Me­de­llín y sus au­tos, “co­mo una uvi­ta”

El Des­fi­le de Au­tos Clá­si­cos y An­ti­guos lle­ga a 22 edi­cio­nes. Es­te re­la­to es de dos mu­je­res en­can­ta­das con los ca­rros.

El Colombiano - - PORTADA - Por MÓNICA QUIN­TE­RO RES­TRE­PO

300 au­tos se­lec­cio­na­dos, con mo­de­los has­ta 1980, des­fi­la­rán es­te do­min­go en una de las jor­na­das más mul­ti­tu­di­na­rias de la Fe­ria de las Flo­res: El des­fi­le de Au­tos Clá­si­cos y An­ti­guos, que lle­ga a su edi­ción nú­me­ro 22.

Flo­ral­ba Gu­tié­rrez Maya tie­ne una lis­ta en una ho­ja de cua­derno ra­ya­da en la que ha es­cri­to en co­lor ver­de y le­tra cur­si­va. Año: 1996. Agos/7. Ca­rro: Pac­kard 29. Ves­ti­do: ver­de os­cu­ro. Som­bre­ro: plano plu­mas. Car­te­ra: ne­gra pe­que­ña. Guan­tes: ne­gros.

Así pa­ra 1997, 1998, 1999, has­ta lle­gar a agos­to 7 de 2016. De ca­da año sa­be qué ves­ti­do usó, cuál som­bre­ro de los de su ma­má eli­gió, qué car­te­ra le que­dó me­jor com­bi­na­da con el tra­je que muy posiblemente le hi­zo su her­ma­na Con­sue­lo –por­que cuan­do no hay uno que le que­de co­mo quie­re, ella se lo co­se– y en qué ca­rro se mon­tó: 11 ve­ces ha sa­li­do en el Pac­kard 29, cin­co en un Ford (blan­co o ne­gro), una en un Buick 53, otra en un Mer­ce­des 53, una en un MG ama­ri­llo 53 y dos en el Over­land 1922, su preferido.

Flo­ral­ba no ha fal­ta­do a nin­gún Des­fi­le de Au­tos Clá­si­cos y An­ti­guos, des­de que em­pe­zó ofi­cial­men­te en 1996. Nun­ca. A ella eso le en­can­ta, tan­to, que es­te año te­nía una ope­ra­ción en el pie que pro­gra­mó pa­ra enero, por­que por na­da del mun­do iba a es­tar sin po­der­se mo­ver el 6 de agos­to. Ni más fal­ta­ba.

La emo­ción se le pe­gó de su her­mano Her­man, quien des­de ni­ño se fas­ci­nó con los ca­rros y de gran­de no se le pa­só. Él es el que los cui­da y los ma­ne­ja, por­que, di­ce ella, los an­ti­guos y clá­si­cos son muy di­fí­ci­les de ma­ne­jar. Ha­ce la acla­ra­ción: los clá­si­cos tie­nen unas ca­rac­te­rís­ti­cas muy es­pe­cia­les, ade­más de te­ner mu­chos años, son de edi­ción li­mi­ta­da, muy ex­clu­si­vos, marcas que ya no exis­ten. Tie­nen has­ta cer­ti­fi­ca­do. El Pac­kard 29 es un clásico, y por eso lo han sa­ca­do tan­to: son muy es­ca­sos.

Ella no ma­ne­ja ni los nue­vos ni los vie­jos. Pre­fie­re de co­pi­lo­to. Eso se lo de­ja a Her­man, o a su her­ma­na Luz Mery, que ha con­du­ci­do va­rias ve­ces en el des­fi­le. Flo­ral­ba se en­car­ga de sa­lu­dar a la gen­te, de emo­cio­nar­se con los ríos de per­so­nas que ella di­ce se ven des­de el ca­rro que des­fi­la. Esa sen­sa­ción ni la pue­de des­cri­bir: la ale­gría de los que mi­ran, que se com-

bi­na con su fe­li­ci­dad. Es tan fe­liz en ese des­fi­le: se le ol­vi­da el ca­lor, in­clu­so si lle­va un sa­co por­que así en­con­tró en in­ter­net que era el ves­ti­do del año del au­to en el que va mon­ta­da. Lo úni­co, se ríe, es que no llue­va, por­que qué pe­sar del som­bre­ro, va y se le da­ña y qué.

La ro­pa que su ma­má les de­jó la cui­dan co­mo una re­li­quia. Tie­nen mu­chos som­bre­ros y guan­tes y bol­sos y ves­ti­dos. Tam­bién hay de su abue­la, co­mo ese pri­mer ves­ti­do que Flo­ral­ba usó la pri­me­ra vez de Au­tos Clá­si­cos.

Con­sue­lo, que sale a des­fi­lar a ve­ces, es la que los or­ga­ni­za a la me­di­da. Pa­ra es­te año mo­di­fi­có uno ro­sa­do que era de su ma­má El­via, de cuan­do era sol­te­ra, y que ella le cor­tó por­que es­ta­ba muy lar­go. Ya la te­la es­tá muy vie­ja, cuen­ta, pe­ro le que­dó co­mo nue­vo de 1922. El jue­ves so­lo le fal­ta­ba el mo­ño, que es­ta­ba bus­can­do en in­ter­net pa­ra que­dar con­ten­ta. No ha­bían es­co­gi­do el som­bre­ro de es­ta vez. Flo­ral­ba es­ta­ba du­do­sa en­tre uno fuc­sia que es del mis­mo co­lor del ves­ti­do, o uno ne­gro. A Con­sue­lo le pa­re­cía que le que­da­ba bien ese con el que se ca­só do­ña El­via.

Es­te do­min­go, Flo­ral­ba aña­di­rá otra lí­nea a la ho­ja a la que ya se le aca­ba­ron los ren­glo­nes de un la­do, y aho­ra es­cri­be en el re­vés. Pon­drá el Over­land 1922, di­rá que fue el 6 de agos­to, que usa­ba un tra­je fuc­sia y unos guan­tes del mis­mo co­lor. Pa­ra en­ton­ces, ya sa­brá cuál som­bre­ro usó. Ya se ha­brá de­vuel­to en el tiem­po, a esa sen­sa­ción que tan­to le gus­ta. Por unas ho­ras, se­rá una da­ma de 1922

FO­TO ED­WIN BUS­TA­MAN­TE

Flo­ral­ba y Con­sue­lo mi­ran­do los som­bre­ros en­tre los que de­ci­die­ron el que usa­rán es­te do­min­go. El jue­ves, to­da­vía es­ta­ban mi­ran­do cuál les que­da­ba me­jor.

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