Em­pren­der es más du­ro que co­rrer

La Opinión - - Empresas - JORGE ANDRÉS RÍOS TANGUA jorge.rios@lao­pi­nion.com.co

Uno dos, uno dos; bom, bom, bom; piernas y co­ra­zón tra­ba­jan ca­si que al uní­sono. El cuer­po lle­ga has­ta don­de las piernas aguan­tan y la men­te de­ja. No hay ayu­das me­cá­ni­cas, no hay na­da, el can­san­cio es lo úni­co que se in­ter­po­ne en­tre ella y la me­ta pro­pues­ta.

Tro­tar es una pa­sión. Hoy, el co­lor de su piel es un po­co más os­cu­ro por las lar­gas jor­na­das de sol y su cuer­po se ve tan du­ro co­mo una pie­dra. Su men­te es­tá igual, fuer­te, co­mo su voz.

Omai­ra Manrique Vargas es una de esas aman­tes del de­por­te que re­co­rre la ciu­dad con sus piernas co­mo mo­tor. Ha­ce tres años, de gua­pa, se le mi­dió al re­to de ha­cer 52 ki­ló­me­tros de re­co­rri­do, sen­tía que las piernas se le iban a caer. Le do­lía to­do, has­ta la men­te, por­que lo que man­da en es­te de­por­te, más que los múscu­los, es la for­ta­le­za men­tal. Cuan­do la ca­be­za di­ce no, las piernas tam­bién lo ha­cen.

“Uno em­pie­za con el do­lor en las piernas, en el cuá­dri­ceps. Pe­ro el mo­men­to crí­ti­co es cuan­do la men­te le di­ce a uno que no y ahí hay que ju­gar con ella”, di­jo, mien­tras des­pe­día a una de las clien­tes de su cen­tro de en­tre­na­mien­to que hoy fun­cio­na en un apar­ta­men­to que ade­cuó, pe­ro que es­tá pró­xi­mo a tras­la­dar.

A sus 41 años, es­ta ‘run­ning’ di­ce que es­tá pa­san­do por el me­jor mo­men­to de su vi­da. La ra­zón es una so­la. Por fin, des­pués de ca­si sie­te años de ex­pe­rien­cia, se atre­vió a to­mar la de­ci­sión de te­ner un ne­go­cio propio, sin so­cios, so­lo ella.

Pe­ro em­pren­der no es fá­cil, es igual o más des­gas­tan­te que co­rrer. Es una ta­rea con­tra la men­te, con­tra el cuer­po, con­tra las ad­ver­si­da­des. “No se pue­de fla­quear nun­ca a pe­sar de los obs­tácu­los que se pue­dan pre­sen­tar. Cuan­do uno sien­te que no se pue­de, que no lle­ga, que hay co­sas que van a im­pe­dir cru­zar la me­ta, hay que de­mos­trar­se que sí se pue­de”.

Su ca­rre­ra co­mo em­pren­de­do­ra em­pe­zó ca­si al mis­mo tiem­po que su eta­pa co­mo atle­ta. En el 2011, lue­go de tres años de ex­pe­rien­cia en el Body­tech, es­ta fi­sio­te­ra­peu­ta de la Uni­ver­si­dad In­dus­trial de San­tan­der (Udes), sec­cio­nal Cú­cu­ta, es­ta­ba se­gu­ra que lo su­yo era el en­tre­na­mien­to de­por­ti­vo. No se veía aten­dien­do pa­cien­tes en una clí­ni­ca, por­que es­tá con­ven­ci­da que los pro­fe­sio­na­les de su rama de­ben bus­car otras al­ter­na­ti­vas, otros cam­pos de ac­ción.

Sa­lió de ahí y con una com­pa­ñe­ra que pa­só a ser su so­cia, mon­ta­ron su ne­go­cio pa­ra ha­cer de­por­te. Tres años des­pués la so­cie­dad se aca­bó por una de esas ra­zo­nes co­mu­nes que se mue­ren las so­cie­da­des: las dos te­nían ob­je­ti­vos di­fe­ren­tes. Manrique que­ría se­guir con el ejer­ci­cio fun­cio­nal y la so­cia le apun­ta­ba más al cross­fit.

En ese mo­men­to, ya la idea de ne­go­cio es­ta­ba cam­bian­do. En la ca­lle, co­rrien­do, ha­bía co­no­ci­do otros co­rre­do­res que te­nían unos re­que­ri­mien­tos es­pe­cí­fi­cos y ella sa­bía que te­nía los co­no­ci­mien­tos pa­ra dar­les lo que ellos ne­ce­si­ta­ban. Ahí, en esa par­te del ca­mino, lle­gó el otro so­cio, el mis­mo con el que la re­la­ción ter­mi­nó al co­men­zar es­te año y ese se con­vir­tió en el mo­men­to crí­ti­co de su ca­rre­ra co­mo em­pren­de­do­ra.

No sa­bía si po­dría so­la, si se­ría ca­paz de ha­cer ese re­co­rri­do sin ayu­da, pen­só que no po­día, co­mo cuan­do co­rrió los 52 ki­ló­me­tros. “En las so­cie­da­des me ha ido bien, pe­ro aho­ra pien­so que uno de­be me­dir­se so­lo pa­ra dar­se cuen­ta de que tan fuer­te se pue­de ser”, di­jo.

Hoy, sien­do un ejem­plo de em­pren­di­mien­to en su al­ma ma­ter, Manrique sa­be que le fal­tan mu­chos ki­ló­me­tros por re­co­rrer, pe­ro du­ran­te es­te tiem­po ha lo­gra­do con­so­li­dar un es­pa­cio de en­tre­na­mien­to en don­de sus prin­ci­pa­les clien­tes son co­rre­do­res.

Pe­ro, lo más im­por­tan­te, es que sa­lió de su zo­na de con­fort, mi­ró fue­ra de la ca­ja y apren­dió, co­mo ella mis­ma lo re­co­no­ce “que a ca­da pro­ble­ma hay una so­lu­ción y ca­da so­lu­ción es un ne­go­cio”. En su en­tre­na­mien­to sa­be que le fal­tan al­gu­nas co­sas, una de ellas es to­mar de­ci­sio­nes más rá­pi­da­men­te, sin du­dar­lo tan­to, por­que las ca­rre­ras se pier­den en un se­gun­do.

Es lo má­xi­mo ha­ber­me que­da­do so­la, acep­tar ese re­to fue lo me­jor” Omai­ra Manrique Sán­chez, em­pren­de­do­ra y de­por­tis­ta.

EN EL CEN­TRO DE EN­TRE­NA­MIEN­TO le da un va­lor agre­ga­do a su pro­fe­sión co­mo fi­sio­te­ra­peu­ta.

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