El me­jor ac­tor de la his­to­ria se va an­tes de tiem­po

El Colombiano - - TENDENCIAS - Por MÓ­NI­CA QUIN­TE­RO RESTREPO

El úni­co que ha ga­na­do tres Óscar co­mo ac­tor pro­ta­gó­ni­co, Da­niel Day-Le­wis, de­ja al ci­ne. Su úl­ti­ma pe­lí­cu­la se ve­rá en di­ciem­bre.

Pa­ra me­ter­se en la piel del am­bi­cio­so mi­ne­ro Da­niel Plain­view, el ac­tor dur­mió ais­la­do en una car­pa en el de­sier­to de Te­xas, co­mo lo ha­cían los pri­me­ros bus­ca­do­res de oro ne­gro. El pa­pel le dio su se­gun­da es­ta­tui­lla.

Da­niel Day-Le­wis no se­rá más ac­tor. No di­jo por qué se re­ti­ra ni tam­po­co si se va a de­di­car a otro tra­ba­jo. En 1999 se to­mó un tiem­po sa­bá­ti­co le­jos de Holly­wood y se fue a Flo­ren­cia, Ita­lia, a tra­ba­jar de za­pa­te­ro.

Es un hom­bre ra­ro. Tam­bién un in­tér­pre­te fue­ra del mol­de. Cuan­do hi­zo la pe­lí­cu­la Pan­di­llas de Nue­va York hi­zo un cur­so de car­ni­ce­ría pa­ra lan­zar bien los cu­chi­llos. Es muy apa­sio­na­do, di­ce el crí­ti­co de ci­ne Sa­muel Cas­tro: es­tá con­ven­ci­do de me­ter­se en la piel del per­so­na­je.

Se in­vo­lu­cra tan­to, que se con­vier­te en él. Es un ac­tor de mé­to­do, pre­ci­sa la tam­bién crí­ti­ca Pau­la Cha­pa­rro. Eso le da cre­di­bi­li­dad.

Por eso ca­da pa­pel lo des­gas­ta. No ha he­cho mu­chos: 20 pe­lí­cu­las, a los 60 años, no son tan­tas pa­ra un ac­tor de Holly­wood que ha­ce en­tre dos y tres anua­les. Sus años no son tam­po­co mu­chos pa­ra re­ti­rar­se. Pau­la di­ce que él aún tie­ne mu­cho pa­ra ex­pre­sar. Aun­que, opi­na Sa­muel, es cier­to que el mun­do del ci­ne ca­da vez es más cruel con los vie­jos.

No di­jo más. No ha si­do un hom­bre de vi­da pú­bli­ca. Esa le mo­les­ta. Qui­zá se va por eso, es­pe­cu­la la crí­ti­ca. Qui­zá cree que ha he­cho lo su­fi­cien­te, que no tie­ne na­da más que pro­bar, es­pe­cu­la Sa­muel: su in­ten­ción no ha si­do ha­cer­se mi­llo­na­rio. De pron­to es­té can­sa­do o su adiós tie­ne que ver con la fra­se que pro­nun­ció su per­so­na­je en El nom­bre del Pa­dre: “Soy un hom­bre li­bre, y sal­dré por la puer­ta del fren­te”. Ha­brá que ver su úl­ti­ma pe­lí­cu­la, Phan­tom Th­read, en di­ciem­bre, pa­ra sa­ber­lo. Tal vez ya quie­ra ser Da­niel Day-Le­wis. Na­die más Con­ver­tir­se en Haw­ke­ye, el in­glés adop­ta­do por gue­rre­ros in­dios, no fue fá­cil. Su­bió diez ki­los, en pu­ro múscu­lo. Además, vi­vió seis me­ses en un bos­que, don­de apren­dió a pes­car y ca­zar. Con­ser­var ese acen­to ru­ral de los na­ci­dos en Ken­tucky lo ob­se­sio­nó; así que de­jó de ha­blar con bri­tá­ni­cos.Pa­ra me­ter­se más en su rol, so­lo res­pon­día al nom­bre de Abraham. Ga­nó su ter­cer óscar.

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