ALERTA: VACACIONES

SI BIEN LOS DÍAS DE DESCANSO SON PA­RA RELAJARSE, BAJAR EL RITMO Y RECARGAR ENERGÍAS, NO SE PUE­DE SER LAXO CON EL CUIDADO DE LA PIEL. MÁS ALLÁ DE LA CA­RA, LOS HOM­BROS Y LA ES­PAL­DA, HAY DOS ZO­NAS QUE MERECEN ES­PE­CIAL ATEN­CIÓN: LOS LA­BIOS Y EL PE­LO. ¿CÓ­MO PR

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Más allá de la ca­ra, los hom­bros y la es­pal­da, hay dos zo­nas que tam­bién de­ben res­guar­dar­se del sol: los la­bios y el pe­lo.

YA SEA que de­ci­da ex­po­ner­se al sol o gua­re­cer­se to­tal­men­te de sus efec­tos, la apli­ca­ción de pro­tec­tor solar es un pa­so que no se de­be sal­tar. A quie­nes es­ta­rán en ex­te­rio­res o van a op­tar por bron­cear­se, se les re­co­mien­da po­ner­lo abun­dan­te­men­te en las zo­nas que es­ta­rán ex­pues­tas a los ra­yos UVA y UVB al me­nos 30 mi­nu­tos an­tes de sa­lir al sol y reapli­car ca­da dos ho­ras. El fac­tor de pro­tec­ción solar que se re­co­mien­da en es­te ca­so es de 50 SPF.

Pe­ro la ca­ra y el cuer­po no son los úni­cos que de­ben res­guar­dar­se. Los la­bios y el pe­lo (en es­pe­cial el cue­ro ca­be­llu­do) tam­bién. La piel de la bo­ca es más del­ga­da que la del res­to del ros­tro y se des­hi­dra­ta con fa­ci­li­dad, no so­lo por el efec­to de las al­tas tem­pe­ra­tu­ras, tam­bién por la hu­me­dad y los vien­tos fríos.

Pa­ra evi­tar que se par­tan, se que­men o se des­pe­lle­jen, es fun­da­men­tal apli­car bál­sa­mo pa­ra la­bios va­rias ve­ces al día, en es­pe­cial aque­llos que tie­nen fac­tor de pro­tec­ción solar y agen­tes hu­mec­tan­tes co­mo ce­ra de abe­jas, man­te­ca de ca­cao, acei­te de jo­jo­ba, man­te­qui­lla de ka­ri­té y vi­ta­mi­na E; al­gu­nos es­tán for­mu­la­dos con óxi­do de zinc, una pan­ta­lla solar fí­si­ca a ba­se de mi­ne­ra­les que re­fle­ja los ra­yos UV na­tu­ral­men­te. Si quie­re lle­var al­go de co­lor en la bo­ca, exis­ten otros que, ade­más de pro­te­ger, ofre­cen di­fe­ren­tes to­nos e in­clu­so sa­bo­res co­mo al­ter­na­ti­va al as­pec­to neu­tro e in­co­lo­ro de al­gu­nas ba­rras hi­dra­tan­tes.

OJO AL PE­LO

La fi­bra ca­pi­lar y el cue­ro ca­be­llu­do tam­bién su­fren en vacaciones. El sol, el agua sa­la­da y el clo­ro son los agen­tes ex­ter­nos que más lo mal­tra­tan y que pue­den lle­gar a de­te­rio­rar­lo. Así co­mo se apli­ca dia­ria­men­te pro­tec­tor solar en el ros­tro y el cuer­po, tam­bién se de­be ha­cer en el pe­lo. El mer­ca­do ofrece lí­neas com­ple­tas pa­ra su cuidado que in­clu­yen des­de cham­pú y acon­di­cio­na­dor has­ta acei­tes y tra­ta­mien­tos que crean una ba­rre­ra pa­ra evi­tar no so­lo que­ma­du­ras, tam­bién va­ria­cio­nes del co­lor y la tex­tu­ra.

Los ca­be­llos tin­tu­ra­dos son más sus­cep­ti­bles a su­frir da­ños, por lo que ade­más de los pro­duc­tos an­te­rio­res es ne­ce­sa­rio apli­car un pro­tec­tor de co­lor que con­ge­le los pig­men­tos por más tiem­po. Es­to ase­gu­ra­rá que el tono se man­ten­ga a pe­sar del efec­to de los ra­yos so­la­res y del agua del mar o la pis­ci­na.

Un pro­tec­tor solar de mí­ni­mo SPF 5O de­be ser el pri­mer ar­tícu­lo en la ma­le­ta de via­je.

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