El mun­do por den­tro

So­ne­tos de Car­los Cas­tro Saa­ve­dra

La Opinión - Imágenes - - Poesía -

Car­los Cas­tro Saa­ve­dra na­ció en Me­de­llín, el 11 de agos­to de 1924. De él di­ce Jo­sé Luis Díaz-Gra­na­dos: Es el poe­ta del amor y de la paz. De­di­có su plu­ma a can­tar y con­tar los do­lo­res de su pue­blo, pe­ro tam­bién a re­crear el amor, a exal­tar las co­sas sen­ci­llas y a bus­car por todos los ca­mi­nos po­si­bles la tan an­he­la­da paz que su pa­tria, Co­lom­bia, ne­ce­si­ta. (De­ca­na­tu­ra Cul­tu­ral de la Uni­ver­si­dad Ex­ter­na­do de Co­lom­bia) SONETO DEL AMOR ELE­MEN­TAL

Te quie­ro así, mu­jer: sen­ci­lla­men­te, co­mo quie­re el pas­tor a sus ove­jas, el ca­mi­nan­te a las en­ci­nas vie­jas y el río ma­nan­tial a su co­rrien­te. Te amo co­mo las ca­sas a la gen­te, co­mo la ma­dre­sel­va a las abe­jas, y los ojos dor­mi­dos a las ce­jas que vue­lan en el cie­lo de la fren­te. Voy a tu co­ra­zón co­mo las olas a los bu­ques car­ga­dos de ama­po­las y de ma­de­ras cla­ras y sen­ci­llas. Doy con tu be­so al fin, con tu ter­nu­ra, co­mo el río con to­da la lla­nu­ra y la sed con el agua sin ori­llas.

EL MUN­DO POR DEN­TRO

Sien­to co­rrer los ríos por mis ve­nas y cre­cer las es­tre­llas en mi fren­te. Sien­to que soy el mun­do y que la gen­te ha­bi­ta mis pul­mo­nes y col­me­nas. De flo­res ten­go las en­tra­ñas lle­nas y de pe­ces la san­gre, la co­rrien­te que cau­da­lo­sa y per­ma­nen­te­men­te inun­da mis can­cio­nes y mis pe­nas. Lle­vo por den­tro el fue­go que por fue­ra do­ra los pa­nes, se­ca la ma­de­ra y pro­du­ce el in­cen­dio del ve­rano. Las aves ha­cen ni­dos en mi pe­lo, cre­ce hier­ba en mi piel, co­mo en el sue­lo, y ga­lo­pan ca­ba­llos en mi mano.

AMIS­TAD

Amis­tad es lo mis­mo que una mano que en otra mano apo­ya su fa­ti­ga y sien­te que el can­san­cio se mi­ti­ga y el ca­mino se vuelve más hu­mano. El ami­go sin­ce­ro es el her­mano cla­ro y ele­men­tal co­mo la es­pi­ga, co­mo el pan, co­mo el sol, co­mo la hor­mi­ga que con­fun­de la miel con el ve­rano. Grande ri­que­za, dul­ce com­pa­ñía es la del ser que lle­ga con el día y acla­ra nues­tras no­ches in­te­rio­res. Fuen­te de con­vi­ven­cia, de ter­nu­ra, es la amis­tad que cre­ce y se ma­du­ra en me­dio de ale­grías y do­lo­res.

AMOR

Un de­seo cons­tan­te de ale­gría, Una ur­gen­cia pe­ren­ne de la­men­to Y el co­ra­zón, cam­pa­ña so­bre el vien­to Es­tre­nan­do ba­da­jos de ale­gría. Mo­rir mil ve­ces en un so­lo día Y otras tan­tas que­mar el pen­sa­mien­to En la re­su­rrec­ción, que es el tor­men­to De pen­sar en la pró­xi­ma ago­nía. Ver en pu­pi­las de mu­jer un llan­to Y sor­pren­der­lo con­ver­ti­do en can­to Al so­ñar en un ni­ño que lo vier­te. Es­to es amor: can­de­la es­tre­me­ci­da Em­pu­jan­do la no­che de la vi­da Ha­cia la ma­dru­ga­da de la muer­te.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Colombia

© PressReader. All rights reserved.