Un ins­tan­te de ha­ce 60 años

Es­ta fo­to, de Jor­ge Oban­do, es un retrato de los pri­me­ros cam­pe­si­nos que des­fi­la­ron ha­ce 60 años.

El Colombiano - - TENDENCIAS - Por MA­RIO A. DU­QUE CAR­DO­ZO

No sé si lo lo­gren ver bien. Bus­que en el cen­tro de la fo­to al hom­bre del cor­ba­tín. Ar­tu­ro Uri­be, se lla­ma, se los pre­sen­to, de la Ofi­ci­na de Fo­men­to y Tu­ris­mo, de la So­cie­dad de Me­jo­ras Pú­bli­cas. Fue él quien les pro­pu­so a unas fa­mi­lias de San­ta Ele­na que ba­ja­ran a Me­de­llín car­gan­do las si­lle­tas con arre­glos flo­ra­les, po­nien­do la se­mi­lla de lo que es hoy el Des­fi­le de Si­lle­te­ros.

Pe­ro no es él en quien quie­ro que se fi­jen, no. Es de­trás de él, a los dos la­dos, don­de es­tán quie­nes me in­tere­san. Son un par de ni­ños. ¿Qué ten­drán? 10 años, qui­zá. Hay uno que ape­nas sí lo­gra en­ca­jar el ros­tro en­tre los cuer­pos de un par de hom­bres que lo do­blan en su ta­ma­ño. El otro aso­ma la pe­que­ña ca­ra de­trás del co­do de Uri­be. Se le ve cu­rio­so, co­mo si in­te­rro­ga­ra con la mi­ra­da a quien es­ta a pun­to de ob­tu­rar.

Me los ima­gino em­pu­jan­do des­de atrás, abrién­do­se pa­so en­tre los adul­tos, con tan­to de ti­mi­dez co­mo de osa­día, pa­ra lle­gar al fren­te y ver, ellos mis­mos, sin que na­die les cuen­te des­pués, la tal cá­ma­ra esa que da­ba la vuel­ta, con la que el fo­tó­gra­fo Jor­ge Oban­do iba a re­tra­tar a los par­ti­ci­pan­tes de aquel des­fi­le, el 28 de abril de 1957, do­min­go pa­ra más se­ñas.

Que no to­dos los días po­sa uno pa­ra una fo­to de Oban­do, no to­dos los días lo con­ge­lan a uno en un mo­men­to de la his­to­ria, no siem­pre es­tá uno en el mo­men­to exac­to cuan­do em­pie­za una tra­di­ción.

“Ahí es­tán to­dos los de las fa­mi­lias fun­da­do­ras: los Lon- do­ño, los Atehor­túa, los Hin­ca­pié, los Gri­sa­les, en­tre otros...”, di­ce Ós­car Jai­me Oban­do, hi­jo del fo­tó­gra­fo, guardián del te­so­ro de más de 500 mil imá­ge­nes cap­ta­das por su pa­dre.

La fo­to, cuen­ta, es en los te­rre­nos de lo que fue el Tea­tro Bo­lí­var, de­mo­li­do (co­mo es cos­tum­bre en Me­de­llín) pa­ra dar­le pa­so al pro­gre­so por allá en 1954. Es­tán, en­ton­ces, pa­ra­dos en al­gún lu­gar de la ca­lle Aya­cu­cho.

No era cual­quier co­sa to­mar aque­lla fo­to. La cá­ma­ra de 360 gra­dos con la cual Jor­ge Oban­do cap­tó to­da una épo­ca (la inau­gu­ra­ción del es­ta­dio Ata­na­sio Gi­rar­dot, la mul­ti­tud acom­pa­ñan­do En­ri­que Ola­ya He­rre­ra en la Pla­za Cis­ne­ros, la ro­me­ría de una pro­ce­sión). “La cá­ma­ra tar­da­ba unos 80 se­gun­dos en gi­rar”, re­cuer­da su hi­jo Ós­car Jai­me.

Así que los ci­ta­ron allí, los or­ga­ni­za­ron: autoridades al cen­tro, si­lle­te­ros y si­lle­tas de iz­quier­da a de­re­cha, los cu­rio­sos atrás, por fa­vor.

La ma­yo­ría mi­ra la cá­ma­ra, in­clu­so hay quien lo­gra ele­var

La fo­to es en los te­rre­nos de lo que fue el Tea­tro Bo­lí­var, de­mo­li­do. Es­tán, en­ton­ces, pa­ra­dos en al­gún lu­gar de la ca­lle Aya­cu­cho.

un po­co la ca­be­za por en­ci­ma de las flo­res pa­ra ha­cer­se ver. Hay som­bre­ros. Hay hom­bres de tra­je, hay rua­nas, hay pon­chos. Hay gen­te des­cal­za (mí­ren­los ahí, a la iz­quier­da ca­si en el lí­mi­te de la ima­gen, dos hom­bres, uno de­lan­te del otro, a quie­nes se les pue­den ver los de­dos de los pies), hay más hom­bres que mu­je­res, hay gen­te de es­pal­da ex­hi­bien­do las si­lle­tas.

“In­clu­so se lle­gó a creer que en la fo­to es­ta­ba Gui­ller­mo León Va­len­cia, pe­ro no. Sí hay un hom­bre muy pa­re­ci­do, pe­ro no es”, lo des­car­ta Ós­car Jai­me.

Y real­men­te es pa­re­ci­do, mí­ren­lo us­te­des, no tie­nen que ale­jar­se mu­cho de los ni­ños aque­llos, so­lo un po­co ha­cia la iz­quier­da y ahí lo ve­rán: al­to, el pe­lo cres­po pei­na­do ha­cia un la­do, bi­go­te. Sin du­da pa­re­ci­do, pe­ro de­ma­sia­do jo­ven pa­ra ser­lo. No pa­re­ce ser el ti­po de 48 años que, pa­ra el mo­men­to, te­nía el po­lí­ti­co que lle­ga­ría a ser pre­si­den­te de Co­lom­bia.

Hay, de­trás de to­dos ellos, una Me­de­llín que em­pe­za­ba a re­cons­truir­se. De ese cen­tro con te­jas de ba­rro que­da de po­co a na­da.

¿Qué ha­brá si­do de aquel par de ni­ños? Qui­zá, tras la fo­to, se su­ma­ron al des­fi­le fol­cló­ri­co que le si­guió al de los si­lle­te­ros, co­rrien­do de­trás de la yun­ta de bue­yes ca­mino al Bos­que de la In­de­pen­den­cia

que se con­vir­tió, tras años de aban­dono, en el Jardín Bo­tá­ni­co. O qui­zá no, ayu­da­ron a car­gar las flo­res y vol­vie­ron a San­ta Ele­na, es­pe­ran­do que el des­fi­le se vol­vie­ra tra­di­ción y les to­ca­ra a ellos el turno de ex­hi­bir la si­lle­ta

Es­ta fo­to es par­te del ar­chi­vo fo­to­grá­fi­co de Jor­ge Oban­do, con­ser­va­do por su hi­jo, Ós­car Jai­me, quien la com­par­tió con El Co­lom­biano. En ella se apre­cian los cam­pe­si-nos que par­ti­ci­pa­ron en el pri­mer Des­fi­le de Si­lle­te­ros el 28 de abril de 1957. La fo­to fue to­ma­da con una cá­ma­ra Cir­kut East­man Ko­dak.

FO­TO JOR­GE OBAN­DO

Fuen­te: Al­cal­día de Me­de­llín. In­fo­gra­fía: EL CO­LOM­BIANO © 2017. JT-JR (N4)

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