LA OBRA DEL AU­TOR LLA­MA­DO TODERO

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La vi­da sin preám­bu­los ni pro­to­co­los, con di­fi­cul­ta­des pa­ra sobrevivir, con la du­re­za de los tiem­pos... Eso abar­ca la obra de Ma­rio Es­co­bar Ve­lás­quez.

Na­ció en Tá­me­sis en 1928 y fue an­da­rie­go por el de­par­ta­men­to, en es­pe­cial por Ura­bá. Su pro­lí­fi­ca obra es­tá con­for­ma­da por his­to­rias vi­go­ro­sas de ciu­dad y de sel­va. Aho­ra pu­bli­ca­rán sus li­bros.

La Bi­blio­te­ca Ma­rio Es­co­bar Ve­lás­quez es un es­fuer­zo de tres edi­to­ria­les: Sí­la­ba Edi­to­res, Fon­do Editorial Ea­fit e Hi­lo de Pla­ta Edi­to­res, con la coor­di­na­ción de la fun­da­ción que lle­va su nom­bre.

El na­rra­dor Juan Jo­sé Ho­yos Naranjo hi­zo las no­tas in­tro­duc­to­rias de Un hom­bre lla­ma­do Todero.

Y no pu­do ser al­guien más in­di­ca­do, al me­nos por dos ra­zo­nes: una, Juan Jo­sé se acer­có a Es­co­bar Ve­lás­quez y se hi­zo su ami­go des­de fi­na­les de los años se­ten­ta, cuan­do el es­cri­tor de quien ha­bla­mos te­nía 51 años y Juan Jo­sé, 25. Y otra, por­que es­te com­par­tió con Es­co­bar Ve­lás­quez du­ran­te el tiem­po en el cual es­ta­ba es­cri­bien­do el re­la­to del que aho­ra ha­ce la in­tro­duc­ción.

Juan Jo­sé era pe­rio­dis­ta de El Tiem­po. Ma­rio Es­co­bar Ve­lás­quez re­ci­bió el Pre­mio Na­cio­nal de Li­te­ra­tu­ra Vi­ven­cias con la no­ve­la Cuan­do pa­se el áni­ma so­la. En el pe­rió­di­co se sor­pren­die­ron de que un su­je­to des­co­no­ci­do y de 51 años hu­bie­ra ob­te­ni­do ese im­por­tan­te ga­lar­dón y le en­car­ga­ron al pe­rio­dis­ta un re­por­ta­je.

“Yo creía que es­te era un ver­da­de­ro es­cri­tor —re­cuer­da Juan Jo­sé—. Un hom­bre que se pa­sa to­da una vi­da pen­san­do y lue­go apa­re­ce con una obra só­li­da”.

Lo bus­có en su ca­sa del ba­rrio Ale­jan­dro Echa­va­rría, un sec­tor ocu­pa­do por obre­ros, por­que él tra­ba­jó en Col­te­jer mu­cho tiem­po, es­pe­cial­men­te en el área de Ca­pa­ci­ta­ción. Allí di­ri­gió la re­vis­ta Lan­za­de­ra. Juan Jo­sé le di­jo:

—A mí no me gus­ta es­cri­bir his­to­rias si no co­noz­co al per­so­na­je. De mo­do que con­ver­se­mos una se­ma­na.

El pe­rio­dis­ta se ocu­pa­ba por las ma­ña­nas de las no­ti­cias del dia­rio. Te­nía pla­nea­do de­di­car las tar­des pa­ra co­no­cer al es­cri­tor.

—¿Una se­ma­na? Qué pe­rio­dis­ta tan ra­ro el que me to­có — res­pon­dió Es­co­bar Ve­lás­quez. La Bi­blio­te­ca Ma­rio Es­co­bar pu­bli­ca­rá el tra­ba­jo com­ple­to del au­tor. Los pri­me­ros tí­tu­los son:

Ha­bla­ron, sí, y re­co­rrie­ron la ciu­dad en esos días. De ahí sa­lie­ron un re­por­ta­je que pu­bli­ca­ron in­com­ple­to en Lec­tu­ras Do­mi­ni­ca­les y una amis­tad que du­ró has­ta el fi­nal de los días de Ma­rio, en 2009. y (iné­di­to). Otros li­bros

En cuan­to a las in­ti­mi­da­des de Un hom­bre lla­ma­do Todero, Juan Jo­sé co­no­ció a los per­so­na­jes de es­ta obra en un via­je a Ura­bá, años des­pués. Ma­rio te­nía una fin­ca cer­ca al río León, en Chi- go­ro­dó. Ho­yos Naranjo re­ci­bió el en­car­go pe­rio­dís­ti­co de es­cri­bir una his­to­ria so­bre el Ta­pón del Da­rién y no du­dó en que­dar­se hos­pe­da­do en la fin­ca de su ami­go.

“En esa zo­na co­no­cí a los per­so­na­jes del li­bro. Y tam­bién el ori­gen de otros re­la­tos, co­mo Ma­ri­mon­da, To­da esa gen­te y Muy ca­ri­be es­tá”.

Juan Jo­sé es uno de quie­nes con­si­de­ran que en­tre los gran­des na­rra­do­res, co­mo Ma­rio Es­co­bar Ve­lás­quez, to­dos los li­bros son un so­lo li­bro.

En ese que se en­car­gó de pro­lo­gar, el que vio es­cri­bir en Ura­bá, cuen­ta la his­to­ria de un

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