Tres se­gun­dos bas­ta­ron pa­ra que des­apa­re­cie­ra vie­jo edi­fi­cio de EDU

El Colombiano - - METRO - Por GUS­TA­VO OS­PI­NA ZA­PA­TA JAI­ME PÉ­REZ

La im­plo­sión de la se­de le abri­rá es­pa­cio a un edi­fi­cio mo­derno y au­to­sos­te­ni­ble.

La al­ma­da­na o el In­du­gel: he ahí las op­cio­nes pa­ra de­mo­ler edi­fi­cios, y Me­de­llín le es­tá apos­tan­do a la di­na­mi­ta, pues es un mé­to­do más efi­cien­te y eco­nó­mi­co en tiem­po y en re­cur­sos, como se de­mos­tró con las to­rres de Spa­ce y como se re­pi­tió ayer con la im­plo­sión del vie­jo edi­fi­cio de la EDU, que des­apa­re­ció en so­lo tres se­gun­dos.

-Hi­ci­mos va­rios es­tu­dios y lo más eco­nó­mi­co era la im­plo­sión, que cos­tó $50 mi­llo­nes-, de­ta­lló Mar­ga­ri­ta Ma­ría Án­gel Ber­nal, ge­ren­te de la Em­pre­sa de Desa­rro­llo Ur­bano, que des­tru­yó es­te edi­fi­cio pa­ra cons­truir uno más acor­de a la ten­den­cia in­no­va­do­ra de la ciu­dad y en sin­to­nía con la nue­va ca­ra que se le quie­re dar al Cen­tro.

De cálcu­los exac­tos. Así fue la im­plo­sión de la se­de vie­ja, un edi­fi­cio de 3 pi­sos con ca­si 25 años de an­ti­güe­dad en la es­qui­na del par­que San An­to­nio con la ca­rre­ra Ju­nín.

Al to­que de si­re­nas

La pri­me­ra si­re­na so­nó a las 3:45 a.m. La se­gun­da a las 3:55 y la úl­ti­ma, un mi­nu­to an­tes de la ex­plo­sión, que se sin­tió a las 4:00 a.m. en pun­to, tal como se ha­bía anun­cia­do.

Al “pummmm” de la ex­plo­sión, sur­gió una nu­be blan­ca que en po­cos mi­nu­tos fue eva­po­ra­da por cho­rros de agua que lan­za­ban dos má­qui­nas de bom­be­ros. Las pa­lo­mas y otras aves, ha­bi­tan­tes del par­que y de los te­chos del tem­plo, vo­la­ron en des­ban­da­da, como si fue­ra una no­che de al­bo­ra­da. Si­guió un gran si­len­cio.

Por la ca­lle San Juan se­guían ba­jan­do bu­ses y vehícu­los. Y so­lo el la­dri­do de los pe­rros de res­ca­te lle­va­dos a la ope­ra­ción rom­pían la cal­ma del ama­ne­cer. En sie­te mi­nu­tos y tres se­gun­dos que­dó he­cha la ta­rea y to­do vol­vió a la nor­ma­li­dad.

-La im­plo­sión sa­lió como se pla­neó, no hu­bo da­ños en el en­torno y el pol­vo se ex­tin­guió rá­pi­do-, ex­pli­có Ro­ge­lio Gómez, ge­ren­te de Ati­la, la mis­ma fir­ma que tam­bién de­mo­lió las to­rres de Spa­ce.

-No sien­to nos­tal­gia, por­que acá em­pe­za­mos un pro­ce­so de re­no­va­ción con una in­fra­es­truc­tu­ra que nos da­rá in­no­va­ción, sos­te­ni­bi­li­dad y la po­si­bi­li­dad de te­ner él úni­co edi­fi­cio del mun­do con chi­me­nea so­lar-, ase­gu­ró la se­ño­ra Ber­nal.

Bas­ta­ron 25 ki­los de In­du­gel -un ex­plo­si­vo se­gu­ro y sin ga­ses ve­ne­no­sos-, 500 me­tros de cor­dón de­to­nan­te y 172 de­to­na­do­res no eléc­tri­cos pa­ra que el edi­fi­cio se hun­die­ra so­bre sí mis­mo. En 8 días, cuan­do re­co­jan los es­com­bros, la mo­le se­rá so­lo hue­lla y allí emer­ge­rá el nue­vo edi­fi­cio de la EDU.

-El mé­to­do de la im­plo­sión es muy usa­do en el mun­do, por­que es rá­pi­do, efi­cien­te y muy prác­ti­co-, opi­na el in­ge­nie­ro Luis Gon­za­lo Me­jía, aun­que sos­tie­ne que en lo so­cial ge­ne­ra po­cos em­pleos e in­clu­so es re­co­men­da­ble so­lo si no hay po­si­bi­li­dad de mo­ver los edi­fi­cios, so­bre to­do si son fun­cio­na­les aún.

Allí en San An­to­nio, des­pla­zar­lo ha­bría im­pli­ca­do aca­bar con el par­que ar­bo­ri­za­do, y por eso la im­plo­sión se ve co­rrec­ta. El vie­jo edi­fi­cio de la EDU ya es so­lo re­cuer­dos

FO­TO

Muy de ma­dru­ga­da fue la ope­ra­ción que pu­so fin a la vie­ja se­de de la EDU. Po­cos los es­pec­ta­do­res con­tem­pla­ron su des­plo­me. So­bre el Cen­tro se le­van­tó la gran pol­va­re­da.

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