Reuni­dos en la Ca­sa Var­gas

Latitud - - News - Por Ra­món Illán Bac­ca

El pa­sa­do fin de se­ma­na, con el apo­yo de va­rias or­ga­ni­za­cio­nes, trans­cu­rrió el Fes­ti­val del Li­bro y la Ima­gen, en la an­ti­gua Ca­sa Var­gas.

En el ho­me­na­je a Ra­món Vin­yes, el Sa­bio Ca­ta­lán, vol­ví a in­sis­tir en la ne­ce­si­dad de mon­tar Arran del Ca­ri­be, la úni­ca obra de tea­tro que se desa­rro­lla en la cos­ta co­lom­bia­na, en La Gua­ji­ra, pa­ra ser más exac­tos. Vin­yes es­cri­bió al­re­de­dor de se­sen­ta obras de tea­tro, to­das en ca­ta­lán. Nun­ca se pre­sen­tó nin­gu­na de ellas en Ba­rran­qui­lla. Lo­gré que Da­río Ja­ra­mi­llo, en ese mo­men­to en la ofi­ci­na cultural del Ban­co de la Re­pú­bli­ca, con­tra­ta­ra a una tra­duc­to­ra pa­ra te­ner esa obra en cas­te­llano. Han pa­sa­do mu­chos años y ha si­do im­po­si­ble mon­tar­la. Si se lo­gra se­ría un es­treno mun­dial de una obra de Vin­yes en cas­te­llano (to­das sus obras se han pre­sen­ta­do en el ori­gi­nal ca­ta­lán). Ve­ría­mos por pri­me­ra vez tea­tro de Vin­yes en Co­lom­bia, y en el me­jor lu­gar pa­ra eso, Ba­rran­qui­lla.

Se me oyó con aten­ción, es­pe­ro cai­ga en te­rreno fér­til. Quie­ro de­cir, que al­gún gru­po tea­tral de los nues­tros se ani­me.

No oía del to­do bien y las bo­ci­nas en el cer­cano Pa­seo Bo­lí­var, el cu­chi­cheo de al­gu­nos de los oyen­tes y el rui­do de un mos­car­dón al caer con­tra el vi­drio de una ventana ha­cían que me dis­tra­je­ra con fa­ci­li­dad. No cap­té bien la dis­cu­sión cuan­do los jó­ve­nes es­cri­to­res ha­bla­ron de cuá­les eran sus cuen­tos pre­fe­ri­dos. Ca­si to­dos pre­fe­rían cuen­tis­tas la­ti­noa­me­ri­ca­nos. Al­guno men­cio­nó a H.P. Lo­ve­craft, pe­ro no su­pe a cuál cuen­to se re­fe­ría.

¿Cuá­les eran mis pre­fe­ri­dos?, me pre­gun­té. Sin du­da, “El prín­ci­pe fe­liz”, de Os­car Wil­de, un cuen­to que pe­día me le­ye­ran una y otra vez cuan­do es­tu­ve de ni­ño ope­ra­do de la vis­ta. Ado­les­cen­te, des­cu­brí “Una pa­sión en el de­sier­to”, de Ho­no­ra­to de Bal­zac. La pan­te­ra enamo­ra­da del le­gio­na­rio fran­cés en una cue­va del Saha­ra es una his­to­ria te­naz, co­mo se de­cía en los se­sen­ta.

Ya de ‘adul­to ma­yor’ o vie­jo, pa­ra de­cir­lo cor­to, “La puer­ta en el mu­ro”, de H.G. Wells, me im­pre­sio­nó. Esa puer­ta que tie­ne de­trás un edén, la ve­mos una y otra vez, se­gui­mos, te­ne­mos pri­sa, otra vez se­rá.

En la úl­ti­ma char­la del do­min­go, al cie­rre, es­tu­ve en la me­sa con el poe­ta Ál­va­ro Miranda y los mo­de­ra­do­res Fa­bián Buel­vas y Amíl­car Ca­ba­lle­ro. ¿Cuá­les son tus pri­me­ras in­fluen­cias li­te­ra­rias?, in­da­gó Buel­vas. A es­tas al­tu­ras re­cuer­do lo que de­bí ha­ber di­cho y no lo con­tes­ta­do.

Te­nía en mi mo­ce­dad un ami­go, Fa­dri­que, que te­nía pa­dres lec­to­res y una bue­na bi­blio­te­ca. Me pres­ta­ron no­ve­las de Mi­ka Wal­ta­ri, Pearl S. Buck, Lasz­lo Pas­suth, So­mer­set Maug­ham. Hoy to­dos muy ol­vi­da­dos. Aun­que si­go pen­san­do que leer Ser­vi­dum­bre hu­ma­na, de Maug­ham, es to­da­vía ma­ra­vi­llo­so. Hay va­rias pe­lí­cu­las ba­sa­das en esa no­ve­la. Fue des­pués y en mi año ru­ral que em­pe­cé a leer a los au­to­res la­ti­noa­me­ri­ca­nos. Com­pré con re­ti­cen­cia La ciu­dad y los pe­rros, de Ma­rio Var­gas Llo­sa, por­que Ju­lio Ro­ca, pe­rio­dis­ta del Dia­rio del Ca­ri­be, me lo re­co­men­dó. ¿Me ga­ran­ti­zas que es bueno?, le re­pe­tí va­rias ve­ces an­tes de com­prar el li­bro.

Pe­ro mis pri­me­ros es­cri­tos fue­ron en Pro­gre­so cam­pe­sino, un pe­rió­di­co del In­co­ra (Ins­ti­tu­to de Re­for­ma Agra­ria). Es­cri­bí so­bre los bú­fa­los de agua, los cultivos de ipe­ca­cua­na en Ma­na­tí, los dro­me­da­rios que se in­ten­ta­ban traer pa­ra La Gua­ji­ra. To­do ter­mi­nó cuan­do una car­ta de per­so­nal in­di­có que yo no te­nía ni “mo­ti­va­ción agrí­co­la, ni re­dac­ción sim­pli­fi­ca­da”.

Des­pués la pa­la­bra la to­mó el poe­ta Ál­va­ro Miranda. Nos re­la­tó có­mo es­cri­bió La son­ri­sa del cuer­vo en me­nos de una se­ma­na y se ga­nó el pre­mio del con­cur­so en Bue­nos Ai­res, y có­mo no pu­do co­brar el pre­mio.

Hoy por hoy es­ta no­ve­la es es­tu­dia­da en to­das las fa­cul­ta­des de le­tras del país y al­gu­nas del ex­te­rior. Y no crean el cuen­to de que pa­ra es­cri­bir se ne­ce­si­ta un 90% de trans­pi­ra­ción y 10% de ins­pi­ra­ción. Las mu­sas exis­ten, se ne­ce­si­ta que lle­guen, lo ju­ro.

Si se lo­gra el es­treno de ‘Arran del Ca­ri­be’, ve­ría­mos por pri­me­ra vez tea­tro de Vin­yes en Co­lom­bia, y en el me­jor lu­gar pa­ra eso, Ba­rran­qui­lla”.

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