PAR­TI­CI­PA­CIÓN PO­LÍ­TI­CA DE LOS MIEM­BROS DE LAS FARC Y EL CA­SO ETARRA

El Colombiano - - OPINIÓN - Por LU­CÍA DÍEZ OLABARRÍA

En su editorial del pa­sa­do 12 de ma­yo, EL CO­LOM­BIANO plan­teó que si bien a las Farc se les abrió el es­pa­cio del Con­gre­so y de otras ins­ti­tu­cio­nes pa­ra que de­sig­nen re­pre­sen- tan­tes en ellas, sin im­por­tar los crí­me­nes co­me­ti­dos, pe­día que co­mo ges­to mo­ral y po­lí­ti­co, la gue­rri­lla no de­be­ría es­co­ger per­so­nas con de­li­tos de san­gre a sus es­pal­das. Lla­ma la aten­ción el re­la­ti­vo si­len­cio rei­nan­te en Co­lom­bia so­bre es­te asun­to, que con­tras­ta de ma­ne­ra ra­di­cal con la dis­cu­sión que aho­ra, por ejem­plo, se ha­ce en Es­pa­ña so­bre la po­si­bi­li­dad de que los miem­bros de ETA par­ti­ci­pen en elec­cio­nes. Lo par­ti­cu­lar es que en Es­pa­ña hay con­sen­so en que no de­be per­mi­tír­se­les nin­gu­na po­si­bi­li­dad, y ya ni se di­ga ofre­cién­do­les con­di­cio­nes es­pe­cia­les, co­mo cu­ru­les por asig­na­ción di­rec­ta.

De­bo de­cir que en el País Vas­co, tie­rra de mi abue­lo ma­terno, hay gru­pos de po­bla- ción que sim­pa­ti­za­ron con ETA y con sus alia­dos po­lí­ti­cos. Pe­ro no co­noz­co un so­lo in­te­lec­tual de pres­ti­gio que apo­ye la par­ti­ci­pa­ción de los an­ti­guos eta­rras en elec­cio­nes. Veo que en Co­lom­bia esa dis­cu­sión ha si­do muy po­bre

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