CON­TRA­DIC­CIO­NES DE CIU­DAD

El Colombiano - - OPINIÓN - Por RA­MI­RO VE­LÁS­QUEZ GÓ­MEZ ra­mi­ro­ve@el­co­lom­biano.com.co

De­ja un sin­sa­bor el es­tu­dio de la Al­cal­día de Me­de­llín so­bre el re­gis­tro de 205 especies de fauna y flora en ocho par­ques de El Poblado.

Es un nú­me­ro in­tere­san­te que ha­ce pen­sar en ¡to­do lo que se per­dió! Ca­da vez son me­nos los par­ques, de mo­do que an­tes, se­gu­ro, hu­bo más y así lo in­di­có el coor­di­na­dor de la Me­sa Am­bien­tal de esa co­mu­na, Fer­nan­do Ál­va­rez. La cons­truc­ción hi­zo des­apa­re­cer y ahu­yen­tó mu­chas especies.

No es cuen­to. An­te la apa­ri­ción de edi­fi­cios don­de an­tes hu­bo ca­sas con an­te­jar­di­nes, han des­apa­re­ci­do mu­chas plan­tas y con ellas dis­tin­tos ani­ma­les, en par­ti­cu­lar in­sec­tos. Hoy es di­fí­cil en­con­trar ma­ri­po­sas en las ma­ña­nas de sec­to­res cen­tra­les de El Poblado, así co­mo en otros ba­rrios don­de no que­dan esos jar­di­nes afue­ra de las ca­sas, que brin­da­ban una conectividad na­tu­ral en ca­da cua­dra y en­tre cua­dras.

Ha­ce tan solo tres años, a la par­te al­ta de Lo­ma Lin­da en Sa­ba­ne­ta lle­ga­ban los cu­ca­rro­nes mar­ce­ños, se­ñal de ru­ra­li­dad, muy co­no­ci­dos en nues­tros cam­pos. Caían a los bal­co­nes de los apar­ta­men­tos.

Hoy no lle­gan. To­do el ras­tro­jo y ar­bus­tos de las par­tes al­tas fue cor­ta­do. En su lu­gar, va­llas que anun­cian nue­vas edi­fi­ca­cio­nes en un mu­ni­ci­pio que ha au­to­ri­za­do la des­apa­ri­ción del ver­de de las la­de­ras que lo ro­dean.

Y, qué iro­nía, son edi­fi­ca­cio­nes que des­ta­can las ven­ta­jas de vi­vir en me­dio de la na­tu­ra­le­za (?).

En el Va­lle de Abu­rrá exis­te un plan en eje­cu­ción para es­ta­ble­cer co­rre­do­res de fauna y flora a lo lar­go de las que­bra­das y de al­gu­nas ave­ni­das (si vie­ran en es­tos días las pe­ri­pe­cias de una ar­di­lla en una vía de al­to trá­fi­co en En­vi­ga­do).

Es una ini­cia­ti­va in­tere­san­te, en par­ti­cu­lar para ani­ma­les vo­la­do­res, pe­ro hoy es im­po­si­ble pen­sar en ba­rrios don­de las ma­ri­po­sas y las abe­jas y abe­jo­rros vue­len de flor en flor (es­tos tam­bién se fue­ron). In­sec­tos de al­to va­lor por­que son po­li­ni­za­do­res.

Sal­vo en esos par­ques que se con­ser­van no es po­si­ble su re­torno por­que ca­da vez hay me­nos ca­sas con an­te­jar­di­nes.

No hay el mí­ni­mo aso­mo de la Al­cal­día de re­cu­pe­rar la fauna ida, aun­que fue­ra par­cial, pe­ro que al me­nos no se aca­be lo que que­dó por­que to­da­vía se con­ser­va cier­ta ri­que­za co­mo mues­tra el re­fe­ren­cia­do es­tu­dio y se­gu­ro en otros par­ques tam­bién exis­te esa va­rie­dad bio­ló­gi­ca.

Hay ani­ma­les que re­ve­lan la sa­lud de un eco­sis­te­ma. Y bien sa­be­mos que Me­de­llín es­tá en­fer­ma.

Mau­lli­do: Se des­cui­da la lim­pie­za de al­can­ta­ri­llas

Por los edi­fi­cios han des­apa­re­ci­do mu­chas plan­tas y con ellas dis­tin­tos ani­ma­les.

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