Is­rael y Est­her Gon­tov­nik

Co­noz­ca el re­co­rri­do de ca­sa­dos de Is­rael y Est­her Gon­tov­nik que atra­vie­sa su se­xa­gé­si­mo quin­to aniver­sa­rio. Es­te par de po­la­cos cuen­tan có­mo se co­no­cie­ron, có­mo se enamo­ra­ron y có­mo lle­ga­ron a Ba­rran­qui­lla.

Gente Caribe - - Índice - TEX­TO Sa­ra Her­nán­dez C. @sa­ra_her­nan­dezc FO­TOS Char­lie Cor­de­ro

¿Ne­gro, dón­de te ca­sas­te? le pre­gun­ta enér­gi­ca­men­te Est­her Cy­bul —su nue­ra—a Is­rael Gon­tov­nik. “En Me­de­llín”, res­pon­de con su grue­sa voz y a sus 92 años en la sa­la de su ca­sa, en el nor­te de Ba­rran­qui­lla. Pa­re­cie­ra guar­dar in­tac­to aquel re­cuer­do que pa­ra él, co­mo pa­ra su es­po­sa, fue tan cru­cial en su vi­da.

Y lo re­cuer­da por­que ese fue el lu­gar don­de se co­no­ció con Est­her Wiel­gus. A es­ta mu­jer la ubi­có por una per­so­na que le ha­bló de ella. Sin me­dir pa­la­bras ni ac­tos se fue en bus­ca de aque­lla mu­jer a esa par­te del país. Al lle­gar com­pro­bó que sí le gus­ta­ba, al­go en él se lo de­cía, el tema de es­tu­diar la mis­ma ca­rre­ra, Quí­mi­ca Far­ma­céu­ti­ca, era un asun­to que no po­día ser ca­sua­li­dad.

Lue­go vi­nie­ron va­rias vi­si­tas de Est­her a la Cos­ta Ca­ri­be, en­cuen­tros en Puer­to Co­lom­bia y has­ta en Car­ta­ge­na. Él no du­dó y pen­só : “esa mu­jer va a ser mía” y así lo fue. La pa­re­ja se ca­só un 31 de mar­zo de 1951, ha­ce 65 años. So­lo ha­bían pa­sa­do tres me­ses de no­viaz­go.

“Ella era una de las mu­je­res más bo­ni­tas que ha­bía en Ba­rran­qui­lla, a mí me gus­tó ver­la en ves­ti­do de ba­ño, te­nía buen cuer­po y ade­más era muy bo­ni­ta”, re­me­mo­ra Is­rael Gon­tov­nik.

El tema cul­tu­ral los unió pues am­bos son ju­díos, com­par­ten cos­tum­bres y has­ta si­mi­li­tud en el co­lor azul de sus ojos, lo que los ató. “Nos gus­ta­mos, nos enamo­ra­mos y nos ca­sa­mos”, se­ña­la son­rien­te el hom­bre quien ade­más apun­ta que en nin­gún mo­men­to lle­gó a sen­tir­se arre­pen­ti­do de la de­ci­sión.

Es más, “siem­pre le he si­do fiel, co­mo a na­die”, re­sal­ta. Y así, es­pon­tá­nea­men­te, lle­gan otras ideas, a la con­ver­sa­ción “pa­ra no­so­tros es muy im­por­tan­te el tema de la fi­de­li­dad”, re­cuer­da Est­her mien­tras ex­pli­ca que el tema aho­ra se ma­ne­ja di­fe­ren­te.

SO­BRE LA CO­CI­NA DE EST­HER... “Me gus­ta­ba to­do lo que mi es­po­sa co­ci­na­ba so­bre­to­do la so­pa de re­po­llo”.

SU HIS­TO­RIA. La pa­re­ja na­ció en Po­lo­nia. El pri­me­ro en lle­gar a Ba­rran­qui­lla, hu­yen­do de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial en Eu­ro­pa, fue Ja­co­bo, el pa­dre de Is­rael , en 1931. Lue­go Is­rael (el hi­jo) lle­gó a La Are­no­sa jun­to a sus dos her­ma­nos y su ma­dre —en el bar­co Green—. Est­her arri­bó en otra em­bar­ca­ción jun­to a sus dos pa­dres, una her- ma­na y fue di­rec­to a Me­de­llín.

El pa­dre de Is­rael te­nía un al­ma­cén de cal­za­do en La ca­lle de las va­cas, —hoy ca­lle 30— una tien­da co­no­ci­da co­mo La ele­gan­cia, en la que re­to­mó sus co­no­ci­mien­tos en za­pa­te­ría, aun­que en Po­lo­nia fue agricultor. “Ne­ce­si­ta­ba ga­nar­se la vi­da y sa­car­nos ade­lan­te”, co­men­ta Is­rael con

SO­BRE IS­RAEL... “Él siem­pre ha si­do un buen hom­bre, un buen es­po­so, una bue­na per­so­na”.

na­tu­ra­li­dad. En ese mo­men­to, la fa­mi­lia Gon­tov­nik vi­vía en la par­te tra­se­ra del al­ma­cén. En el sec­tor re­si­dían mu­chos ju­díos que ha­bían lle­ga­do en si­mi­la­res cir­cuns­tan­cias. Tiem­po des­pués, el ne­go­cio del cal­za­do no flu­yó, ra­zón por la que abrió un al­ma­cén de mue­bles.

La si­tua­ción eco­nó­mi­ca cam­bió, el ne­go­cio pros­pe­ró e Is­rael se fue a es­tu­diar Quí­mi­ca Far­ma­céu­ti­ca a Bo­go­tá. Lue­go, pa­ra 1951, vol­vió Ba­rran­qui­lla y abrió la far­ma­cia Unión, de eso ha­ce 65 años. La que de he­cho, aún es­tá en fun­cio­na­mien­to.

Es­te fue un asun­to ren­ta­ble por mu­chos años, la­men­ta­ble­men­te las fór­mu­las que apren­dió en la uni­ver­si­dad po­co a po­co fue­ron per­dien­do su au­ge de­bi­do a la pro­li­fe­ra­ción de nue­vas tien­das de me­di­ca­men­tos. Sin em­bar­go, las re­ce­tas de la pa­re­ja son am­plia­men­te co­no­ci­das en la ciu­dad. SO­BRE ELLOS. El dúo di­ná­mi­co ca­da se­ma­na sa­lía a bai­lar al Pa­tio An­da­luz, en el an­ti­guo Ho­tel El Pra­do y tam­bién ju­ga­ba brid­ge y do­mi­nó, que más que un ac­to co­ti­diano, era par­te de su esen­cia. Aún, Is­rael jue­ga do­mi­nó y Est­her brid­ge. Siem­pre lo ha­cían en gru­pos de per­so­nas de la mis­ma co­mu­ni­dad ju­día. De ese gru­po, son la úni­ca pa­re­ja vi­va.

Est­her siem­pre ha si­do cal­ma­da. “Ella bai­la­ba un po­qui­to mal”, cuen­ta son­rien­te Is­rael. Él, por su la­do, se con­si­de­ra un trom­po en la pis­ta y has­ta al sue­lo ‘se ti­ra­ba’. El can­to tam­bién es otro de los ta­len­tos de es­te hom­bre, de he­cho, a la se­ño­ra Est­her le agra­da­ba es­cu­char­lo. Dis­fru­tan de co­mer jun­tos; Est­her apren­dió se­cre­tos de la ma­dre de su es­po­so en la co­ci­na. Lo que apren­dió con el pa­so del tiem­po fue que la ma­ne­ra de ser de am­bos in­flu­yó mu­cho en con­so­li­dar su unión, “un tra­ba­jo de res­pe­to y con­fian­za en el otro”, re­cal­ca la mu­jer. GC

Is­rael te­nía 27 años y Est­her 22 al mo­men­to de con­traer ma­tri­mo­nio en 1951.

Is­rael y Est­her se ca­sa­ron el 31 de mar­zo de 1951, en Me­de­llín.

En la ima­gen Leo, Fanny y Miguel jun­to a sus pa­dres.

En un bai­le en Ba­rran­qui­lla, en di­ciem­bre del año 1962.

Los nue­ve nie­tos de la pa­re­ja en el cum­plea­ños No. 90 de Is­rael.

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