Aru­ba, más que un lu­gar pa­ra el tu­ris­mo de sol y pla­ya

Re­co­rrer la zo­na nor­te del país en buggy, pa­sear por la ca­lle del ar­te en San Ni­co­lás y ver el atar­de­cer des­de un ca­ta­ma­rán son al­gu­nas de las op­cio­nes pa­ra en­tre­te­ner­se en la ‘is­la fe­liz’.

Gente Caribe - - Índice - TEX­TO Y FO­TOS Da­nie­la Pas­to­ri Ins­ta­gram: @danny.pas­to­ri

Lle­gar a ‘One Happy Is­land’ es sen­tir el Ca­ri­be, es sen­tir emo­ción. A mi arri­bo, tras diez ho­ras de via­je en­tre vue­los y co­ne­xio­nes, el ae­ro­puer­to In­ter­na­cio­nal Rei­na Bea­trix de Aru­ba me re­ci­bió con mú­si­ca steel­band que en­se­gui­da me hi­zo en­trar en am­bien- te y pen­sar: “¡Ya es­toy en Aru­ba. Es­to es Aru­ba!”.

Y an­te las mu­chas ca­ras de con­fu­sión de los tu­ris­tas, los aru­bia­nos pre­gun­tan: ¿spa­nish?, ¿en­glish? pa­ra ayu­dar­los a lle­gar a su des­tino. Es nor­mal que por los pa­si­llos de la rei­na se pa­seen eu­ro­peos, la­ti­nos y es­ta­dou­ni­den­ses. Pa­ra ellos, los aru­bia­nos, es sen­ci­lla la co­mu­ni­ca­ción con cual­quie­ra de los tu­ris­tas, por­que su len­gua ma­ter­na es el pa­pia­men­to: in­glés, es­pa­ñol, ho­lan­dés y fran­cés.

En la is­la hay pun­tos co­mer­cia­les, co­mo al­gu­nos res­tau­ran­tes, don­de so­lo ma­ne­jan el ho­lan­dés. Aun­que no son ma­yo­ría, más va­le te­ner pre­pa­ra­do un tra­duc­tor o al me­nos ir con un co­no­ci­mien­to en di­cho idio­ma.

Ma­chi­ka la can­ción de J. Bal­vin, Jeon y Anit­ta, que por cier­to tie­ne un mu­ral he­cho a ba­se de pin­tu­ra en ae­ro­sol en las ca­lles de San Ni­co­lás, es uno de los tan­tos la­zos que unen a Co­lom­bia y Aru­ba. Sin em­bar­go, si en la is­la fe­liz es­cu­cha­mos con de­ta­lle se oyen acen­tos pai­sas, bo­go­ta­nos e in­clu­so ba­rran­qui­lle­ros, co­mo el de An­der­son Flores, quien vi­vía en el ba­rrio Re­bo­lo de Ba­rran­qui­lla ha­ce sie­te años.

En su es­tan­cia en la Are­no­sa, An­der­son tra­ba­ja­ba en el nor­te de la ciu­dad y aho­ra pres­ta ser­vi­cio pa­ra Pa­pia­men­tos res­tau­rant, uno de los res­tau­ran­tes de lu­jo de Aru­ba que cuen­ta con una in­fra­es­truc­tu­ra de más de 170 años.

A lo que va­mos y so­bre lo que mu­chos quie­ren sa­ber: las pla­yas. Una de las más em­ble­má­ti­cas de Aru­ba es Baby Beach, al su­r­es­te de la is­la en Se­roe Colorado, es lla­ma­da de esa for­ma por su agua po­co pro­fun­da. Lo cu­rio­so de es­ta es que es­tá ro­dea­da con una ex­ten­sión de are­na, si­mi­lar a una me­dia lu­na y la cual se abre ha­cia el mar.

Otra de las pla­yas icó­ni­cas, no so­lo en Aru­ba sino en el Ca­ri­be, es Ea­gle Beach, la cual es re­co­no­ci­da por te­ner una de las ma­yo­res ex­ten­sio­nes y por­que es allí don­de ha­bi­tan los ár­bo­les fo­fo­ti.

Dos da­tos: uno la are­na de la is­la fe­liz no es ca­lien­te, por lo que se pue­de pa­sear por las ori­llas de las pla­yas sin san­da­lias. Dos, un pa­seo en ca­ta­ma­rán siem­pre val­drá la pe­na.

Pe­ro más allá de las pla­yas, es­ta tie­rra so­ña­da ofre­ce tam­bién tu­ris­mo de aven­tu­ra. En la zo­na nor­te de la is­la hay formaciones de ro­cas vol­cá­ni­cas, corales y are­na co­lor ocre. En es­ta ex­ten­sión de tie­rra se pue­de prac­ti­car bi­ci­crós, montañismo y ha­cer re­co­rri­dos en buggy.

Aho­ra bien, en cuan­to a la gas­tro­no­mía es co­mún que en los res­tau­ran­tes en­tre­guen dos car­tas (to­das en in­glés, por cier­to): una de vi­nos y coc­te­les, otra de en­tra­das y pla­tos fuer­tes, pe­ro en oc­tu­bre en­tre­gan una ter­ce­ra: Eat Lo­cal. Es­ta úl­ti­ma ha­cer par­te del fes­ti­val gas­tro­nó­mi­co del país don­de 60 res­tau­ran­tes ofre­cen los pla­tos tí­pi­cos de la is­la por un pre­cio es­tán­dar de USD40.

Un buen lu­gar pa­ra co­mer y a la vez en­tre­te­ner­se es Qué Pa­sa? Res­tau­rant, art ga­llery & bar, por­que no so­lo sir­ven bue­na co­mi­da y piña co­la­da, sino que ade­más tie­ne una ga­le­ría de ar­te. En es­te lu­gar los co­men­sa­les se pue­den le­van­tar de sus asien­tos con to­tal li­ber­tad y ob­ser­var las di­fe­ren­tes pie­zas de ar­te que re­po­san en el lu­gar y, si es­tán a la ven­ta, las pue­den com­prar.

CO­LOM­BIA EN ARU­BA. En las ca­lles, ca­sas y co­mer­cios de San Ni­co­lás, la se­gun­da ciu­dad más gran­de de Aru­ba, fue ce­le­bra­da la Fe­ria de Ar­te don­de fue­ron ela­bo­ra­dos mu­ra­les con pin­tu­ra en ae­ro­sol por más de 29 ar­tis­tas en el mun­do, en­tre ellos dos co­lom­bia­nos.

Uno de ellos es el ar­tis­ta ca­lle­je­ro Gua­che, quien se en­car­gó de plas­mar al Rey y la rei­na del Ca­ri­be en el 2016 Y el otro muralista es Li­na Arias quien pin­tó en 2017 a la Mu­jer Azul.

EL ALOE CO­MO FUEN­TE ECO­NÓ­MI­CA. Una pa­ra­da obli­ga­da en la is­la es la plan­ta­ción de las 140 hec­tá­reas de aloe ve­ra. Aun­que es­ta plan­ta no es tí­pi­ca de la is­la fue uno de los mo­to­res eco­nó­mi­cos de Aru­ba, in­clu­so for­ma par­te del di­se­ño del es­cu­do na­cio­nal y, ade­más, hay aru­bia­nos que la in­clu­yen en el di­se­ño de la fa­cha­da de su ca­sa bo­ca aba­jo pa­ra ale­jar el mal de ojo.

Aru­ba Aloe, es la em­pre­sa fa­mi­liar en­car­ga­da del cul­ti­vo y la cual pro­du­ce pro­duc­tos cor­po­ra­les de­ri­va­dos de la plan­ta. GC

UN DE­TA­LLE COLOMBIANO...

“La can­ción Ma­chi­ka tie­ne un mu­ral en las ca­lles de San Ni­co­lás he­cho a ba­se de pin­tu­ra en ae­ro­sol ”.

SO­BRE LAS PLA­YAS

“La are­na de la is­la fe­liz no es ca­lien­te, por lo que se pue­de pa­sear por las ori­llas de las pla­yas sin san­da­lias”.

Ca­mino a la pla­ya Baby Beach se apre­cía des­de el pun­to más al­to la vis­ta com­ple­ta ha­cia el mar.

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