Una man­sión ita­lia­na en el Cen­tro de Barranquilla

Am­bien­tes co­mo sus co­rre­do­res y el res­tau­ran­te man­tie­nen el es­ti­lo de es­ta man­sión cons­trui­da por un ita­liano en 1950 y en la que hoy fun­cio­na el Ho­tel Gé­no­va. La her­mo­sa edi­fi­ca­ción hoy es pa­tri­mo­nio ar­qui­tec­tó­ni­co de la ciu­dad.

Gente Caribe - - Índice - TEX­TO Da­nie­la Fer­nán­dez Co­mas @da­nie­la­fer­co FOTOS Or­lan­do Ama­dor y archivo par­ti­cu­lar

Huir de vio­len­cia en su na­tal Ita­lia ter­mi­nó, pa­ra Ati­lio Va­ra­ni, en la crea­ción de un ho­tel en Barranquilla. ¿Có­mo? El des­tino de Ati­lio, su es­po­sa y su hi­ja de bra­zos era Ar­gen­ti­na, pe­ro fue la dé­bil sa­lud de su pe­que­ña lo que hi­zo que en­ca­lla­ran en Puer­to Co­lom­bia y, fi­nal­men­te, enamo­rar­se de la ca­pi­tal del Atlán­ti­co.

En la ca­lle 44, co­no­ci­da co­mo la ca­lle del Se­llo Na­cio­nal, en­tre ca­rre­ras 44 y 45, re­cor­da­das co­mo los ca­lle­jo­nes Cuar­tel y Lí­bano, Va­ra­ni en­con­tró un es­pa­cio pa­ra em­pe­zar de ce­ro. En 1952 co­men­zó la cons­truc­ción del ho­tel que se fun­dó en 1957 ba­jo el nom­bre de su ciu­dad de ori­gen, Gé­no­va, que al­ber­ga­ría 40 ha­bi­ta­cio­nes, una pis­ci­na, res­tau­ran­te y sa­lo­nes de even­tos.

Hoy el ho­tel si­gue en pie, re­mo­de­la­do por una fa­mi­lia co­lom­bia­na que lo com­pró a fi­na­les de los 90, y ubi­ca­do en la mis­ma di­rec­ción de siem­pre: el tra­di­cio­nal Cen­tro de la ciu­dad.

Sus 4.800 mts cua­dra­dos com­pren­den ins­ta­la­cio­nes re­for­ma­das, con re­cuer­dos de más de 60 años, que hoy in­vi­tan a se­guir sien­do dis­fru­ta­dos. “Hay quie­nes creen que ya no exis­te. Pe­ro aquí si­gue, fir­me”, ase­gu­ra Li­lia­na Cha­pa­rro, ge­ren­te del ho­tel. GC

Con el pa­sar del tiem­po, es­ta par­te de la ca­sa cam­bió su as­pec­to. An­tes, sus es­pa­cios eran en ma­de­ra, hoy son en már­mol.

La es­ca­le­ra es­tá tal cual co­mo fue di­se­ña­da y cons­trui­da en la edi­fi­ca­ción ori­gi­nal.

La en­tra­da de la man­sión fue re­mo­de­la­da. Las zo­nas ver­des son las mis­mas que se plan­tea­ron en la edi­fi­ca­ción ori­gi­nal.

El clá­si­co as­cen­sor aún se usa. Pa­ra uti­li­zar­lo se de­be ce­rrar la puer­ta.

La te­rra­za, que co­mu­ni­ca al ‘lobby’ con la pis­ci­na, man­tie­ne sus co­lum­nas en el mis­mo lu­gar. El piso fue re­mo­de­la­do.

Tos­ca­na es el res­tau­ran­te. Las si­llas si­guen in­tac­tas des­de su crea­ción, al igual que los es­pe­jos, ori­gi­na­les de Ve­ne­cia.

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