors en el Cen­tro Co­mer­cial Ovie­do.

La nos­tal­gia se des­pier­ta con de­ta­lles, y en es­te sen­ti­do, el Beetle tie­ne va­rios que de in­me­dia­to, a quie­nes han se­gui­do el mo­de­lo, los ha­ce di­ri­gir su aten­ción a ellos.

La lí­nea cro­ma­da que va a to­do lo lar­go de la par­te baja de sus la­te­ra­les lle­va de in­me­dia­to al re­cuer­do de los es­tri­bos que las ver­sio­nes más clá­si­cas in­cor­po­ra­ban.

Tam­bién Ra­mí­rez des­ta­ca su di­se­ño, que “es más de­por­ti­vo, con más pre­sen­cia”. Una ima­gen que se lo­gra con una lí­nea de te­cho más pla­na, más baja y que se alar­ga un po­co más a la sa­ga del ca­rro, que re­ma­ta con un pe­que­ño ale­rón a me­dia al­tu­ra de la com­puer­ta tra­se­ra de una am­plia aper­tu­ra.

El di­se­ño del Beetle jue­ga al pa­sa­do en pre­sen­te. No so­lo es una re­fe­ren­cia cla­ra a su mo­de­lo pri­mi­ge­nio; es tam­bién la re­afir­ma­ción del nue­vo ADN de la mar­ca ale­ma­na en as­pec­tos como su en­tra­da de ai­re de­lan­te­ra y las lí­neas no tan cur­vas en su di­bu­jo.

Des­pués de mi­rar su ex­te­rior, el pa­so obli­ga­do era abrir sus am­plias puer­tas, otra alu­sión al mo­de­lo ori­gi­nal, y sen­tar­se en la pla­za del con­duc­tor.

De in­me­dia­to Juan Pablo no­tó la se­pa­ra­ción en­tre los dos asien­tos tra­se­ros (“to­dos los es­ca­ra­ba­jos tie­nen un hue­co en­tre las dos si­llas de ade­lan­te”), la po­si­bi­li­dad de que so­lo dos per­so­nas se aco­mo­den atrás y el di­se­ño de su mi­lla­ré, ho­ri­zon­tal, con las mol­du­ras del co­lor de la carrocería (ro­jas en el ca­so del ca­rro ex­hi­bi­do) que imitan las plan­chas me­tá­li­cas en las que se ela­bo­ra­ban es­tas mol­du­ras en los mo­de­los ori­gi­na­les; un gol­pe a la me­mo­ria y los bue­nos re­cuer­dos.

Y la pe­que­ña guan­te­ra su­pe­rior que nue­va­men­te trae el mo­de­lo, aun­que en es­te ca­so, re­cuer­da Juan Pablo, su aper­tu­ra no es la mis­ma que la de los mo­de­los clá­si­cos. “En ellos abría de arri­ba ha­cia abajo. En es­tos es al con­tra­rio”.

El Beetle, un me­re­ci­do ho­me­na­je a un clá­si­co

Es­te mo­de­lo vie­ne con

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