Lec­cio­nes de tan­go

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Uno (Un tan­go fun­da­men­tal, com­pues­to en 1943 con le­tra de En­ri­que San­tos Dis­cé­po­lo y mú­si­ca de Ma­riano Mo­res. Y no só­lo es lí­ri­co y mu­si­cal: es una lec­ción de vi­da). Uno bus­ca lleno de es­pe­ran­zas el ca­mino que los sue­ños pro­me­tie­ron a sus an­sias. Sa­be que la lu­cha es cruel y es mu­cha, pe­ro lu­cha y se de­san­gra por la fe que lo em­pe­ci­na. Uno va arras­trán­do­se en­tre es­pi­nas, y en su afán de dar su amor su­fre y se des­tro­za, has­ta en­ten­der que uno se ha que­dao sin co­ra­zón. Pre­cio de cas­ti­go que uno en­tre­ga por un be­so que no lle­ga o un amor que lo en­ga­ñó; va­cío ya de amar y de llo­rar tan­ta trai­ción... Si yo tu­vie­ra el co­ra­zón, el co­ra­zón que di; si yo pu­die­ra, co­mo ayer, que­rer sin pre­sen­tir... Es po­si­ble que a tus ojos, que hoy me gri­tan su ca­ri­ño, los ce­rra­ra con mis be­sos sin pen­sar que eran co­mo esos otros ojos, los per­ver­sos, los que hun­die­ron mi vi­vir... Si yo tu­vie­ra el co­ra­zón, el mis­mo que per­dí; si ol­vi­da­ra a la que ayer lo des­tro­zó y pu­die­ra amar­te... Me abra­za­ría a tu ilu­sión pa­ra llo­rar tu amor... Pe­ro Dios te tra­jo a mi des­tino sin pen­sar que ya es muy tar­de y no sa­bré cómo que­rer­te. Dé­ja­me que llo­re co­mo aquél que su­fre en vi­da la tor­tu­ra de llo­rar su pro­pia muer­te. Pu­ra co­mo sos, ha­brías sal­va­do mi es­pe­ran­za con tu amor. Uno es­tá tan so­lo en su do­lor... Uno es­tá tan cie­go en su pe­nar... Pe­ro un frío cruel, que es peor que el odio, pun­to muer­to de las al­mas, tum­ba ho­rren­da de mi amor, mal­di­jo pa­ra siem­pre y se ro­bó to­da ilu­sión. Ca­mi­ni­to «Ca­mi­ni­to» es otro tan­go ma­ra­vi­llo­so, de 1926, com­pues­to por los ar­gen­ti­nos Juan de Dios Fi­li­ber­to (mú­si­ca) y Ga­bino Co­ria Pe­ña­lo­za (le­tra). Des­cri­be un an­ti­guo sen­de­ro ru­ral, el Ca­mi­ni­to de Ol­ta, que con­du­cía a Lo­ma Blan­ca. Ca­mi­ni­to que el tiem­po ha bo­rra­do Que jun­tos un día nos vis­te pa­sar He ve­ni­do por úl­ti­ma vez He ve­ni­do a con­tar­te mi mal. Ca­mi­ni­to que en­ton­ces es­ta­bas Bor­dea­do de tré­bol y jun­cos en flor Una som­bra ya pron­to se­rás Una som­bra lo mis­mo que yo. Des­de que se fue Tris­te vi­vo yo Ca­mi­ni­to ami­go Yo tam­bién me voy. Des­de que se fue Nun­ca más vol­vió Se­gui­ré sus pa­sos Ca­mi­ni­to, adiós. Ca­mi­ni­to abier­to de car­dos La mano del tiem­po tu hue­lla bo­rró Y a tu la­do qui­sie­ra caer Y que el tiem­po nos ma­te a los dos. Des­de que se fue Tris­te vi­vo yo Ca­mi­ni­to ami­go Yo tam­bién me voy. Des­de que se fue Nun­ca más vol­vió Se­gui­ré sus pa­sos Ca­mi­ni­to, adiós.

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