CA­RO­LI­NA SABINO

LOS DOS UNI­VER­SOS DE

La O (Cúcuta) - - En Privado -

En el 2006, mien­tras gra­ba­ba la no­ve­la ‘Mer­li­na’, una his­to­ria de amor que se cen­tró en la as­tro­lo­gía, Ca­ro­li­na Sabino se em­pe­zó a in­tere­sar en los sig­nos zo­dia­ca­les y en có­mo in­ci­de la ali­nea­ción de los pla­ne­tas en el mo­men­to de nues­tro na­ci­mien­to.

Ca­ro­li­na es leo y se sien­te co­mo una ver­da­de­ra mu­jer de fue­go: ab­so­lu­ta­men­te im­pla­ca­ble, con es­pí­ri­tu de lí­der y bu­lli­cio­sa. Ella le aña­de pi­can­te: “soy gri­to­na, mal ha­bla­da, fies­te­ra, cos­te­ña y una mu­jer que siem­pre quie­re es­tar en la ju­ga­da”.

En es­tos jue­gos de la vi­da no siem­pre ha ga­na­do. En su vi­da ha te­ni­do que en­fren­tar dos es­cán­da­los. El pri­me­ro, aquel ac­ci­den­te de trán­si­to, en 1998, en el que co­li­sio­nó con otro vehícu­lo y cu­yo con­duc­tor que­dó in­vá­li­do.y el más re­cien­te, in­ves­ti­ga­ción pe­nal que se con­tra de ella en el 2015, por ha­ber­se so­me­ti­do a un abor­to, que fi­nal­men­te fue ar­chi­va­da por fal­ta de prue­bas.

Se­gún Ca­ro­li­na, su vi­da siem­pre ha es­ta­do al lí­mi­te y con los años lo ha po­di­do tra­du­cir en apren­di­za­je y en mo­ti­vo pa­ra su­pe­rar­se día a día.

Hoy la cal­ma la acom­pa­ña. En Ecua­dor, país en el que re­si­de des­de ha­ce 3 años, ha­lló la ca­li­dad de vi­da que desea­ba. “Soy más ama de ca­sa que pro­fe­sio­nal y lo dis­fru­to. Me gus­ta aten­der a mis hi­jos y a mi ma­ri­do, pre­pa­rar la co­mi­da y te­ner tiem­po de ca­li­dad con ellos”, ase­gu­ra la ac­triz y cantante.

Pe­ro con es­to no quie­re de­cir que ha des­cui­da­do su ca­rre­ra. Hi­zo lo­cu­ción por un año en Qui­to, ha ac­tua­do en dos mu­si­ca­les y dos obras de tea­tro. Tam­bién fue coach de Mar­ta Sán­chez en La Voz Ecua­dor y ac­tual­men­te es­tá de gi­ra en Co­lom­bia con el es­pec­tácu­lo ‘Plan­chan­do el des­pe­cho’.

A sus cua­ren­ta años se sien­te ple­na. Sus hi­jos To­más y Benjamín son su prin­ci­pal mo­ti­vo pa­ra son­reír. Am­bos se lle­van una di­fe­ren­cia de 17 años, por lo que Ca­ro­li­na prác­ti­ca­men­te se es­tre­nó de nue­vo co­mo ma­má cuan­do tu­vo a Benjamín en sus bra­zos, en el 2016.

El ni­ño na­ció ba­jo el mis­mo signo de Ca­ro­li­na y con tono hu­mo­rís­ti­co ase­gu­ra que con él va a pa­gar to­do lo que “he jo­di­do a mi ma­má to­dos es­tos años”. Pe­ro eso no le preo­cu­pa, por­que tie­ne co­mo ta­lis­mán que en la vi­da to­do flu­ye y que hay que ir con la me­jor ener­gía.

Ha­ce unos días can­tó en Cú­cu­ta con otras es­tre­llas de la mú­si­ca co­mo Mar­be­lle, Yo­lan­da Ra­yo y Lau­ra Ma­yo­lo y con­ce­dió unos mi­nu­tos a la re­vis­ta La Ó pa­ra ha­blar de su vi­da, su fa­ce­ta co­mo ma­dre y es­po­sa, la mú­si­ca y la ac­tua­ción.

Des­de ha­ce 3 años vi­ve en Ecua­dor ¿có­mo es su vi­da allá?

De­li­cio­sa. Ten­go mu­cha ca­li­dad de vi­da allá. Vi­vo tran­qui­la, vien­do a mis hi­jos le­van­tar­se tran­qui­los. No ten­go las an­gus­tias que de­sa­for­tu­na­da­men­te nos plan­tea nues­tro país.

¿Cuá­les son esas an­gus­tias?

He vis­to a mi país des­de afue­ra y me he re­co­no­ci­do co­mo mu­jer fe­liz sin el trá­fi­co de Bo­go­tá, sin la an­gus­tia de la pla­ta, del tra­ba­jo y de los mal lla­ma­do com­pa­ñe­ros que ha­cen co­sas pa­ra pa­sar­te por en­ci­ma. Allá ten­go tran­qui­li­dad y eso no lo cam­bia­ría.

¿Qué des­cu­brió al ser ma­má de nue­vo lue­go de 17 años?

Que no me acor­da­ba de na­da, me di cuen­ta que no sa­bía na­da, que ese cuen­to de las ma­más de que to­do es igual si tie­nes 2,3 o 4, es fal­so de to­da fal­se­dad y me ba­so en mi ar­gu­men­to es que mis hi­jos son dos uni­ver­sos dis­tin­tos.

¿Có­mo son esos uni­ver­sos?

To­más (el ma­yor) es sa­gi­ta­riano. Es un hom­bre sen­si­ble, cal­ma­do, muy mu­si­cal. Ma­ra­vi­llo­so es­tu­dian­te, gran de­por­tis­ta, pi­lo, bue­na on­da, di­ver­ti­do, buen bai­la­rín. Se an­gus­tia cuan­do no an­da bien en el co­le­gio. El te­ma del fra­ca­so es su pun­to de rom­pi­mien­to

Benjamín, por su par­te, lo veo y me sor­pren­do to­dos los días. Es un vo­la­dor, ha­bla un mon­tón. Se ha­ce sen­tir en to­do, quie­re ver to­do. La tec­no­lo­gía es el dul­ce de su vi­da. To­do el tiem­po quie­re el ce­lu­lar, bus­ca las can­cio­nes que le gus­ta.

¿La ha to­ma­do to­tal­men­te por sor­pre­sa?

Benjamín es otro mun­do, me co­gió no co­mo sor­pre­sa, sino co­mo des­orien­ta­da. Ten­go la pi­la pe­ro a ve­ces no sé có­mo ac­tuar. No pue­do creer que es­te pe­que­ño ser sea un maes­tro tan evo­lu­cio­na­do.

¿Pien­sa am­pliar la fa­mi­lia?

No. La fá­bri­ca es­tá ce­rra­da por ob­vias ra­zo­nes. Ya ten­go 40 años, mu­chos pro­yec­tos y la me de­bo a la crian­za de Benjamín y ter­mi­nar de criar a To­más. Cuan­do to­ma­mos la de­ci­sión de bus­car a Benjamín me aque­ja­ba una an­gus­tia fuer­te de có­mo es­tá el pla­ne­ta, pe­ro uno se en­cuen­tra gen­te lin­da que te di­ce: ¿qué tal que sea él que trai­ga el cam­bio po­si­ti­vo en es­te pla­ne­ta? Y bueno, aquí es­ta­mos (ri­sas).

¿Le pe­san los 40 años?

No me pe­san na­da, más que los gor­di­tos que sa­len por ahí y no se qui­tan. Y ni me im­por­tan. Mi vi­da siem­pre ha si­do al lí­mi­te, pe­ro vol­teo a mi­rar ha­cia atrás y di­go que to­do ha va­li­do la pe­na.

¿Có­mo se sien­te a es­ta edad?

Mi­do me­tro y me­dio pe­ro me sien­to co­mo de dos y pi­co por­que me sien­to gran­de, fuer­te y sa­na, más allá de mi edad. Me sien­to muy ma­dre de mis hi­jos, muy es­po­sa de mi ma­ri­do y muy ami­ga de mis ami­gos y muy pro­fe­sio­nal. ¡Que ven­gan 40 años!

¿Ha­ce 20 años co­mo veía los 40?

Los veía le­jí­si­mos, por­que uno a los 20 años el mun­do es chi­qui­to pa­ra uno y cree que uno pue­de con to­do, pe­ro a los 40 uno en­tien­de que sí pue­des con to­do, pe­ro que pa­ra eso ha te­ni­do que atra­ve­sar una can­ti­dad de ca­mi­nos y apren­der una can­ti­dad de co­sas.

¿Có­mo des­cri­bi­ría su es­ti­lo?

Bas­tan­te fe­me­nino y re­la­ja­do, den­tro de una on­da muy mía. Me gus­tan mis ta­tua­jes, mis vai­nas, cam­biar­me el pe­lo.

¿Se ha sen­ti­do se­ña­la­da por sus tren­zas y ta­tua­jes?

La gen­te pue­de de­cir mi­sa pe­ro yo les di­go que qué tie­ne que ver la edad con son las ga­nas y el es­pí­ri­tu. El co­lor es­tá per­mi­ti­do en la vi­da por siem­pre. A ve­ces pien­so que la gen­te qui­sie­ra ha­cer­lo, por eso cri­ti­ca.

¿Pa­ra us­ted qué sig­ni­fi­can los ta­tua­jes?

Los ta­tua­jes siem­pre me han pa­re­ci­do po­de­ro­sos. Gra­bar en la piel ese mo­men­to, ese via­je o ese al­guien que ha mar­ca­do tu vi­da es muy sig­ni­fi­ca­ti­vo. Lle­var las co­sas con­ti­go es te­ner tu ca­mino muy bien tra­za­do, de no ol­vi­dar­te de dón­de vie­nes y pa’ don­de vas.

¿Cuál fue el úl­ti­mo que se hi­zo?

Los nom­bres de mis hi­jos y mi es­po­so (Ma­rio) en el bra­zo de­re­cho. En el cen­tro for­man la pa­la­bra amar.

¿Cuál es su lí­mi­te co­mo mu­jer?

Me pongo lí­mi­tes cuan­do sé que pue­do trans­gre­dir la esen­cia de otro ser hu­mano, fal­tar­le a mi leal­tad. No me ex­ce­do en vi­cios. Soy fu­ma­do­ra, me gus­ta el tra­go y la fies­ta, pe­ro to­do con me­su­ra. Me em­bo­rra­cho una vez al año y lo ha­go en la ca­sa con mi es­po­so, don­de no me vea na­die.

Ha­blan­do de la mú­si­ca, ¿có­mo ha si­do can­tar­le al des­pe­cho con otras tres ar­tis­tas co­mo Lau­ra Ma­yo­lo, Yo­lan­da Ra­yo y Mar­be­lle?

Ex­ce­len­te. Mar­be­lle es la rei­na de la tec­no­ca­rri­le­ra y de la ran­che­ra. No le tie­ne mie­do a na­da. Es fren­te­ra con su vi­da. Yo­lan­da es una de las vo­ces más po­ten­tes de es­te país, es una be­rra­ca y Lau­ra ha con­se­gui­do a pul­so su re­co­no­ci­mien­to. Es muy ta­len­to­sa.

¿Có­mo vi­ve us­ted el des­pe­cho?

Yo ya no su­fro de eso (ri­sas) Ten­go a mi ma­ri­do que es pa’ to­da la vi­da -el em­pre­sa­rio chi­leno Ma­rio Bert-. La ver­dad es­toy muy fe­liz.

Ha vi­vi­do mo­men­tos crí­ti­cos en su vi­da ¿se con­si­de­ra re­si­lien­te?

Si. Sien­to que esa fra­se no es en vano. Creo que Dios le en­vía las peo­res gue­rras a los me­jo­res gue­rre­ros. Y creo que soy una de las bue­nas.

¿Vol­ve­rá a gra­bar un dis­co?

Sa­bes que al­gún tiem­po co­no­cien­do los nue­vos es­tu­dios de Gai­ra, en Bo­go­tá, Car­los Vi­ves me di­jo: “tú tie­nes que vol­ver a can­tar, tie­nes que vol­ver a gra­bar”. Y yo le res­pon­dí: “Car­los, yo ten­go 40 años, ima­gí­na­te”. Él me con­tes­tó: “Yo ya pa­sé los 50 y vol­ví a em­pe­zar”. Así que sí, eso es­tá en pla­nes.

¿Hay al­gún avan­ce?

Si. Ya gra­bé una can­ción que se es­tre­na­rá en el mar­co de una em­pre­sa muy gran­de en el mun­do. Esa can­ción es la res­pues­ta a eso que me pre­gun­tas so­bre la re­si­lien­cia. Es con­tar­le a la gen­te que es­toy lis­ta, que me sien­to co­mo un ave Fé­nix, que si me tum­ban me pue­do pa­rar otra vez, es un men­sa­je. Es una can­ción tro­pi­ca­li­ta que in­vi­ta a vi­vir.

“Creo que Dios le en­vía las peo­res gue­rras a los me­jo­res gue­rre­ros. Y creo que soy una de las bue­nas”.

To­más

Benjamín

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