Ca­ro­li­na Gue­rra dio un pa­so ade­lan­te

en su ca­rre­ra pro­fe­sio­nal lue­go de ven­cer la frus­tra­ción y de em­pe­zar de ce­ro en un país que no siem­pre re­ci­be con los bra­zos abier­tos a los la­ti­nos. Hoy tie­ne un papel re­le­van­te en Ani­mal Kingdom, la se­rie de AMC en la que en­car­na a Lucy, la no­via de uno

Fucsia - - PORTADA -

¿Por qué de­ci­dió tras­la­dar­se a Es­ta­dos Uni­dos?

Ha­ce al­re­de­dor de 6 años te­nía una gran cu­rio­si­dad por pro­bar­me en otros lu­ga­res. Sin em­bar­go, tras una con­ver­sa­ción que sos­tu­ve con Fa­bio­la Pe­ña (una mu­jer de­ter­mi­nan­te en mi pro­ce­so) du­ran­te el Fes­ti­val de Ci­ne de Mo­re­lia, en Mé­xi­co, de­ci­dí ir­me a pro­bar suer­te en Los Án­ge­les.

¿Qué que­ría con­se­guir?

Ex­pan­dir­me. Re­tar­me. Me he da­do cuen­ta de que la apro­ba­ción que bus­co con ma­yor fre­cuen­cia es la mía.

¿Có­mo fue­ron esos pri­me­ros días?

Du­ros. Al prin­ci­pio exis­te la emo­ción de lo nue­vo; sin em­bar­go, pa­sé días muy di­fí­ci­les en los que la in­cer­ti­dum­bre era una ami­ga cons­tan­te. Tu­ve que apren­der a pa­rar, co­sa que me cos­tó mu­chí­si­mo, pues tra­ba­jo des­de los 15 años. Fue un pro­ce­so du­ro pe­ro cier­ta­men­te en­ri­que­ce­dor.

¿A qué no ha po­di­do acos­tum­brar­se?

Al net­wor­king 24 ho­ras al día, sie­te días a la se­ma­na. No es­toy con­fi­gu­ra­da pa­ra eso.

¿Có­mo ha si­do el pro­ce­so de en­con­trar un es­pa­cio en Holly­wood?

Len­to, co­mo el de to­do el mun­do. No obs­tan­te, en­tien­do lo afor­tu­na­da que he si­do. Hay mi­les de per­so­nas con mu­cho talento que no han te­ni­do las mis­mas oportunidades que yo. Que el pri­mer tra­ba­jo que me ha­ya re­sul­ta­do fue­ra un show co­mo Ani­mal Kingdom es una opor­tu­ni­dad en un mi­llón. Vi­vo muy cons­cien­te de es­to y tra­to de es­tar a la al­tu­ra de lo que me pa­se.

¿Qué ha si­do lo más di­fí­cil de es­ta ex­pe­rien­cia?

Em­pe­zar de ce­ro nue­va­men­te.

¿Y lo más en­ri­que­ce­dor?

¡Em­pe­zar de ce­ro nue­va­men­te!

Ac­tri­ces co­mo Eva Men­des di­cen que ser la­ti­na y mu­jer en Holly­wood es aún muy di­fí­cil, ¿qué pien­sa?

Eva Men­des, Sal­ma Ha­yek y Pe­né­lo­pe Cruz (aun­que es­pa­ño­la, es con­si­de­ra­da la­ti­na en Es­ta­dos Uni­dos) me­re­cen nues­tro agra­de­ci­mien­to. Han he­cho un gran tra­ba­jo por to­das aque­llas per­so­nas que que­re­mos abrir­nos un es­pa­cio en una in­dus­tria du­ra y de cos­tum­bres ne­cias. Quie­ro re­sal­tar que he per­ci­bi­do un cam­bio po­si­ti­vo en los úl­ti­mos tres años en los que he es­ta­do en Es­ta­dos Uni­dos. He en­con­tra­do his­to­rias más in­clu­si­vas, per­so­na­jes más va­ria­dos y de me­jor ca­li­dad pa­ra no­so­tras, que an­tes que ser un co­lor de piel y un idio­ma, so­mos mu­je­res ar­tis­tas y po­de­ro­sas.

¿Qué ven­ta­jas tie­nen las ac­tri­ces la­ti­nas en el mer­ca­do es­ta­dou­ni­den­se?

Se­ría ton­to no re­fe­rir­se al ap­peal de las mu­je­res la­ti­nas. Hay al­go en nues­tras ma­ne­ras y nues­tra ener­gía que ha­ce que la gen­te vol­tee a ver­nos. Sin em­bar­go, es­to son mo­das. An­tes eran las ru­bias, aho­ra las la­ti­nas, lo úni­co que de­be des­ta­car­nos a la ho­ra de la ver­dad es nues­tra ca­li­dad ar­tís­ti­ca. Con eso na­die ni na­da pe­lea.

¿Qué es lo que más des­mo­ra­li­za a una ac­triz cuan­do se en­fren­ta a la reali­dad del mer­ca­do del ci­ne y la te­le­vi­sión en Es­ta­dos Uni­dos?

Sien­to que los es­te­reo­ti­pos son pre­ci­sa­men­te una de esas co­sas pe­li­gro­sas. Es muy frus­tran­te sen­tir­se ca­paz de al­go y no po­der ha­cer­lo o de­mos­trar­lo por fal­ta de oportunidades.

¿Al­gu­na vez en el ejercicio de su la­bor se ha sen­ti­do pre­sio­na­da a hacer al­go que no quie­re o le han he­cho in­si­nua­cio­nes mo­les­tas?

Afor­tu­na­da­men­te, nun­ca me vi en una si­tua­ción se­me­jan­te.

Su pri­me­ra ex­pe­rien­cia in­ter­na­cio­nal fue en Da Vin­ci’s

De­mons. ¿En qué ha evo­lu­cio­na­do co­mo ac­triz des­de ese en­ton­ces?

La ex­pe­rien­cia que me dio ha­ber tra­ba­ja­do en Eu­ro­pa hi­zo que me en­fren­ta­ra a es­ta se­rie en Es­ta­dos Uni­dos de una ma­ne­ra com­ple­ta­men­te dis­tin­ta. ¡En­tre un pro­yec­to y otro me han pa­sa­do tan­tas co­sas! He cre­ci­do co­mo per­so­na y a la ho­ra de ac­tuar es­to va de la mano. Hoy sien­to que co­mo ar­tis­ta ten­go más por de­cir.

Ya lle­va más de un año de lleno en Los Án­ge­les, ¿qué le ha gus­ta­do de la ciu­dad?

Una vez le di la opor­tu­ni­dad a Los Án­ge­les, me mos­tró su ca­ra más be­lla. Me gus­ta que ofre­ce un es­ti­lo de vi­da sano, que es­tá lleno de na­tu­ra­le­za, mon­ta­ñas de­sier­tos,

mar. Me gus­ta hacer pa­seos en ca­rro y Ca­li­for­nia es per­fec­to. Es un es­ta­do pro­gre­sis­ta. Dis­fru­to es­tar en un lu­gar en don­de el ma­tri­mo­nio gay sea le­gal, don­de se han de­ja­do mu­chos ta­búes atrás. Don­de los jó­ve­nes es­tán muy in­vo­lu­cra­dos a ni­vel po­lí­ti­co y so­cial.

¿Muy di­fe­ren­te de vi­vir en Nueva York?

Co­mo el agua y el aceite. Yo ten­go un her­mano ma­yor, Se­bas­tián, que vi­ve en Nueva York des­de que yo te­nía co­mo 10 años. Por eso pa­sé mu­cho tiem­po allí. Siem­pre fue mi ciu­dad. Va con­mi­go, con mi per­so­na­li­dad. Los Án­ge­les me cos­tó mu­cho por es­to. No la en­ten­día co­mo ciu­dad, tie­ne di­ná­mi­cas com­ple­ta­men­te dis­tin­tas. En Nueva York uno ca­mi­na, la ciu­dad le pa­sa a uno, no al con­tra­rio. En Los Án­ge­les hay que co­no­cer a al­guien pa­ra sa­ber qué pa­sa, es­tás en­tre el ca­rro to­do el día. En Nueva York no ne­ce­si­tas más que un buen play­list, au­dí­fo­nos y tus pies. Son lu­ga­res con un al­ma dis­tin­ta. Hay gen­te pa­ra to­do. Siem­pre ama­ré Nueva York pe­ro en­tien­do que mi lu­gar hoy es­tá aquí.

¿Có­mo es su ho­gar en Los Án­ge­les? ¿Dón­de vi­ve?

Una de las co­sas que me en­se­ñó a que­rer es­ta ciu­dad fue la po­si­bi­li­dad de vi­vir ro­dea­da de ver­de. Al­go di­fí­cil en lu­ga­res co­mo Bo­go­tá, Nueva York o Lon­dres, en don­de pa­sé al­gún tiem­po. Vi­vo en una ca­si­ta en la zo­na mon­ta­ño­sa de Los Án­ge­les, al es­te: Holly­wood Hills. A ve­ces veo ve­na­dos y desa­yuno mi­ran­do ar­di­llas que se suben a los ár­bo­les del jar­dín. Vi­vo en un lu­gar ar­mo­nio­so, a 15 minutos de la lo­cu­ra de la ciu­dad, a 15 de mi tra­ba­jo y ve­ci­na de los co­li­bríes.

¿Qué es lo que más ex­tra­ña de ser ac­triz en Co­lom­bia?

A mis com­pa­ñe­ros. Si bien es emo­cio­nan­te te­ner to­do por ver y apren­der, no pue­do ne­gar que la fa­mi­lia­ri­dad es lin­da tam­bién.

¿Có­mo lle­gó a us­ted el papel de Lucy en Ani­mal Kingdom?

Por me­dio de mi equi­po de Los Án­ge­les. Fui a hacer la au­di­ción en War­ner Brot­hers. Es­ta­ba en­fer­ma, no ha­bía dor­mi­do bien, lle­gué des­pei­na­da y sin ma­qui­lla­je. Pen­sé que ha­bía he­cho la peor au­di­ción de mi vi­da y a las dos se­ma­nas ya es­ta­ba fil­man­do.

¿Có­mo evo­lu­cio­na ella de la pri­me­ra a la se­gun­da tem­po­ra­da?

Dos­cien­tos por cien­to. En la pri­me­ra tem­po­ra­da, sim­ple­men­te jue­ga el papel de no­via de Baz. En la se­gun­da es ella per se. Y en­tra de ma­ne­ra de­ci­si­va en el plano fa­mi­liar. Mu­chos de los gran­des gi­ros de es­ta his­to­ria ten­drán el nom­bre de “Lucy” es­cri­to.

¿Có­mo des­cri­bi­ría a su per­so­na­je?

¡Una mu­jer for­tí­si­ma! Ma­dre ca­be­za de fa­mi­lia, in­te­li­gen­te, dis­cre­ta, estratega. Me gus­ta Lucy. Aun­que no com­par­ta mu­cho de lo que ha­ce, la res­pe­to.

Es la úni­ca ar­tis­ta la­ti­na en la se­rie, ¿có­mo la ha­ce sen­tir?

Con una res­pon­sa­bi­li­dad gran­de.

¿Qué tal la re­la­ción con sus com­pa­ñe­ros en la se­rie?

Al prin­ci­pio mi úni­co com­pa­ñe­ro fue Scott Speed­man, pues la lí­nea dra­má­ti­ca era ex­clu­si­va­men­te en­tre el per­so­na­je de él y el mío. Ya en la se­gun­da tem­po­ra­da tu­ve que con­vi­vir con los de­más y de­bo de­cir que es­toy tra­ba­jan­do con gen­te ma­ra­vi­llo­sa. Pro­fe­sio­na­les, ta­len­to­sos y amo­ro­sos. Nos reí­mos mu­cho en el set. Es­toy en­se­ñán­do­le es­pa­ñol a más de uno...

¿Qué otros pro­yec­tos tie­ne en­tre el tin­te­ro?

Es­toy res­pon­dien­do es­ta entrevista sen­ta­da en un avión rum­bo a Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na. Allí es­ta­ré fil­man­do dos me­ses. En me­nos de tres días em­pren­do una nueva aven­tu­ra y de­bo con­fe­sar que ha­ce mu­cho tiem­po no sen­tía la emo­ción que sien­to hoy por es­te nue­vo pro­yec­to. Voy a en­car­nar un per­so­na­je de la vi­da real. Su Nom­bre es Flor de Oro Tru­ji­llo. ¡Ahí les de­jo la in­quie­tud!

La vi­mos en los Pre­mios Emmy con un her­mo­so ves­ti­do blan­co de Aläia, ¿có­mo es su re­la­ción con la mo­da aho­ra que es una ar­tis­ta in­ter­na­cio­nal?

Siem­pre he es­ta­do es­tre­cha­men­te li­ga­da a ella. Mi ma­má es di­se­ña­do­ra de mo­das y, na­tu­ral­men­te, des­de pe­que­ña siem­pre fue al­go im­por­tan­te pa­ra mí. La dis­fru­to in­men­sa­men­te, me gus­ta lo que hay de­trás, co­mo jue­ga la mo­da con la mú­si­ca y, por su­pues­to, en Los Án­ge­les se res­pi­ra y se vi­ve por to­dos la­dos.

¿Có­mo se ase­so­ró pa­ra pi­sar la al­fom­bra roja?

Ten­go ami­gas en la in­dus­tria de la mo­da en Los Án­ge­les. Jean Wood­ward ha si­do in­con­di­cio­nal con­mi­go, se ha con­ver­ti­do en una de mis me­jo­res ami­gas y fi­gu­ra pre­di­lec­ta a la ho­ra de ves­tir­me. Sop­hie Lo­pez (es­ti­lis­ta de mo­da) es una mu­jer in­creí­ble­men­te ta­len­to­sa y que siem­pre es­tá ahí pa­ra ayu­dar. Nor­ma Ja­ne (ma­ke up ar­tist co­lom­bia­na) vo­ló des­de Nueva York pa­ra hacer mi ma­qui­lla­je y pe­lo. En fin, creo que soy una mu­jer afor­tu­na­da que quie­re y es que­ri­da. ¡Eso es muy im­por­tan­te!

Ha­ble­mos de Da­vid Reu­ben Jr. ¿Qué es lo que más te gus­ta de su re­la­ción con él?

Nos di­ver­ti­mos mu­cho jun­tos. Po­de­mos es­tar en el lu­gar más abu­rri­do del mun­do y siem­pre pa­sa­mos in­creí­ble.

¿Qué los man­tie­ne uni­dos?

De­fi­ni­ti­va­men­te el amor que sen­ti­mos por el uno por el otro.

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