Vi­via­na Es­caf y Jo­sé Mi­guel Amín

Ha­ber co­no­ci­do a Vi­via­na Es­caf y te­ner­la hoy día co­mo es­po­sa, com­pa­ñe­ra de vi­da y ma­dre de sus hi­jos, ha si­do pa­ra Jo­sé Amín co­mo “ga­nar­se el ba­lo­to”.

Gente Caribe - - Índice - TEX­TO Ca­ro­li­na Var­gas Hor­ma­za @ Ca­ri­to­var­gash FOTOS Or­lan­do Ama­dor y archivo par­ti­cu­lar

Co­mo si hu­bie­ra si­do ayer, Vi­via­na Es­caf re­cuer­da el pri­mer día que vio a Jo­sé Mi­guel Amín. Fue en una fies­ta ca­sual, en el Club Cam­pes­tre de Ba­rran­qui­lla. Allí cru­za­ron mi­ra­das y saludos por pri­me­ra vez cuan­do ella te­nía tan so­lo 16 años y él 21. Lo que en ese mo­men­to Jo­sé no sa­bía, era que ella ha­bía que­da­do ‘fle­cha­da’.

“Nos co­no­ci­mos en el club, en una fies­ta. Allí nos sa­lu­da­mos y la ver­dad es que me fle­ché ape­nas lo vi. Pen­sé ¡qué divino, me en­can­ta! (ri­sas), fue co­mo amor a pri­me­ra vis­ta”, re­cor­dó Vi­via­na.

Des­de ese mo­men­to los en­cuen­tros em­pe­za­ron a sur­gir con gran fre­cuen­cia, pues él prac­ti­ca­ba soft­ball en el club y ella asis­tía a to­dos sus par­ti­dos pa­ra no per­der la opor­tu­ni­dad de ver­lo en el cam­po de jue­go.

“Él ju­ga­ba soft­ball y en­ton­ces co­mo a mí me en­can­ta­ba tan­to yo lo que hacía era que iba a to­dos los par­ti­dos y me po­nía en las gra­das, en la pri­me­ra fi­la pa­ra ver­lo”, re­me­mo­ró Vi­via­na.

Sin pen­sar­lo esos en­cuen­tros fue­ron la cla­ve pa­ra ini­ciar nue­vas plá­ti­cas y co­no­cer­se un po­co más. Los saludos pa­sa­ron a ser lar­gas con­ver­sa­cio­nes y de ahí em­pe­za­ron a sa­lir, sin du­da la co­ne­xión en­tre ellos se hacía ca­da vez más fuer­te.

“Ahí em­pe­zó to­do, él se acercaba, me sa­lu­da­ba, ha­blá­ba­mos y lue­go em­pe­za­mos a sa­lir. Re­cuer­do que la pri­me­ra ci­ta fue en un pun­to don­de ven­dían ham­bur­gue­sas y mal­tea­das que se lla­ma­ba ‘Hanky Panky’”, di­jo Vi­via­na.

To­do lo an­te­rior su­ce­dió, se­gún re­cuer­da la pa­re­ja, du­ran­te el mes de di­ciem­bre del año 1982 y fue tres me­ses des­pués, en mar­zo de 1983, cuan­do de­ci­die­ron ser no­vios. Hoy día lle­van 30 años de ca­sa­dos y son pa­dres de dos jó­ve­nes, Jo­sé Mi­guel Ju­nior, de 28 años, y Ni­co­lle, de 25.

“El día que él me pi­dió ser su no­via fue con to­do y ‘echa­da de cuen­to’ (ri­sas). Ese día me acuer­do que él me fue a re­co­ger don­de una ami­ga mía y ahí mon­ta­dos en el ca­rro me di­jo que si que­ría ser su no­via y yo le di­je que sí en­se­gui­da (ri­sas). Ese día tam­bién nos di­mos el pri­mer be­so”, re­la­tó Vi­via­na con emo­ción en su voz.

La atrac­ción que ha­bía en­tre los dos fue tan fuer­te que Jo­sé con­fie­sa que a los seis me­ses de no­viaz­go ha­bía de­ci­di­do que Vi­via­na era la mu­jer con la que que­ría es­tar el res­to de su vi­da. Sin em­bar­go, sa­bía que dar ese pa­so

se­ría una gran res­pon­sa­bi­li­dad y po­día ser muy pron­to pa­ra to­mar­la.

“A los seis me­ses de ha­ber­la co­no­ci­do le di­je: yo me quie­ro ca­sar con­ti­go. En ese mo­men­to no te­nía un pe­so, ló­gi­ca­men­te. Nos ca­sa­mos des­pués de seis años cuan­do yo le di­je —bueno, si te quieres ca­sar con­mi­go nos va­mos a vi­vir a Ma­gan­gué, por­que yo quie­ro que mi pa­pá des­can­se un po­co y en­trar en la eta­pa de ha­cer­me car­go de su arro­ce­ra— y así fue”, ex­pre­só Jo­sé.

Fue en­ton­ces cuan­do lle­gó el gran día, ese que ve­nían so­ñan­do des­de que em­pe­za­ron su no­viaz­go, el día en que se ju­ra­rían amor eterno an­te Dios. La ce­re­mo­nia se reali­zó el 27 de no­viem­bre de 1987 en la igle­sia de la Inmaculada Con­cep­ción en Ba­rran­qui­lla y la re­cep­ción fue en el en­ton­ces Club Eje­cu­ti­vo.

“La pe­di­da de mano fue muy lin­da, él fue y ha­bló con mi ma­má y mis her­ma­nos y les di­jo que nos que­ría­mos ca­sar en no­viem­bre pa­ra ir­nos en di­ciem­bre o en enero a vi­vir a Ma­gan­gué y así fue, co­men­za­mos a pla­near to­do y nos ca- sa­mos. Fue es­pec­ta­cu­lar”, di­jo Vi­via­na.

Tal y co­mo lo ha­bían pla­nea­do, en enero de 1988, la pa­re­ja ya ca­sa­da, de­ci­de ir­se a vi­vir a Ma­gan­gué, Bo­lí­var. Allí du­ra­ron vi­vien­do nue­ve me­ses, has­ta que Vi­via­na que­dó em­ba­ra­za­da de su pri­mer hi­jo: Jo­sé Mi­guel Amín Es­caf. Por mo­ti­vos de po­si­ble em­ba­ra­zo ries­go­so, Vi­via­na de­ci­de re­gre­sar a Ba­rran­qui­lla, pa­ra te­ner to­dos los cui­da­dos que ne­ce­si­ta­ba.

“Allá en Ma­gan­gué que­dé em­ba­ra­za­da de mi pri­mer be­bé, con un ries­go muy al­to de pér­di­da, en­ton­ces por eso de­ci­dí ve­nir­me a Ba­rran­qui­lla a cui­dar­me mu­cho con to­do lo del em­ba­ra­zo y aquí na­ció Jo­sé. Fi­nal­men­te acá nos que­da­mos”, con­tó Vi­via­na.

Ya ra­di­ca­dos en Ba­rran­qui­lla, la pa­re­ja de­ci­de com­prar su apar­ta­men­to, sin em­bar­go si­guie­ron vi­vien­do en ca­sa de los pa­pás de Jo­sé, pues la unión que tie­nen con ellos, ase­gu­ran, es fuer­te. Tres años des­pués, Vi­via­na que­da em­ba­ra­za­da de su se­gun­do be­bé, Ni­co­lle Amín Es­caf.

“Vi­vir en ca­sa de mis pa­dres cuan­do Ni­co­lle na­ció fue una ven­ta­ja muy gran­de por­que yo tu­ve una se­gun­da ma­dre que fue mi na­na, quien du­ró 63 años con no­so­tros. Ella era una mu­jer en­tre­ga­da a no­so­tros y nos ayu­da­ba mu­cho a cui­dar de mis hi­jos”, re­cor­dó Jo­sé.

Hoy día, 30 años des­pués, la fa­mi­lia Amín Es­caf si­gue igual de uni­da. Ella, una ge­ren­te re­gio­nal ha­ce 28 años de una en­ti­dad fi­nan­cie­ra y él, un mo­ti­va­dor de sue­ños que jun­to a su hi­jo tie­nen una co­mer­cia­li­za­do­ra de ali­men­tos, ase­gu­ran que el se­cre­to pa­ra llegar don­de es­tán es el amor y la con­fian­za que siem­pre los ha ca­rac­te­ri­za­do co­mo pa­re­ja. GC

SO­BRE SU RE­LA­CIÓN... “A ve­ces los vier­nes po­ne­mos el ka­rao­ke, abri­mos una bo­te­lla de vino y can­ta­mos to­dos”.

Pa­ra Jo­sé Amín, el amor que sien­te por su es­po­sa Vi­via­na Es­caf se re­nue­va to­dos los días co­mo si fue­ra el pri­mer día de no­viaz­go.

Vi­via­na Es­caf jun­to a su es­po­so Jo­sé Amín y sus hi­jos Ni­co­lle y Jo­sé Mi­guel ‘Ju­nior’ Amín.

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