Uvas y lec­tu­ras

Latitud - - News - Por Ra­món Illán Bac­ca

En­tre los pi­tos y cohe­tes que anun­cia­ban el año nue­vo y mien­tras co­mía las do­ce uvas ri­tua­les y tra­ta­ba en vano de com­po­ner las ga­fas da­ña­das, su­pe que la lec­tu­ra de los li­bros que apar­té de nues­tros es­cri­to­res ca­ri­bes se­ría más len­ta. Al­go que me pa­re­ce te­rri­ble es que na­die se ocu­pe de co­men­tar­los. Lo di­go con pro­pie­dad, pues yo lo he su­fri­do en al­gu­nas de mis obras.

Las no­ve­las El um­bral de fue­go, de Már­ce­les Da­con­te; Brújula de los de­seos, de Adria­na Ro­sas; Ar­me­ro, un lu­to per­ma­nen­te, de Luz García y Gro­tes­cas cria­tu­ras den­tro de ti, de Amaury Díaz, son bue­nas obras que aguar­dan un buen es­tu­dio so­bre ellas. A la ca­za del chi­co es­pan­ta­pá­ja­ros, de John Bet­ter, es­tá sien­do muy comentada, y La muer­te del obre­ro, de Paul Brito, es una de las obras can­di­da­ti­za­das a me­jor li­bro del año an­te­rior.

Cuan­do su­pe la no­ti­cia que Llu­via y otros cuen­tos, del au­tor in­glés So­mer­set Maug­ham ha­bía si­do re­edi­ta­do, mi co­ra­zón sal­tó de go­zo. Ten­go la edi­ción de 1944 con el se­llo de la li­bre­ría Mun­do y le pe­dí a un poe­ta ami­go me le­ye­ra el cuen­to del tí­tu­lo de nue­vo. Una obra maes­tra.

Es­te au­tor, muy fa­mo­so en al­gún mo­men­to, ha­bía caí­do en el ol­vi­do. “Soy un es­cri­tor de pri­me­ra en­tre los de se­gun­da”, fue una fra­se que él mis­mo di­jo pa­ra de­fi­nir­se. En sus años glo­rio­sos las edi­to­ria­les ven­die­ron muy bien sus no­ve­las y mu­chas de ellas fue­ron lle­va­das al ci­ne.

¿Y por qué ha­blo de él? Por­que en al­gún mo­men­to de la vi­da, la lec­tu­ra de un li­bro pue­de ser de­ci­si­va. En mi ju­ven­tud me leí Ser­vi­dum­bre Hu­ma­na. Las aven­tu­ras y des­ven­tu­ras del pro­ta­go­nis­ta y su sa­li­da al fi­nal me ani­ma­ron en un mo­men­to ne­gro. No pien­so re­leér­me­la, pues ya “no so­mos los mis­mos”. Des­pués he vis­to va­rias pe­lí­cu­las ba­sa­das en esa no­ve­la, la me­jor, me pa­re­ció, fue Cau­ti­vo del de­seo (1934) con Bet­te Da­vis, un film de ayer no más.

La nos­tal­gia del co­ro­nel, de Ra­fael Da­río Ji­mé­nez, leí­da y oí­da a ra­tos en es­tos úl­ti­mos días an­tes de la lle­ga­da de los Re­yes ma­gos, es una no­ve­la bio­grá­fi­ca so­bre el co­ro­nel Már­quez, el abue­lo de Ga­briel García Már­quez. Pro­por­cio­na bue­nos da­tos, y no tan­tos so­bre el nie­to sino so­bre el en­torno del co­ro­nel. Le­yén­do­la, con aten­ción y co­mo un vie­jo sa­ma­rio, me pa­re­ció es­tar oyen­do de nue­vo al­gu­nas con­ver­sa­cio­nes de vie­jos en el ca­me­llón, o en la so­bre­me­sa de al­gu­nas ca­sas, o en co­rri­llos de es­qui­na en San­ta Mar­ta. Al­gu­nos ca­pí­tu­los nos cuen­tan he­chos cier­tos de la his­to­ria me­nu­da y pi­ca­res­ca. Cuan­do el au­tor imi­ta a García Mar­quez no es tan bueno. El co­ro­nel era un zo­rro po­lí­ti­co y se acer­có al po­der lo­cal con fre­cuen­cia. Por eso en el li­bro se en­cuen­tran mu­chas his­to­rias que co­rrían por la ciu­dad de esos años, la ma­yo­ría de las ve­ces agran­dán­do­las o de­for­mán­do­las. Siem­pre me he pre­gun­ta­do so­bre los bi­lle­tes que se que­ma­ban bai­lan­do en las pa­rran­das, ¿ de qué de­no­mi­na­ción se­rían? Aun­que un pe­so en esa épo­ca era bas­tan­te. Re­cuer­do ha­ber oí­do a un nie­to del co­ro­nel, de ape­lli­do Val­de­blan­quez, to­car el se­rru­cho en la ca­sa de una ve­ci­na y pro­fe­so­ra de piano. Tam­bién un te­nor de ape­lli­do Mes­sié ( o al­go así) can­ta­ba “Ama­po­la” con una pro­fu­sión de ga­llos. Los nie­tos del ge­ne­ral cir­cu­lan a lo lar­go del li­bro. El con­tra­ban­do de bi­lle­tes fal­sos he­cho por al­gu­nos de los prohom­bres de en­ton­ces, fue una de las his­to­rias que oí mul­ti­tud de ve­ces y con mu­chas va­ria­cio­nes. El dato de que el co­ro­nel usa­ba li­qui - li­qui pa­ra las gran­des oca­sio­nes, que el ami­go con que ju­ga­ba aje­drez se sui­ci­dó y no qui­sie­ron dar­le se­pul­tu­ra re­li­gio­sa, o que al abue­lo le gus­ta­ban los ca­ra­me­los con fi­gu­ri­tas – de ahí su in­men­so ab­do­men– nos dan pis­tas so­bre la in­fluen­cia in­fan­til en los es­cri­tos de nues­tro No­bel en li­te­ra­tu­ra. Un li­bro de gra­ta lec­tu­ra, de la co­lec­ción Ze­nó­cra­te edi­to­res, y que hay que es­pe­rar ten­ga una me­jor dis­tri­bu­ción.

Siem­pre me he pre­gun­ta­do so­bre los bi­lle­tes que se que­ma­ban bai­lan­do en las pa­rran­das, ¿de qué de­no­mi­na­ción se­rían? Aun­que un pe­so en esa épo­ca era bas­tan­te”.

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